Tres años de gobierno de Cambiemos han provocado una degradación del mercado laboral fuerte, aún más importante que la del comienzo de la Convertibilidad. La transformación posee varias aristas. Una es el incremento del desempleo por la pobre creación de puestos de trabajo y la destrucción de empleos formales. Al igual que en la última dictadura y en los años noventa, los más perjudicados son los trabajadores industriales (respecto a septiembre pasado (último dato disponible), se perdieron 106 mil empleos en el sector en comparación con igual mes de 2015). El efecto sobre el mercado laboral es sensible también porque esos trabajadores alcanzan una remuneración promedio que es un 20% más elevada que la media del resto de los asalariados formales del sector privado. Además, se trata de empleos que poseen una capacidad de ganar productividad superior en general que el resto de las actividades. Esto significa que, con políticas públicas adecuadas de estímulo, su expansión permitiría que la economía gane competitividad sin necesariamente tener que apelar a movimientos bruscos del tipo de cambio. Tristemente, en los últimos tres años ocurrió lo contrario.

A su vez, es notable la suba de la informalidad laboral y el auge de la registración blanda, vía monotributismo, que no garantiza derechos laborales esenciales. Y, por último, el deterioro también es agresivo por la caída del poder adquisitivo de los salarios y la menor resistencia de los sindicatos. La organización obrera es uno de los pocos rasgos que nuestra economía comparte con las más desarrolladas del mundo. Terminar de perderla sería claudicar al proyecto de una distribución del ingreso más equilibrada y resignar la posibilidad de alcanzar un mejor grado de desarrollo productivo y social.

El empleo en el sector público tuvo una recomposición salarial de 99,8% con una inflación de 142,1% desde que asumió Cambiemos

En la conferencia de prensa de julio pasado, Mauricio Macri se vanaglorió al sostener que "generamos 700 mil puestos de trabajo en 2017". Según Chequeado.com, el dato fue "exagerado", debido a que "el Presidente no precisó si se refería al empleo registrado o no" e informó que "el equipo de Comunicación del Ministerio de Trabajo de la Nación se basó en un informe de la Encuesta Permanente de Hogares que publicó el INDEC". El portal omitió indicar que, según los registros de la AFIP, en 2017, sólo 195.000 fueron registros formales de empleos, de los cuales 128.000 correspondieron a las distintas variedades de monotributo, 43.000 fueron asalariados privados y, públicos, 37.000. Así, en el año menos malo del actual mandato, según las fuentes oficiales, se habrían creado más de medio millón de puestos de trabajo en negro y apenas seis de cada cien habría sido creación de empleos asalariados formales en el sector privado.

En caso que las mediciones del INDEC sean válidas, la precarización laboral habría sido brutal: hasta fines de 2016, el 33,6% era informal, según el instituto de estadísticas y, en esa creación neta de empleos de 2017, el 72,1% habrían sido informal. Llamativamente, también según el INDEC, el empleo informal en 2017 solo creció hasta el 34,2%. Es extraño dado que el mercado laboral está compuesto por 23,8 millones de personas y, si efectivamente 500 mil trabajadores consiguieron empleo en condiciones informales, el empleo no registrado debería haber crecido en una proporción mucho mayor, ya que esos nuevos empleos representan el 2,1% de la población económicamente activa. Las manipulaciones de Guillermo Moreno sobre el INDEC eran grotescas, pero eso no significa que las actuales inconsistencias haya que dejarlas pasar.

Como en los ’90, los más perjudicados son los empleos industriales, son los que tienen gran capacidad de productividad

En tanto, los empleos en el sector público padecen un muy grave deterioro y nunca estuvieron entre las prioridades del gobierno. Por el contrario, también Macri se encargó de denostar a esos trabajadores cuando, en marzo de 2016, dijo que "venimos de un Estado que creaba empleo público artificial". En los hechos, no sólo han despedido empleados en organismos públicos emblemáticos por su importancia para el desarrollo como el INTI, el CONICET, Télam o Fabricaciones Militares. También vienen fomentando su salida mediante una precarización laboral más intensiva que en el resto de los sectores: los aumentos salariales acumulados desde que asumió Cambiemos y hasta septiembre pasado (último dato disponible) fueron de apenas 99,8%, cuando la inflación acumulada según el IPC-CABA y el INDEC fue del 142,1% y, en el mismo período, se registraron incrementos de tarifas de servicios públicos indispensables y precios de combustibles, alimentos y medicamentos que superaron holgadamente esos valores.

Doce años ininterrumpidos duró la desocupación de los dos dígitos en nuestro país desde mediados de los noventa; recién a fines de 2006, las políticas aplicadas permitieron bajar ese indicador a menos del 10%. A partir de ahí tuvimos otros 12 años con un desempleo de un dígito. Este año volvemos a los dos dígitos. Esta es una de las peores herencias porque, sin resistencia, implicará una mayor pérdida de derechos y conquistas sociales.

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