En la mitad del siglo pasado uno de los economistas argentinos más reconocidos, Raúl Prebisch, instaló una teoría que sigue presente y pone claridad académica sobre la efervescencia retórica del gobierno para anunciar el acuerdo Mercosur-Unión Europea. Prebisch reflexionó sobre lo que ocurre con el intercambio de bienes entre países centrales y los que llamó periféricos. El pilar de su teoría fue que el encarecimiento relativo de las importaciones de países, que como el nuestro, se da como tendencia y la definió como “caída de los términos de intercambio”. El Mercosur tiene una mayor productividad en bienes primarios y según Prebisch, el precio de éstos desciende respecto a manufacturas en las que se especializan los países centrales y que, según el supuesto trazo del acuerdo, nosotros compraríamos generando una espiral de empeoramiento para las cuentas de la región.

Lo que conocemos de lo firmado no trae buenas noticias. Es un típico pacto de libre comercio, que le rinde pleitesía a las ventajas comparativas. Hará que sectores agroexportadores y mineros asomen al paraíso europeo. La contraparte, el sector pyme, grandes generadoras de empleo, sufrirán un efecto adverso. Hay que tomar, por ejemplo, la industria automotriz tan importante en Córdoba como desvastada por este gobierno. Colapsará cuando ingresen al país autos y autopartes del viejo continente, fenómeno que se replicará en sectores como el textil o el calzado. Mientras se ahoga a las pymes con una tasa de interés desorbitante, consumo inexistente y demás penurias por todos conocidos es que en Europa esas pequeñas empresas tienen subsidios gigantescos a la producción.

Si recurrimos a los datos, podemos ver que Argelia, Chile, Egipto, Marruecos, México y Sudáfrica firmaron Acuerdos de Libre comercio con la UE, y vieron aumentar mucho más las importaciones desde Europa que las exportaciones hacia allí. La balanza comercial de Argelia tuvo un déficit de u$s 13.387 millones, la de Chile u$s 6.676 millones, la de Egipto u$s10.481 millones, la de Marruecos 5.826 millones, la de México 17.976 millones y la de Sudáfrica 598 millones.

Nada bueno. Sólo hace falta recordar lo que ocurrió con nuestras industrias en los 90' respecto al peligro que se corre. Las diferencias de productividades son claras, las asimetrías evidentes, sumado al problema de la heterogeneidad estructural de nuestro país. Eso no vuelve imposible un acuerdo de libre comercio, solo debemos ser conscientes de que ese camino nos llevará a más pobreza, a un país para menos argentinos.

Argentina debe generar acuerdos comerciales, es preponderante para generar los dólares tan necesarios para nuestra economía, pero debe hacerlo con una orientación Sur-Sur, con otros países emergentes, entre ellos, India, Vietnam, Corea. Estos tienen una estructura productiva que se complementa con la nuestra, generando una sinergia muy especial que termina creando empleo, bajando la pobreza y generando crecimiento. Prebisch tenía razón y lo demostraron los datos, excepto en “periodos excepcionales”, ya que los términos de intercambio se deterioran. Pero para quienes consideren al estructuralismo como algo vetusto, es el mismo Indec quien echa por la borda las intenciones de liberalizar el comercio con Europa en los términos planteados.

Según el organismo estadístico, entre 1993 y 2018, las exportaciones de la Argentina hacia la UE crecieron 141%, y las importaciones, 157%. Por otro lado, en 2018, el 19,2% de las exportaciones del Mercosur se destinaron a la UE, mientras el 21,9% de sus importaciones provinieron de ese bloque. Como corolario y solo para ensayar una breve muestra de lo que ya sucede sin acuerdo de libre comercio, durante los primeros cinco meses de 2019 la Argentina exportó US$ 3.153 millones a la UE e importó US$ 3.948 millones. En términos futbolísticos, una goleada en contra.

En síntesis, si queremos acuerdos con países de “centro”, por cuestiones de pureza ideológica, podemos avanzar en el sentido planteado por el gobierno, pero el costo será altísimo: desempleo, pobreza y caída económica.

En cambio, si buscamos una inserción inteligente, que rompa con los modelos de dependencia, debemos buscar soluciones para superar la falta de crecimiento y desarrollo de nuestra región, saltar los límites de la diversificación productiva y romper con la heterogeneidad estructural que azota nuestras economías. Debemos promover un desarrollo con más igualdad, para que esa combinación modifique la forma en la que nuestra región se inserta en el mundo. La manera de empezar es con instituciones fuertes y un modelo desarrollista, gobiernos que piensen estratégicamente la economía, con riguroso análisis académico e histórico, pero que no olvide, que el fin principal, es el bienestar de la mayoría de argentinos.

 

 

(*) Analista Económico, Director de Consultora Valores

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