La reorganización de la estructura ministerial es un gesto hacia la sociedad. Junto a las drásticas medidas económicas para hacer cerrar las cuentas públicas, que es el verdadero fondo de la cuestión, se presentarán hoy ante la sociedad con el cada vez más tortuoso objetivo de generar confianza.

La interminable ronda de reuniones y rumores que se registraron durante el fin de semana en la residencia de Olivos, sucumben ante una simple pregunta: ¿Quién anunciará en la mañana de hoy los cambios en el Gabinete? Si lo hace Marcos Peña, y no había hasta anoche otra persona agendada para hacerlo, el objetivo quedará truncado antes de la primera palabra. En vano habrán sido las internas, la guerra de egos y desconfianzas para habilitar o no la llegada Alfonso Prat Gay y Carlos Melconian, las presiones de Carrió y el radicalismo para tomar parte en las decisiones, la dramática decisión de postergar áreas sensibles de gobierno a la categoría de secretarías, hasta la entrega de los alfiles del ministro coordinador.

Si Marcos Peña toma la palabra hoy para explicar los cambios, aun si lo hace dejando a un lado la sonrisa y su clásico "tranquilos que acá no pasa nada", el mar de café consumido en Olivos durante el fin de semana no habrá tenido ningún sentido.