El Gobierno tuvo que interrumpir la baja de tasas y llegó al último día hábil pre- PASO con 14 subas consecutivas del tipo de interés de las Leliq, el instrumento con el que intenta competirle al apetito por el dólar y contener la presión cambiaria. Aún así, aunque no llegó a superar el precio récord de abril para la divisa, en los últimos 19 días el dólar pegó un salto de 9%. Los analistas coinciden en que el Gobierno apostó al mal menor: la señal de tasa generó ruidos y alertas pero peor habría sido una devaluación mayor.

El Gobierno cuenta ahora con todas las herramientas tradicionales para combatir una corrida cambiaria: dólar futuro, al que está apostando con fuerza incluso tras el antecedente 2015; tasa de interés, hoy en niveles reales muy altos, e intervenciones en el mercado spot. A esa última herramienta no la utilizó, hecho que a la vez forzó al BCRA a poner todo en la tasa y los futuros, y desligar las ventas en bancos oficiales como ocurrió el miércoles.

Para el economista del Instituto de Trabajo y Economía de la Fundación Germán Abdala (ITE-FGA), Leandro Ottone "si el BCRA sale a poner dólares en el mercado de cambios, genera un polvorín por la señal de alarma que significa, tal como pasó cuando el ex presidente del Central, Federico Sturzenegger, quiso sostener el precio cueste lo que cueste y anunció una intervención diaria".

Si bien la divisa no superó su precio récord, fue a costa de encarecer el financiamiento

"El Gobierno ve que el dólar está dentro de la zona tolerable y entonces no interviene y sube la tasa y participa en futuros a niveles superiores al 2015. Esa suba de tasa también genera un alerta pero no alcanzó a generar una corrida como sí le pasó a Sturzenegger con la intervención cambiaria", evaluó.

Siempre muy alta, la tasa de interés tuvo sus vaivenes desde que Guido Sandleris se convirtió en presidente del BCRA y arrancó el 1 de octubre con el nuevo programa monetario que busca llevar la emisión monetaria a 0%, secando la plaza y los bolsillos y combatiendo la dolarización. Más allá de los vaivenes, nunca dejó de ser una súper tasa. De hecho, nunca bajó del 43,94% (cuando tocó ese punto la inflación esperada según el REM era 29%, por lo que la tasa real ex ante era de 11,5%).

Tras el pico de presión cambiaria de abril, el 29 de ese mes el FMI le permitió al Central utilizar los dólares para intervenir en el mercado y la dinámica cambió: se generó una pax cambiaria que dio lugar a una baja de tasas lenta pero sostenida. La previa a las PASO interrumpió ese panorama. Desde entonces el BCRA anotó 14 subas consecutivas y llevó a la tasa de interés de las Leliq desde 58,78% hasta 63,38%.

El director asociado de Econviews, Miguel Zielonka, dijo a BAE Negocios que "el Gobierno apostó al mal menor. La sábana es corta y decidió taparse de ese lado. La tasa de interés es altísima, demasiado alta. No tiene sentido como herramienta antiinflacionaria y para el crédito es carísima. No hace diferencia subirla en estos niveles. El impacto en la actividad es mínimo. Para lo que sí hace una diferencia es para contener la dolarización y entrar al período de elecciones con la mayor estabilidad cambiaria posible".

La gran complicación será post- PASO. Los analistas coniciden en que si la diferencia entre el candidato de Frente de Todos, Alberto Fernández, y el oficialismo supera los 5 puntos, o se acerca al 42%, la dolarización difícilmente va a poder ser contrarrestada con tasa.

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