Descifrar el real significado de cada una de las situaciones conflictivas que surgen en el mundo, permite comprender cabalmente las nuevas "reglas del juego" internacionales, cuyo entramado experimenta la transformación más profunda desde el final de la Guerra Fría.

Esto es producto del drástico cambio de enfoque que los Estados Unidos (EE.UU.) imprimieron a sus políticas tanto internas como externas, a partir de la consigna "America first", que se plasma bajo la administración de Donald Trump, cuyo sustrato es el proceso que hemos caracterizado como la "revolución energética norteamericana"1.

Esta determinó el fin de la globalización como modelo hegemónico y excluyente de las relaciones entre los países, así como el surgimiento del Nuevo Orden Internacional (NOI), cuya singularidad es la puesta en valor de los vectores de competitividad en las economías nacionales.

De un mundo en el que EE.UU. necesitaba completar su abastecimiento doméstico de energía fósil (EF) con ingentes importaciones, se ha pasado a otro en el que el principal consumidor de hidrocarburos no sólo logrará su autoabastecimiento, sino que se convertirá en exportador neto, tal cual se desprende del ritmo de crecimiento de la producción, y lo certifican las negociaciones entre Trump y su colega Xi Jinping, para que la República Popular China (RPC) realice las inversiones necesarias para abastecerse de gas, desde Alaska.

Así, la primera potencia mundial desde su propia base material2, reinstala su "zona de confort", que se veía amenazada tanto por la Unión Europea ( UE) como por la RPC, extendiendo en el tiempo la supremacía económica, política y militar.

Comprender este tipo de transformaciones, en la incordiosa posición de hacerlo mientras están ocurriendo, resulta imprescindible si se quiere lograr una correcta inserción internacional de nuestro país.

La energía como vector de competitividad
A partir de avances tecnológicos, EE.UU. logró la puesta en valor de los reservorios de esquisto, haciendo posible el abaratamiento de los costos de extracción y la masificación de la producción cuya comercialización, dados los valores de mercado, pasó a ser rentable.

Ahora bien, así como el precio del petróleo (dada una cierta demanda estable en el tiempo), se encuentra determinado por la oferta que proveen múltiples productores, no sucede lo mismo en el caso del gas, cuya comercialización internacional necesita de un gran número de procesos logísticos adicionales que incrementan significativamente el valor de exportación.

En la actualidad, la explotación de los yacimientos de shale gas en los Estados Unidos, se extiende desde la frontera con Canadá hasta la de México, por casi todos los estados exceptuando la mayoría de los costeros. De esta manera, al no requerirse de grandes infraestructuras de transporte, ni procesos de licuefacción y regasificación, se redujeron significativamente los costos de distribución a las grandes aglomeraciones urbanas y complejos industriales.

Basta señalar que las principales instalaciones extractivas se sitúan entre Nueva York y Chicago, a escasos centenares de kilómetros de la primera y tercera de las ciudades más pobladas y, a la vez destacados centros manufactureros.

Todo ello determinó el abrupto descenso del costo del insumo3. En orden de magnitudes, las compañías en EE. UU. cuentan con gas natural a menos de dos tercios del valor que pagan las europeas.

En el corto plazo la inestabilidad en Medio Oriente es funcional al NOI
La inestabilidad de esta región impide que los grandes productores allí afincados puedan incrementar de manera sostenida los volúmenes de EF que ofertan al mercado.

Ello constituye la razón de que economías como la de la RPC y las europeas, competitivas con la de EE.UU., sólo pueden tener un proveedor "confiable": la Federación Rusa.

Estados Unidos importaba energía y ahora logrará el autoabastecimiento y se convertirá en exportador

Y va de suyo que ésta, no tiene ningún interés en disminuir el precio de los productos que ofrece.

A los históricos litigios de la zona, se sumó en el pasado reciente el surgimiento de ISIS, y la creciente rivalidad entre sus potencias petroleras, en disputa por la preminencia en la región.

