En nuestros últimos artículos, hemos venido examinando los fallos fatales de los principales razonamientos económicos del oficialismo, que llevan a que, una vez más, los ilusorios pronósticos de recuperación económica se vean frustrados por la realidad.

Hemos mostrado ("Sin piso para la Supercrisis", BAE Negocios, 10/6/19) que la primera de las conjeturas oficiales1, relacionada con el resultado de la Balanza Comercial (BC), carece totalmente de consistencia. El saldo positivo de la BC no se alcanzó por la revitalización de las exportaciones, sino que se basa en la caída de las importaciones, por lo que sólo es sostenible en tanto la depresión continúe, dado que mayores niveles de actividad implican el inmediato retorno a los resultados deficitarios2.

También vimos la semana pasada, que mejorar las cuentas fiscales continúa siendo una quimera, ya que no es factible alcanzar el saldo neutro entre los ingresos y gastos corrientes (resultado fiscal primario), por la velocidad de la caída de la recaudación tributaria, que supera a la del recorte de las erogaciones, además de que los elevados servicios de deuda imposibilitan cerrar el déficit financiero.

A ello hay que sumar los efectos de la acción del BCRA, que constantemente asume deuda nueva (sólo en Leliq se aproxima a $1,2 billones), devengando servicios inusitadamente altos, a lo que hay que agregar que, con tipo de cambio constante, la tasa de interés en pesos se traslada linealmente como tasa en dólares, lo que potencialmente duplicaría en un año el capital invertido en un carry trade.

Este descalabro de las cuentas públicas, con un déficit fiscal total (DFT3) que ronda el 12% del Producto Interno Bruto ( PIB), parece un autoatentado de las autoridades contra su propia conjetura.

En estas condiciones, cuando para el sector privado el crédito resulta inaccesible, tanto por las prohibitivas tasas de interés como por el volumen de ahorro absorbido por el sector público, el efecto sobre la actividad económica es asfixiante y la reactivación, imposible.

La tercera de las apuestas cambiemitas, es la de la mejora en el consumo privado, por el incremento en el poder adquisitivo de los ingresos populares que se produciría al disminuir los índices de inflación.

A diferencia del conocido mentalista que decía "puede fallar", esta tercera conjetura "necesariamente fallará".

El reparto de la torta, cuando es más pequeña
Los comportamientos de las dos principales variables (ingresos e inflación) que constituyen los puntos de partida de la presunción oficial son de dudoso ajuste a la realidad imperante.

Por una parte, pese a la contracción de los saldos monetarios reales que ejecuta el BCRA desde setiembre del año pasado y la severa profundización de la recesión inducida, dicha política no tuvo efectos sustantivos en la reducción de la inflación, que ronda, en el acumulado de los últimos 12 meses el 60% en la variación de los precios al consumidor y se acerca al 70% en la de precios mayoristas. No hay a la vista descenso, significativo, de la dinámica inflacionaria.

La otra cara de la conjetura, la mejora en el poder adquisitivo de los sueldos y salarios, (Remuneración al Trabajo Asalariado -RTA-), y el resto de los ingresos populares (jubilaciones, pensiones y asignaciones), también es errónea, en tanto los porcentajes de crecimiento de esas retribuciones se encuentran por debajo de los de los precios de bienes y servicios a consumir. Como se sabe, "los salarios suben por la escalera, los precios por el ascensor".

De modo que no es esperable una secuencia en la que, al revertirse tal dinámica, se traslade al consumo y éste estimule la producción y la inversión.

Es que, en un contexto de contracción del PIB, no es posible aumentar la participación de la RTA sin que sea en desmedro del Excedente de Explotación Bruto (EEB), es decir de la porción del Valor Agregado Bruto, que a posteriori de netear amortizaciones, corresponde como retribución a los dueños del capital como Excedente de Explotación Neto.

El efecto sobre la actividad económica es asfixiante y la reactivación, imposible

El persistente incremento, en proporción, de los costos fijos sobre cada unidad vendida (producto de la depresión) imposibilita que se incremente el salario por encima de los precios, ya que ello sólo aceleraría los quebrantos empresariales dada la baja de la productividad de la mano de obra, por razones no atribuibles a ésta, sino como efecto de las brutales condiciones imperantes.

No es razonable en este marco otorgar, aunque sean mínimas, probabilidades de ocurrencia a un cambio en la distribución funcional ingreso a favor de la RTA.

Como ya afirmamos, la falta de ventas y las exorbitantes tasas de interés vienen disminuyendo la rentabilidad de las compañías, casi sin excepción, a punto tal que las principales noticias de cada día (para quienes entendemos la economía desde la producción), son las que dan cuenta de cuál es el establecimiento que cerró o suspendió a su personal y cuáles las compañías que han entrado en procesos preventivos de crisis o solicitado la quiebra.

En este marco, con sus colaterales de destrucción de empleo y actualizaciones de ingresos por debajo de la inflación, la masa salarial no puede crecer y, por el contrario, tiende a disminuir.

Entre lo certero y lo posible
A diferencia del mencionado mentalista, que a pesar de la meticulosidad y rigor de su trabajo reconocía que podría haber factores no controlables que afectaran los resultados de las pruebas, el plantel económico gubernamental va improvisando, ensayando "a tontas y a locas" soluciones a los problemas (de magnitud creciente) que él mismo genera, sin tener en cuenta su complejidad y, por lo mismo, obteniendo resultados notoriamente distantes de los esperados.

Ello explica los frecuentes virajes, que siempre son presentados como "el único camino", en las decisiones económicas del gobierno, al igual que el devastador panorama que atraviesa el aparato productivo nacional.

Los pronósticos oficiales, por enésima vez, fallarán, constituyendo el único horizonte de certezas.

Las verdaderas esperanzas para nuestro aparato productivo se encuentran en el orden de lo posible y dependen, íntegramente, de las representaciones institucionales (políticas y sectoriales), en tanto sean capaces de producir un rotundo viraje, que abra paso a un proceso de sentido opuesto al transitado hasta ahora, y así restituir los equilibrios macroeconómicos, dinamizar los mercados, y proteger al entramado social, en forma simultánea.

1 “En esta nueva ola de optimismo infundado, (el oficialismo) plantea casi desesperadamente que a partir del segundo cuatrimestre la economía revertirá su tendencia, debido a:

  • el saldo positivo de la Balanza Comercial (BC) que disminuye el déficit de la Cuenta Corriente de la Balanza de Pagos, y que a través de la oferta de dólares que genera en el mercado cambiario contribuye a su aparente estabilidad;
  • la búsqueda del equilibrio entre los ingresos y gastos operativos (déficit primario cero), que coadyuvaría a la disminución del Déficit Fiscal Total lo cual, vía la baja del riesgo país y la subsecuente disminución de la tasa de interés nominal, facilitaría el proceso de inversión privada, y
  • la mejora en el consumo privado producto del incremento en el poder adquisitivo de los ingresos populares, que se produciría por la disminución en los índices de inflación.”

2 Si las cantidades importadas fueran iguales a las de un año atrás, pero a los precios del período actual (que son inferiores) el resultado de la Balanza Comercial, para los primeros cuatro meses de 2019, hubiera sido deficitario en más de US$2.900 millones, una diferencia de aproximadamente US$6.100 millones respecto los US$3.200 millones de superávit oficialmente observado.

3 El DFT incluye los déficits de Nación, provincias, municipios y el cuasi fiscal generado por los pasivos netos remunerados del BCRA.

*MM y Asociados