Que el 2018 será un mal año para la industria ya es un hecho. Pero además las proyecciones para el 2019 también son negativas. La caída de la actividad será de más del 3% durante este año, lo que dejará un efecto de arrastre estadístico que se sumará al que se espera que sea un nuevo flojo desempeño durante el año que viene. Así, el derrumbe durante el 2019 rondaría el 4% y cerraría un período negro para la industria, con una caída de 9,8% contra los niveles de producción del 2015.

"El principal factor que complicó a la industria durante 2018 fue la situación de incertidumbre permanente y falta de previsibilidad que atravesó la economía desde abril en adelante. Para 2019, las dudas siguen vigentes. El elevado riesgo país es una señal de que la incertidumbre financiera continúa presente", sostuvo un informe de la consultora Radar.

Y es que la mayoría de los sectores que suelen empujar a la industria, si se mira desde el lado de la demanda, mostraron desaceleración e incluso caída durante este año. El agro, que le genera demanda a sectores como la metalmecánica y los químicos pero que además pega sobre los alimentos, sufrió el embate de la sequía más fuerte de los últimos 50 años.

La construcción, que había sido la protagonista prácticamente exclusiva de la recuperación industrial y de toda la actividad productiva en general durante 2017, sufrió el parate por el ajuste fiscal. La búsqueda del déficit cero, obligada por el FMI para recibir los desembolsos correspondientes al acuerdo stand-by, hizo que la obra pública pisara el freno durante 2018.

A eso hay que sumarle el fuerte impacto de la devaluación de más del 100% sobre el consumo y la inversión, que se vio afectada por la incertidumbre generalizada. Y sobre llovido mojado: tras la crisis cambiaria, los programas monetarios contractivos del BCRA generaron una suba muy fuerte de la tasa de interés, lo que encareció al financiamiento, tanto para consumo como para inversión.

Para el 2019, aunque será un año electoral y se espera cierta mejora del salario real, la expectativa es que la dinámica del poder adquisitivo sea algo discreta. "El mercado interno seguirá debilitado, al menos durante la primera mitad del año", afirmaron desde Radar.

"Los sectores que pueden llegar a traccionar la actividad, como el agro, Vaca Muerta y cierto repunte de las exportaciones, no lograrán compensar la caída del consumo y la inversión. Además el salto del tipo de cambio generó un fuerte aumento de los costos, tanto por una vía directa, por los insumos importados, como indirecta, por las tarifas, combustibles y efectos de segunda ronda. El año que viene depende de la estabilidad cambiaria pero la reducción de subsidios y la inercia inflacionaria aseguran que los costos seguirán presionando", sostuvo el informe.

Y agregó: "Para 2019, el consumo y la inversión seguirán debilitados, aunque si no hay otro salto cambiario que acelere la inflación, podría observarse cierta recuperación para el segundo semestre. Por el lado de las exportaciones, es posible que haya una tendencia a la aceleración, pero limitada por el panorama de incertidumbre macroeconómica. La construcción seguiría con una tendencia negativa en 2019, como consecuencia del ajuste de la obra pública".