Lic. Guillermo Moreno*
Lic. Norberto Itzcovich*
Dr. Claudio Comari*
Especial para BAE Negocios

El actual oficialismo, incluso desde su propio nombre, "cambiemos", nos ofrece la posibilidad de que un mundo virtuoso irrumpa en estas costas, a partir de sus decisiones de gobierno. "El mundo nos abre los brazos" o "el mundo está esperanzado en Argentina", entre otras frases, bastan para sintetizar su cosmovisión. "Esta generación que vino a cambiar definitivamente la Argentina", como disfruta decir el presidente Macri, funge como interfase entre ese ideal de futuro venturoso y éste presente que necesita ser superado.

La globalización llegó a su fin y el mundo apuesta a los nuevos modelos de desarrollo nacionales

Ahora bien, ¿esto será realmente así? ¿O quienes venden "futuro" en realidad encarnan un pasado que languidece?

Se impone la visión de Trump

Durante el ya lejano mes de abril de este año, el presidente norteamericano Donald Trump recibió a su par chino, Xi Jinping. Lo hizo en la residencia que posee en la costa de Florida, cerca de Palm Beach. Un lugar distendido pero lejano del protocolo y, sobre todo, de la importancia política de la capital norteamericana, Washington D.C. El encuentro fue, como los primeros rounds en el boxeo, de conocimiento más que de resultados. Por eso Trump, cuál si fuera Mohammad Alí, seguro de que con el correr de los asaltos ganaría la pelea, bromeó con inusitada humildad ante la prensa "no he conseguido nada, absolutamente nada".

Ambos presidentes se comprometieron a volver a verse las caras durante el año, esta vez en la República Popular China (RPC).

Y en efecto, a principios de noviembre Xi recibió a Trump en Beijín, con toda la pompa de una visita de estado. El norteamericano hizo del déficit comercial de su país con China uno de los ejes de la campaña electoral del año pasado (cuando ese guarismo alcanzó los 309.000 millones de dólares), y en su viaje, junto a un nutrido grupo de empresarios, logró concretar una serie de acuerdos comerciales que servirán para ir resolviendo ese desbalance. Según la Casa Blanca, dichos convenios ascienden a u$s250.000 millones, impactando razonablemente en la resolución de ese rojo comercial, que en los primeros diez meses de este año alcanzan aproximadamente los u$s300.000 millones.

Los memorandos firmados se refieren a los sectores aeronáutico, biotecnológico, de maquinaria y equipos, electrónico, y principalmente al de la energía. En este último campo, en un periodo de 20 años, la Corporación de Inversión en Energía de China destinará a nuevos proyectos 83.700 millones de dólares. En la misma dirección, la empresa oriental Sinopec invertirá, en yacimientos de combustibles fósiles ubicados en Alaska, la suma de 43.000 millones de dólares, comprometiéndose a la compra de lo producido.

Al respecto es importante resaltar, principalmente en lo referente al mercado del gas que, como mínimo, al precio que se observa en el mercado doméstico norteamericano debe adicionársele el costo de la logística de transporte, con lo cual queda palmariamente demostrada la competitividad, en términos de precio del insumo energético, de la industria manufacturera de los EE.UU. vis a vis la de la RPC.

De esta forma, la revolución energética norteamericana se empieza a expresar, sobre el resto del mundo, con toda su potencia.

Así, la RPC, después de varios meses de disputa durante los cuales el conflicto con EE.UU. se planteó en términos geopolíticos (reclamo de soberanía sobre el mar meridional de China y apoyo relativo a Corea del Norte) parece haber aceptado, en su relación con la primera potencia, las nuevas reglas de juego.

Estos acontecimientos confirman lo que habíamos señalado en esta misma columna meses atrás. La globalización, tal cual había sido diseñada, ha llegado a su fin, y en su lugar el mundo facilita la puesta en valor de los vectores nacionales en los nuevos modelos de desarrollo.

El nuevo orden internacional

Las dos primeras medidas de Trump, una vez llegado a la Casa Blanca, fueron en esa dirección. Retiró a los Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, y decretó la renegociación del NAFTA con Canadá y México, en este último caso poniendo como condición inexcusable la mejora de los salarios y las condiciones de trabajo en el país azteca, para de esa forma evitar que las empresas estadounidenses se trasladen allí.

Asimismo, en su primer discurso en la asamblea general de las Naciones Unidas, en setiembre pasado, Trump sostuvo que su imperativo doctrinal, sintetizado en el lema "Norteamérica primero", no implicaba que EE.UU. quisiera estar solo. "Para mí estará siempre en primer lugar, como para cualquier dirigente responsable. Pero no queremos imponer nuestra forma de vida; no buscamos la expansión territorial, no pretendemos que todos los países compartan las mismas culturas, tradiciones o incluso sistemas de gobierno. Queremos naciones soberanas que trabajen juntas respetando los intereses de su propio pueblo y los derechos de cualquier otra nación soberana".

