La canasta básica total ( CBT), que incluye los bienes y servicios imprescindibles para no ser pobre, subió en mayo 2,9% y alcanzó los $30.338 mensuales para una familia tipo de cuatro integrantes, informó ayer el Indec. Es decir que si los dos adultos de ese hogar perciben un salario mínimo de $12.500, precisarán incrementar 21% sus ingresos para cubrir sus necesidades básicas. Con un poder adquisitivo que no se recupera y el empleo en baja, los analistas estiman que el primer semestre cerrará con una nueva suba de la tasa de pobreza.

El mes pasado, la CBT aumentó 2,9%, levemente por debajo del IPC mensual (3,1%). Sin embargo, en términos interanuales se disparó 61,1%, casi cuatro puntos más que la inflación general (57,3%). La canasta básica alimentaria ( CBA), que incluye los alimentos esenciales para no caer en la indigencia, subió 2% contra abril y 61,7% interanual. Es decir, el alza de precios acumulada en los últimos doce meses fue mayor para los sector más vulnerables.

Así, una familia de cuatro integrantes necesitó en mayo $12.087 para cubrir la CBA. Esto implica que un salario mínimo, vital y móvil apenas les bastó para no ser indigentes.

"Todavía hay una brecha de cuatro puntos entre la inflación general y los precios de los productos alimentarios esenciales. Es una inflación asimétrica, que impacta más sobre productos regulados y alimentos que son los que componen las canastas de consumo de los deciles más bajos. Hay relación entre esa asimetría y el aumento de los indicadores de indigencia y pobreza. En esta oportunidad, tendrá algo de impacto el adelanto de la AUH, que implicó una suba del 46% en marzo. De ese efecto conjunto, terminará saliendo un efecto neutro o de leve aumento de la pobreza", señaló Sergio Chouza, economista de la Undav. Aunque aclaró que la evolución de la AUH tiene más influencia en la indigencia que en la pobreza.

12.087 pesos es lo que necesitó un hogar tipo de cuatro personas en mayo para cubrir el costo de la canasta de alimentos esenciales y no caer en la indigencia.

Daniel Schteingart, analista del Instituto Estadístico de los Trabajadores (IET), estimó que el dato de pobreza de la primera mitad del año, que el Indec publicará recién en septiembre, será aún mayor que el 32% del segundo semestre de 2018. Así, un tercio de los argentinos serían pobres. "Los primeros cuatro meses fueron muy malos, el peor momento en términos sociales. Recién en mayo pudo haber empezado una leve recuperación. Lo más probable es que haya seguido subiendo un poco", explicó. Y agregó: "La madre de todas las batallas es el mercado de trabajo. La AUH ayuda a bajar un poco la indigencia, aunque no hay que sobreestimar su impacto. Pero si el salario real sigue cayendo, es correr contra la corriente. Los salarios y las jubilaciones son mucho más importantes porque afectan a más gente".

Con dos salarios mínimos de $12.500, en mayo una familia de cuatro integrantes fue pobre

Para la segunda parte del año, Schteingart remarcó que la clave para una leve mejora de los indicadores sociales será que el dólar permanezca estable. Sin embargo, aclaró que una eventual baja no llegará a revertir el salto de 2018, que fue el más grande desde 2002. "Mauricio Macri va a terminar con una pobreza mayor a la que recibió: de los 26,9% del segundo semestre de 2015 (como estimamos con Guido Zack y Federico Favata) va a estar unos 4 o 5 puntos arriba", señaló.

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