Ante el evidente e irremediable fracaso del actual esquema económico, sobre el cual el consenso es tan amplio que incorpora, incluso, a buena parte de los integrantes (por ahora) de la alianza oficialista, vale la pena hacer una pausa para reflexionar sobre lo por venir.

Ello, con la responsabilidad de elaborar y proponer, para debatir en la arena pública, las posibles soluciones que contribuyan a revertir el daño que se le ha hecho a nuestra Patria y su pueblo.

Se trata de que el próximo gobierno encare las acciones para generar las condiciones endógenas necesarias para la búsqueda de un entorno de competitividad sistémica.

Así, la política económica, debe articular los instrumentos indispensables para lograr los objetivos simultáneos de crecimiento e inclusión social, garantizando el pleno empleo de los factores productivos.

Es necesario, como ya hemos señalado más de una vez, edificar un Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS) en nuestro país, que garantice:

- que las empresas obtengan adecuada rentabilidad,

- que el mercado de trabajo tienda al pleno empleo con salarios de alto poder adquisitivo y,

- que los sistemas de previsión y seguridad social sean suficientemente vigorosos.

Para ello, realizando una correcta apreciación de las condiciones de contexto, en el que se debilita el libre comercio y sus instituciones garantes, como la Organización Mundial del Comercio ( OMC), debe aprovecharse la oportunidad para que nuestro país ponga en valor sus vectores de competitividad que, tal como venimos señalando, se asocian con las rentas extraordinarias1 presentes en:

- la exploración-explotación de los combustibles fósiles, y

- la producción de algunos alimentos.

Respecto de estos últimos, sus precios justos y equitativos permitirán recomponer el poder adquisitivo de los ingresos populares, impactando favorablemente en el crecimiento del consumo privado2.

Habiéndonos explayado abundantemente sobre la relevancia de la provisión de energía para nuestras industrias a precios competitivos3, y más recientemente sobre una de las producciones emblemáticas, la de carne vacuna, nos referiremos a continuación a otro alimento básico para la mesa de nuestras familias: la leche.

La leche que tenemos

El 94% del total de la producción primaria de leche se localiza en las provincias de Córdoba (37%), Santa Fe (32%) y Buenos Aires (25%).

En referencia a la cantidad de tambos, en el año 2017 (última información oficial disponible), la mayor parte de los 11.326 establecimientos existentes en nuestro país se distribuían a lo largo de las provincias de Santa Fe (35,1%), Córdoba (30%), Buenos Aires (22,1%) y Entre Ríos (7,6%).

Ello significa que la producción para el abastecimiento de leche y sus derivados a los principales centros urbanos del país se ubica en la zona núcleo ampliada, en tanto el resto son pequeñas unidades que proveen localmente a usinas lácteas de áreas con baja densidad de población.

En cuanto a su industrialización, una multiplicidad de empresas de diferentes tamaños capta diariamente la producción tambera, casi 29 millones de litros por día4, aunque el 40% de la recepción se concentra en 6 grandes compañías.

Por otra parte, las exportaciones alcanzaron, en el año 2018, el 20,7% del total de leche procesada, por un monto de u$s1.008 millones, de los cuales el 53% corresponde a leche en polvo.

Este último producto constituye, a nivel internacional, un commodity, cuyo precio a principios de marzo era de aproximadamente U$S 3.200 por tonelada para la variedad entera, y de U$S 2.450 para la descremada.

Naturalmente, el precio de esta última es inferior, ya que el fabricante obtiene un subproducto adicional (la crema). Sin embargo, en el mercado argentino esta relación se invierte, brindando una rentabilidad "plus" a las industrias.

Adicionalmente, el suero que antes se descartaba (constituyendo uno de los principales factores de contaminación ambiental), actualmente es un valioso insumo para la actividad de los laboratorios (por ser rico en proteínas globulares hidrosolubles, lactosa, grasas y minerales), que lo convierten en una importante fuente de nutrientes para la salud humana y animal.

Las tensiones por resolver

Los tambos, en general, ofrecen un producto razonablemente estandarizado, a diferencia de los demandantes, que son industrias que abastecen principalmente al mercado doméstico, o bien están especializadas en productos exportables.

En consecuencia, cuando el precio internacional del commodity se incrementa, aumenta la capacidad de compra de estas últimas, dado que el mayor margen a realizar les permite ofrecer un mejor precio para hacerse con la producción tambera. Por su parte, las usinas que necesitan la leche fluida para elaborar productos requeridos por la demanda interna deben igualar ese precio para poder adquirir la materia prima.

Tal como lo reflejábamos recientemente en nuestro artículo referido al tema de la carne vacuna5, la consecuencia del proceso descripto es que el precio doméstico se expresa en el concepto de "paridad de exportación", lo cual significa que el eslabón de la cadena que ejecuta dicha comercialización6 es el que impone los precios de la materia prima.

Bajo dicha paridad, la inevitable consecuencia es lo que acontece: la demanda doméstica se satisface sólo al precio que fija la externa, lo que causó, en los últimos 3 años, la caída del consumo interno (-11%).

Una propuesta de buena leche

Siendo la leche, como la carne, un producto central que no puede faltar en la dieta de los argentinos, deben implementarse medidas de política económica que garanticen su presencia en la totalidad de nuestros hogares y, en simultáneo, no descuiden los incentivos que requieren los empresarios (tanto en la fase primaria como en la industrialización) para incrementar su producción.

Para ello, es necesario:

- diferenciar el precio internacional del doméstico, vía retenciones a la exportación, distribuyendo, posteriormente, a los integrantes del sector el montante de lo recaudado, privilegiando así el rol de esa imposición como desacople por sobre el recaudatorio; o bien

n implementar cupos de abastecimiento, donde las usinas garanticen el aprovisionamiento adecuado del mercado interno con precios justos y razonables, diferenciados de los de los productos más sofisticados, asegurando la ganancia de las compañías, entre el precio de adquisición del insumo y el del promedio ponderado de los productos que comercializa.

Este tipo de políticas, implementadas en el marco del MoDEPyS, permitirá generar las condiciones para recomponer tanto el poder adquisitivo de los ingresos familiares como la rentabilidad empresarial, así como la plena ocupación de los factores productivos, sentando las bases para el desarrollo económico permanente y sustentable que el conjunto de la Nación espera y merece.