Sobre el final se preguntó: "¿Seguimos siendo patriotas? ¿Amamos a nuestras naciones lo suficiente para proteger su soberanía y tomar posesión de su futuro?".

Este nuevo modelo de funcionamiento, que puso fin tanto al orden surgido del Consenso de Washington a fines de los años ´80, como al rol de los organismos internacionales originados en los acuerdos de Bretton Woods, al final de la segunda guerra mundial (especialmente el que cumple la Organización Mundial del Comercio - OMC), obliga a nuestros países a repensar su inserción internacional.

Las circunstancias históricas generan la paradoja de que, mientras Estados Unidos (entre otros países), aplica políticas de administración del comercio internacional, privilegiando la generación de empleo en su territorio, al tiempo que propicia mejoras de salarios en uno de sus socios comerciales; la RPC en una extraña conjunción con sectores retrógrados, neoclásicos, y socialdemócratas, tanto europeos como latinoamericanos, persisten como los cultores del libre comercio.

La comprensión de este nuevo fenómeno requiere que, especialmente los dirigentes gremiales y empresariales, junto con los políticos y los especialistas en la temática, agudicen y amplíen los esquemas analíticos, despojándose de dogmatismos obsoletos.

"Nostalgias" y "Desencuentro", los tangos preferidos de Cambiemos

Mientras el mundo camina claramente en un sentido determinado, nuestro país lo hace en la dirección contraria. Tanto el presidente de la Nación, como sus referentes económicos, siguen sosteniendo con "Nostalgias", que Argentina debe intentar vivir en un mundo que ya no existe.

Siempre en el momento y lugar equivocados, resulta evidente que el gobierno nacional ignora las verdaderas oportunidades que en materia económica ofrece hoy el nuevo rediseño global. Por ello, como también lo señalamos oportunamente en esta columna, Macri decidió no concurrir a la mencionada Asamblea General de las Naciones Unidas, tal vez pensando que las ideas del presidente de la máxima potencia mundial son irrelevantes. Nos preguntábamos si estaría guiando el barco, nuestro país, hacia un puerto inexistente. Lamentablemente, parecería ser que sí.

En este sentido, la Argentina alcanzó en el período enero-octubre un saldo comercial negativo de u$s6.115 millones, con serias perspectivas de superar los u$s7.000 millones cuando finalice el año (cabe consignar que la proyección oficial para este año fue de u$s4.500 millones, por lo que resultaría errónea en más de un 50%). Este sendero se ve confirmando, siempre por las propias proyecciones oficiales presentadas en el presupuesto 2018, donde los déficits comerciales alcanzarían los 5.600; 6.000; 6.900 y 7.600 millones de dólares, para los años 2018; 19; 20 y 21, respectivamente.

Respecto de sus dos principales socios comerciales, Brasil y China, Argentina registró en 10 meses de este año, saldos comerciales negativos de u$s7.042 millones y u$s6.011 millones, los que resultaron 86% y 33% superiores a los de igual período del año anterior, respectivamente.

Mientras la primera economía del mundo, al igual que la mayoría de los países relevantes, se ocupan de sus saldos comerciales bi o multilaterales, a nuestro gobierno parece no preocuparle la temática.

Por el contrario, propicia la firma de tratados, como el de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur, cuyo único interés parece ser el de beneficiar las exportaciones de origen primario, u organiza el "Undécimo período de sesiones de la conferencia ministerial" de la OMC, la reunión anual de ese muy cuestionado organismo en decadencia.

Muchas veces el arte interpreta la realidad de una manera sublime y sencilla. El tango "Desencuentro" reza en su comienzo "Estas desorientado y no sabés qué trole hay que tomar para seguir. Y en ese desencuentro con la fe, querés cruzar el mar y no podés".

La globalización y el "pensamiento único" del Consenso de Washington han fenecido, y en el mundo se adoptan políticas de protección de las economías locales. El desencuentro evidente ocurre entre las medidas que aplica el gobierno del presidente Mauricio Macri y los nuevos paradigmas de la actual etapa histórica mundial. Lo que equivale a desperdiciar la oportunidad de administrar, de acuerdo a los intereses nacionales, la velocidad de inserción internacional de los adecuados modelos de desarrollo local.

Le recomendamos, humildemente, al oficialismo que aproveche el haber obtenido la primera minoría en las últimas elecciones para adaptar sus visiones a la nueva realidad mundial. De otro modo, este experimento, como dice él tango, se convertirá en un "total fracaso de vivir", donde, seguramente, "ni el tiro del final te va a salir".