En un contexto de inflación, pérdida de los puestos de trabajo y poder adquisitivo, la toma de deuda tanto en el ámbito doméstico como a nivel estatal es también una forma de explotación de los roles diferenciales de género. Con la deuda externa in crescendo, el Gobierno profundiza el deterioro del mercado laboral mientras que las mujeres a cargo de su microeconomía familiar sufren un proceso de sobreendeudamiento que por un lado, les genera un alivio para pasar el momento, pero por el otro las ancla a un ciclo sin fin de constante pago moroso y muchas veces, situaciones de violencia.

Así lo analiza Luci Cavallero, integrante del colectivo Ni Una Menos quien señaló a la deuda como “dinamizadora de la precarización laboral” y un factor fundamental en la absorción de la crisis en los hogares. “Con la expansión del sistema financiero de los últimos años, proliferan las ofertas de créditos tanto formales como informales en los sectores más bajos y los efectos de la crisis comienzan a asumirse individualmente con sobreendeudamiento”, consideró en conversación con BAE Negocios.

Y continuó: “El mecanismo fue capaz de saltearse el salario como garantía de endeudamiento y logró su objetivo en un montón de tramas de cooperación u autogestivos que no poseían esa característica. Las mujeres que cumplen esos trabajos en los barrios tienen un rol fundamental en esa relación”.

En este marco, Cavallero explicó que “el sistema financiero tiene predilección por endeudar a las mujeres porque son las que se hacen cargo de los hogares en tiempos de crisis ya que manejan la economía doméstica. Así, se refuerza un mandato moralizador sobre las mujeres, que son buenas pagadoras y harían cualquier cosa por sostener sus hogares”.

La deuda externa también cumple su rol: “Implica un compromiso de obediencia para los estados. Tienen que ajustar en todas las áreas sensibles y vitales que implican que las mujeres sean sobreexplotadas en el trabajo reproductivo. Además, implica un efecto sobre el mercado de trabajo ya que son las más propensas a la informalidad y la desocupación”.

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Eugenia Muzio

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