Y, "echando leña al fuego", a mediados del año pasado, el presidente Donald Trump anunció que su país se retiraba del acuerdo nuclear con Irán4, y reestableció sanciones económicas para aquel país.

Posteriormente, impuso nuevos castigos, luego del derribo por parte de las FF.AA. iraníes de un dron norteamericano y de que dos grandes buques petroleros que transitaban por el estrecho de Ormuz, sufrieran explosiones cuyo origen aún no pudo esclarecerse.

Sin embargo, la clave para entender el pensamiento profundo de los EE.UU. en la región, se halla en dos mensajes vertidos a través de las redes sociales por Trump, donde señaló que "China obtiene el 91% de su petróleo de la zona, Japón el 62% y muchos otros países también. Entonces, ¿por qué estamos protegiendo las rutas de navegación para otros países sin ninguna compensación? Ellos deberían proteger sus propios barcos".

Y luego agregó: "Estados Unidos se ha convertido en el mayor productor de energía del mundo. Ni siquiera tenemos que estar allí".

Una vez más, ya que "entre los dichos y los hechos hay largos trechos", corresponde al análisis sistémico desentrañar el porvenir.

Tipificando los conflictos
Debe comprenderse que la propia existencia del conflicto de Medio Oriente, y no su resolución ni su escalada, es, en el corto plazo, funcional y orgánico a la configuración del NOI.

Y se enmarca en lo que oportunamente caracterizamos como "conflictos de primer orden"5, que son aquellos de carácter económico, y en los cuales la disputa fundamental de EE.UU. es con la UE6 y con la RPC, y está determinada por la cuestión energética.

En tanto, el enfrentamiento de carácter geopolítico que protagonizan los EE.UU. y la Federación Rusa (FR), es un "conflicto de segundo orden".

Por sobre las disputas en la distribución de zonas de influencia en el mundo, entre ambos países existe una tácita convergencia de intereses (que tiñe toda la relación), en mantener una situación en la que:

  • Estados Unidos obtiene como beneficio que ni la UE ni la RPC reciban EF con precios que les permita recuperar la capacidad competitiva de sus complejos manufactureros a escala global, y
  • la Federación Rusa consigue que no se consoliden en esos mercados otros proveedores confiables de hidrocarburos, ni se reduzcan sus ingresos por exportaciones de EF.

Por ello, de ninguna manera se llegará a una confrontación generalizada (aunque sí podría producirse algún tipo de escaramuza) entre EE.UU. y la FR, ya que lo que pondrían en juego (que podría incluir hasta su propia existencia) es mucho mayor que el "premio" a obtener en una hipotética victoria.

Por lo tanto, en Medio Oriente, el conflicto tenderá a seguir en estos mismos causes.

Comprender en profundidad los eventos que se suceden en el marco del NOI, es condición sine qua non para el diseño de un modelo de desarrollo económico para la Argentina, cuyo éxito también depende de optimizar su inserción internacional.

1-“El ‘America first’ y el Nuevo Orden Internacional”, BAE Negocios, 28-1-19.
2- Entendemos por base material a los recursos naturales, de capital, empresariales y laborales que, articulados por el “estado del arte tecnológico”, ofrecen una determinada dotación de bienes y servicios.
3-De acuerdo con el Banco Mundial, el precio del gas (por millón de BTU) hacia 2008, era de US$8,9 en suelo norteamericano y US$3,4 en el viejo continente, mientras que en mayo fueron US$2,6 y US$4,3 respectivamente.
4-El acuerdo, firmado entre Irán y el Grupo 5+1 (EE. UU., Rusia, China, Francia y el Reino Unido, más Alemania) en el año 2015, limita el programa nuclear de Irán a cambio del levantamiento de las sanciones internacionales.
5-“Situación internacional, conflictos de primer y segundo orden”, BAE Negocios, 20-5-19.
6-Tal cual está diseñada actualmente, sin la inclusión del Reino Unido.

*MM y Asociados