La caída de la actividad desde el inicio de la llamada "tormenta" (abril de 2018) y hasta el último registro disponible del Indec (noviembre pasado) da cuenta de una crisis importante. En esos ocho meses, la merma alcanzó el 4,2% y, para hallar un registro peor, hay que remontarse a la recesión de 2009, según el Indec actual. En los ocho meses más difíciles de ese episodio (enero a agosto de 2009), la actividad había disminuido un 8,2% y en todo el año 5,9%. No obstante, es particularmente extraño que esa baja haya sido tanto más profunda, considerando el comportamiento de los registros reales de ingresos de la población.

La evolución del empleo asalariado registrado es una de las variables que parece indicar una subestimación de la crisis actual o una sobreestimación de la anterior. De acuerdo a la serie desestacionalizada del Ministerio de Producción y Trabajo -son registros efectivos de empleos formales que las empresas declaran ante la AFIP-, entre el inicio de la recesión actual y el último dato disponible (noviembre de 2018), se perdieron 133.090 puestos de trabajo. En cambio, en el período de mayor caída de la actividad de 2009 (de enero a agosto de 2009), la destrucción de empleos registrados fue de sólo 50.160 puestos. Como la contracción del producto fue supuestamente casi el doble de profunda (8,2% vs. 4,2%), la diferencia en la magnitud de expulsión de trabajadores es un fenómeno llamativo.

Ahora bien, una inconsistencia mucho más importante aún puede observarse al comparar la evolución de los ingresos de los trabajadores registrados y la inflación calculada por el actual Indec en ambos años. Según el Índice de Precios Implícitos (IPI) de ese organismo (es una variable que da cuenta del nivel de inflación computando la variación general de precios de toda la economía y no solo la de una canasta representativa de bienes y servicios de consumo final, como se hace a través del IPC), la inflación de 2009 fue de 15,38% (el IPC recalculado de 2009 no lo han publicado y el IPC del anterior Indec arroja niveles absurdos). Un valor similar de inflación era calculado mediante el IPC 9 provincias (14,9%) y también las consultoras privadas contabilizaban un valor en torno a ese nivel. Las jubilaciones y las pensiones subieron 19,89% en 2009. Por lo tanto, superaron a la inflación en 4,5 puntos porcentuales. Y mayor fue la mejora del poder adquisitivo de los trabajadores del sector privado registrado: en promedio, tuvieron un aumento de sus remuneraciones de 20,3%. O sea, se ubicaron 5 puntos por encima de la inflación de ese año. En cambio, en 2018, los haberes subieron un 28,8% y, por consiguiente, fueron 18,8 puntos inferiores al aumento del IPC (47,6%; el IPI de 2018 aún no fue publicado). En tanto, los trabajadores asalariados del sector privado, en base también a datos de la AFIP (computados hasta noviembre pasado), tuvieron un alza interanual de sólo el 26,5% en relación a igual período de 2017. Así, sus salarios aumentaron 21,1 puntos menos que la inflación del año pasado.

El consumo privado representaba el 68% del PBI en 2009 y cayó un 6,8% en los primeros trimestres registrados

Por otra parte, también hay que considerar que se incorporaron, en 2009, 286.000 nuevos jubilados en buena medida por el impulso que había generado el régimen de moratorias previsionales. En consecuencia, hubo en 2009 significativos incrementos reales del poder adquisitivo de los sectores con ingresos medibles efectivamente y lo contrario ocurrió en 2018, con caídas más que proporcionales.

El consumo privado representaba el 68% en el PBI en 2009 y cayó un 6,8% en los tres primeros trimestres registrados y en 2018 equivalió al 76% y cayó sólo 1,8% en el segundo y tercer trimestre (en el primer trimestre creció un 4,3%), también según el Indec. Con una reducción tan fuerte del ingreso corriente de los sectores sociales con ingresos formales en 2018 (representan más del 70% de la masa de ingresos de los trabajadores), la única manera de que el PBI y el consumo de 2018 durante la crisis haya bajado tanto menos que en la recesión de 2009 es que se hayan generado cientos de miles de empleos no registrados y que sus remuneraciones hayan crecido sustancialmente más para compensar estas grandes diferencias y/o que la propensión a ahorrar en 2009 haya sido extraordinariamente alta. Serían fenómenos muy poco comunes. La precarización laboral se ha agravado en los últimos años, pero no parece ser un factor que pueda suplir de tal forma las muy importantes diferencias de caída del PBI con ingresos reales de los sectores formales.

Las inconsistencias estadísticas del Indec actual son mucho menores que las del anterior Indec. Antes nadie que trabajara seriamente las podía tener realmente en cuenta. El peligro es que las actuales estadísticas son ampliamente reconocidas como creíbles y, como vemos, no deja de haber inconsistencias relevantes. De hecho, también resulta sospechoso que series de variables de medición muy complejas como el PBI y todos sus componentes hayan podido ser reconstruidas y otras que no requieren tantos datos y procesamientos como las de la pobreza e indigencia no hayan podido regenerarse, sobre todo cuando el objetivo económico prioritario del gobierno supuestamente es "pobreza cero".