Los países de Sudamérica podrían sumar entre cuatro y quince puntos adicionales a su Producto Interno Bruto ( PIB) si se eliminaran todas las barreras ocupacionales que enfrentan las mujeres en relación con los hombres.

Así se desprende del libro "Cerrando Brechas de Género en el Cono Sur-Un potencial de crecimiento desaprovechado", publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y editado por las investigadoras Verónica Frisancho y Virginia Queijo. Destaca la publicación que pese a los importantes avances registrados en las últimas décadas, los países del Cono Sur (Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay) aún enfrentan grandes desafíos relacionados con las desigualdades de género. En esos países las mujeres luchan con barreras explícitas e implícitas que permean su esfera de acción privada y pública, limitando el logro de su pleno potencial.

Entre otros puntos, las mujeres siguen rezagadas con respecto a los hombres en términos de participación en el mercado laboral, horas de trabajo e ingresos (ver aparte), y dedican tres veces más horas por semana a actividades laborales no remuneradas que sus pares masculinos, resalta la publicación, que señala que además de los objetivos de justicia e inclusión que persiguen las políticas que mitigan las desigualdades entre hombres y mujeres, estas también tienen el potencial de fomentar el crecimiento y desarrollo económico, y un mayor bienestar en toda la sociedad.

El BID estima que la eliminación de barreras ocupacionales que enfrentan las mujeres en relación a los hombres, como la discriminación salarial, las brechas de acumulación de capital humano y los efectos de normas sociales sesgadas en desmedro de la mujer, generarían ganancias agregadas en los países del Cono Sur que van de 4% a más de 15% del PIB, dependiendo de cada país. En el caso de Brasil, por ejemplo, si se suma la eliminación de las barreras que enfrentan diversos grupos étnicos, las ganancias podrían alcanzar hasta 30% del PIB.

Capital humano

Este resultado destaca la importancia de políticas que promuevan la participación de las mujeres en el mercado laboral y su acceso a puestos calificados, así como la urgencia de abordar tempranamente las brechas de acumulación de capital humano. Frisancho y Queijo citan trabajos recientes que mostraron que la tradicional desventaja femenina en años de escolaridad ha desaparecido y se ha convertido en una ventaja en la mayoría de los países, aunque existen grandes diferencias en los campos de especialización elegidos por hombres y mujeres en el nivel terciario. En particular, las mujeres ingresan con mayor propensión a ocupar puestos con salarios más bajos, señalan las investigadoras.

El estudio encuentra que las brechas de género en educación financiera en Argentina, Chile y Paraguay son relativamente pequeñas, y que las diferencias se deben en parte a características observables tales como el nivel educativo o los ingresos. Puntualiza el texto por otra parte, que las inversiones en el capital humano femenino pueden tener un efecto multiplicador en el avance de la igualdad de género, ya que apoyar a las niñas para que se conviertan en las mejores estudiantes no solo tiene un efecto positivo en ellas, sino también sobre sus futuras compañeras.

Respecto de las brechas de género en la educación terciaria, datos de Chile muestran que estudiar carreras de tecnología e ingeniería solo aumenta los ingresos y el empleo de los hombres. En el informe se argumenta que esto no es una consecuencia de las diferencias de género en las preferencias por los atributos del trabajo (como por ejemplo mayor flexibilidad horaria), sino que las mujeres en tecnología e ingeniería pueden estar sujetas a un mayor grado de discriminación en el mercado laboral en relación con mujeres en otros campos. Este resultado sugiere que las políticas para abordar de manera efectiva las brechas de género deberían ir más allá de incentivar a más mujeres en los campos de tecnología e ingeniería, ya que aún pueden tener dificultades en el mercado laboral cuando intentan tener éxito en campos dominados por hombres.

Educación y transporte

Los datos en este punto sugieren que las inversiones en el capital humano femenino pueden tener un efecto multiplicador en el avance de la igualdad de género: apoyar a las niñas para que se conviertan en las mejores estudiantes no solo tiene un efecto positivo en ellas, sino también sobre sus futuras compañeras. Este resultado también arroja luz sobre el papel de la tutoría al sugerir que las estructuras sociales que promueven las interacciones entre mujeres de alto y bajo desempeño podrían aumentar la equidad de género.

El informe también se centra en otros factores, además de la formación de capital humano, que pueden contribuir a las desigualdades de género en el mercado laboral. Utilizando datos de Buenos Aires, se muestra que los patrones de movilidad pueden restringir el acceso de las mujeres al trabajo. Las mujeres realizan más viajes diarios que los hombres, viajan más fuera de las horas pico, caminan o utilizan más el transporte público y dedican una parte importante de los viajes a las responsabilidades de cuidado.

Además, las mujeres tienen peor acceso al trabajo que los hombres debido a los mayores costos de viaje y las distancias más largas, señala el BID, que agrega que este patrón es particularmente destacado en el quintil más bajo de ingresos. Lo que pone de manifiesto la importancia de las políticas urbanas y de transporte sensibles al género para fomentar la participación de las mujeres en el mercado laboral y la autonomía económica de las mujeres.

Resaltan las autoras la necesidad de que los países del Cono Sur se enfoquen en un crecimiento sostenido e inclusivo, para lo cual un buen comienzo sería implementar programas y políticas públicas que reduzcan la desigualdad de género y brinden a las mujeres la oportunidad de alcanzar su máximo potencial en el ámbito laboral y personal, lo que a la larga, redundará en beneficio de todos.