El Premio Nobel de Economía es un bicho raro. Para empezar, no es una de las disciplinas que Alfred Nobel quiso premiar. Los economistas armaron su propio Nobel en 1969, gracias al aporte del Banco de Suecia. Desde aquel año los premios se entregaron a ideologías económicas diferentes, e incluso se distinguieron en un mismo año visiones opuestas, como cuando en 2013 lo ganaron un economista que favorecía la racionalidad del mercado financiero (Eugene Fama) y otro que los consideraba plagados de sesgos (Robert Shiller).

Este año ocurrió algo poco común: se premió por segunda vez a una rama de la economía, la llamada Economía de la Conducta (EC), que cruza psicología con economía. Richard Thaler es seguramente el economista conductual más desenvuelto, pero es un heredero indiscutible de Daniel Kahneman (foto), ganador del Nobel en 2002. Se trata de un espaldarazo para la EC, una subdisciplina que enfatiza las fallas humanas que revelan nuestra escasa racionalidad. Siendo que tanto Kahneman como Thaler dedicaron su vida profesional a este tema, ¿qué los diferencia?

Kahneman escribió recientemente Pensar rápido, pensar despacio, libro donde recorre su obra, y Thaler hizo lo mismo en una publicación llamada Misbehaving, cuyo título significa literalmente "portándose mal", un doble sentido que juega con portarse mal por no ser racional y también por tener "mala conducta" en la academia. He aquí una distinción superficial pero relevante para el lego: Misbehaving es más entretenido, está lleno de anécdotas, y cuenta varias riñas académicas. Para muestra, basta un botón. Ambos dedicaron cuarenta años a entender la naturaleza humana (mientras el mainstream obstinadamente entronizó hasta lo absurdo las capacidades del homo economicus), pero fue Thaler el que inmortalizó el conflicto cuando, discutiendo con un defensor de la racionalidad, comentó: "Acordemos que usted asume que los agentes son tan listos como usted, mientras que yo asumo que son tan burros como yo".

Otra diferencia es que Thaler dedicó parte de su trabajo a elaborar recomendaciones. Con Carl Sunstein escribió Nudge (un nudge es ese envite de la elefanta mamá a su hijito para animarlo a caminar), un compendio de políticas destinadas a lograr, sutilmente, que el público elija lo que mejor le conviene a él y a su entorno.

Thaler también marcó una separación con Kahneman respecto de la discusión pública sobre el rol del sistema financiero. Se opuso enfáticamente a la llamada Hipótesis de los Mercados Eficientes, para la cual los precios de los activos que observamos están en equilibrio y reflejan eficazmente toda la información disponible. Esta idea presupone racionalidad humana para conocer, evaluar y procesar la información financiera, y Thaler se opuso sistemáticamente a ella, dando lugar a discusiones bastante caldeadas. Por su personalidad extrovertida y confrontativa, Thaler no siempre fue bien tratado. Él mismo cuenta que su tutor nunca le tuvo fe, y muchos académicos consideraban que sus ideas no eran valiosas por no estar formalizadas matemáticamente.

* Investigador y docente UBA Autor de Economía al Diván
Es posible que la decisión de premiar a Thaler luego de Kahneman tenga que ver con la crisis de 2007-2009, cuando el ataque al mainstream (y en especial al homo economicus) fue feroz y generalizado. Si esto es así, la mala noticia es que quizás debamos esperar otro evento tan terrible como ese para incorporar nuevas ideas y metodologías a la teoría económica. Quizás necesitamos que florezcan mil Thalers.