El efecto de una devaluación sobre el resultado fiscal no es del todo fácil de medir. Por un lado, la depreciación licúa gastos pero, por otro, genera una aceleración inflacionaria que, por su efecto en el poder adquisitivo, tiene un impacto recesivo y afecta a la recaudación. Por eso, se puede afirmar que la meta de rojo primario se complicará y exigirá más ajuste. El Tesoro vende hoy US$60 millones diarios para financiar sus necesidades de gasto público. Tras la depreciación del peso, esos US$60 millones valen mucho más. Se tiene ahí una licuación del gasto. Aún así, no termina siendo una buena noticia la devaluación ya que el impacto sobre la recaudación es más negativo a la larga.

Esto complica las posibilidades de llegar a la meta de déficit 0, incluso con el ajustador de 0,3% y con la posibilidad de algún waiver de 0,2%. En la previa, las proyecciones privadas ya venían expresando cierta dificultad de cumplir. Mi visión era que podían alcanzar la meta, si se mantenía la estabilidad cambiaria. Ahora se va a complicar un poco más. Va a tener que hacer un ajuste más más agresivo para llegar a ese objetivo de déficit fiscal primario. Más complicado aún será achicar el rojo financiero, el déficit total, que tiene el gran problema de la carga creciente de intereses.

*Director de Ágora Consultores

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