El anuncio del aval del FMI a la venta de sus divisas para contener la escalada del dólar durante la campaña electoral y el adiós a la banda de flotación trajo ayer un respiro y el tipo de cambio bajó 3,6%. Sin embargo, los analistas advierten que se trata de un arma de doble filo. Aunque no es garantía de estabilidad, como demostró la corrida de 2018, la vuelta al esquema cambiario de intervención discrecional le dará más libertad al Banco Central para enfrentar la dolarización de carteras. Al mismo tiempo, el financiamiento de la fuga de capitales con las reservas de la entidad minará los recursos previstos para el pago de los vencimientos de deuda en 2020, lo que además podría impactar en el riesgo país.

El BCRA anunció ayer, minutos antes de la apertura de la rueda, que a partir de ahora podrá vender reservas dentro de la banda (sin límite establecido) y, si la cotización rompe el techo de $51,45, intervendrá con hasta u$s250 millones por día (antes el límite era u$s150 millones), aunque podrá poner más en las jornadas de fuerte volatilidad. En concreto, se eliminó la zona de no intervención y, en modo campaña, el Fondo permitió que sus dólares se utilicen para financiar la fuga de divisas, algo que prohibía expresamente el acuerdo y el propio estatuto del organismo. El nuevo guiño desde Washington le permitirá al Gobierno enfocar todos sus cañones en sostener al dólar.

Así, la disparada de casi 10% que tuvo el dólar la semana pasada, en medio de una masiva salida de fondos extranjeros impulsada por las debilidades económicas y políticas locales, se llevó consigo un esquema cambiario implementado hace menos de siete meses y modificado más de seis veces.

“El nivel de reservas que tenía el Gobierno no se condecía con la inestabilidad cambiaria. No intervenía por una oposición del FMI a que su plata se use para financiar de acá a las elecciones la fuga de capitales de todos los grupos que quieren salir de la economía argentina y que cada vez que querían salir presionaban sobre el dólar. Ahora van a hacer fila para comprar los dólares del Fondo, en una remake del blindaje y del primer desembolso del stand by. El reflejo de la deuda que va a dejar este Gobierno es el incremento de los capitales fugados al exterior en las cuentas off-shore de los grupos económicos”, consideró el director del CESO, Andrés Asiain, en diálogo con este diario.

La primera reacción del mercado, una baja del dólar a $45,60, entusiasmó al Gobierno, que tiene como meta principal domar el tipo de cambio ante la certeza de que no habrá una recuperación económica que traccione votos a su favor en las presidenciales. Pero los especialistas consultados por BAE Negocios señalaron que aún no es tiempo de cantar victoria.

Si bien es cierto que Christine Lagarde le desató las manos al titular del Central, Guido Sandleris, que ya no tendrá como únicas herramientas la venta de dólar futuro y el manejo de la tasa de interés, la efectividad del nuevo esquema estará sujeta a cómo se utilicen las reservas. Mientras tanto, la volatilidad continuará.

Irina Moroni, economista jefe de la Fundación Capital, afirmó: “La tensión cambiaria seguirá presente, como todos los años de elecciones, así como la volatilidad. El anuncio influye en las expectativas de tipo de cambio, pudiendo traer cierta calma al mercado, pero llega tarde y dependerá de la habilidad de las autoridades para intervenir”.

En ese sentido, Asiain advirtió que “el tema es cómo van a actuar: si van a intervenir fuerte, si van a dar una orientación sobre cuál es el valor del dólar o si harán pequeñas intervenciones”. “Este régimen ya existió y no pudo evitar las devaluaciones; el Gobierno ganó una herramienta de intervención pero ahora la tiene que saber usar”, agregó.

Es que en 2018 el Central ya apeló a sus arcas para intentar detener la corrida. Pero las ventas en “pequeñas dosis” diarias y las reacciones tardías de los funcionarios salieron caras: desde el inicio de la crisis cambiaria, el año pasado se dilapidaron unos u$s25.000 millones en el financiamiento de la fuga de capitales y la divisa subió más de 100%. Ahora, uno de los principales riesgos es que la escena se repita y nos quedemos sin el pan y sin la torta. Es decir, que se pierdan más reservas internacionales y que el dólar vuelva a dispararse.

El otro gran peligro es que el nuevo esquema cambiario retroalimente los temores de los inversores especulativos sobre la capacidad de pago de los títulos de deuda que vencen el próximo año producto de la pérdida de reservas e impulse de nuevo al alza los indicadores de riesgo.

Federico Furiase, director de Eco Go, señaló que el anuncio “puede ayudar en el muy corto plazo pero, si la presión continúa, puede ser un arma de doble filo dado el límite de las reservas de libre disponibilidad en un contexto de cierre de los mercados”.

Hoy por hoy, el Central cuenta con alrededor de u$s70.000 millones en sus arcas, un nivel elevado. Sin embargo, las reservas líquidas disponibles son poco más de u$s20.000 millones, según datos de la consultora Economía y Regiones. El resto incluye dólares girados por el Fondo destinados a pagar deuda, el swap con China, encajes (es decir, dinero de los depositantes en bancos), entre otros componentes.

Por lo pronto, el Tesoro consumirá u$s9.600 millones de acá a diciembre mediante las subastas diarias de u$s60 millones, que seguirán en vigencia. Además, hasta fin de año vencen unos u$s10.000 millones en bonos, que ante la incertidumbre económica y política lejos están de tener una renovación garantizada. A eso habrá que restar las ventas del BCRA: por ejemplo, una intervención sostenida con u$s250 millones gastaría u$s5.000 millones en apenas 20 días hábiles.

“Va a quedar menos para pagar la deuda, eso es claro. Aunque lo que había de por sí no alcanzaba, esto complica los vencimientos más cortos (por ejemplo los de 2020, que tenían chances de ser pagados) si las reservas van a financiar toda la fuga de acá a octubre”, explicó Asiain.

Por lo pronto, ayer los mercados reaccionaron con cautela. “Los bonos registraron mejoras promedio del 0,5% en sus cotizaciones en dólares, con lo cual el riesgo país aflojó hasta los 940 puntos, aunque con una reacción moderada ya que utilizar reservas para intervenir deteriora el dinero disponible para atender los compromisos de deuda en caso de seguir cerrado el crédito voluntario externo”, señaló el economista Gustavo Ber.