Detrás del discurso sobre la falta de compromiso del Mercosur en torno al medioambiente, la Unión Europea (UE) es la responsable de que el acuerdo ya firmado no avance. En este sentido, la UE debió enviar hace muchos meses un documento con nuevas exigencias y no lo hace, al tiempo que incumple consensos sobre productos como los quesos.

Así lo revelaron a BAE Negocios fuentes diplomáticas al tanto de las casi paralizadas conversaciones, mientras las autoridades de la Comisión Europea siguen culpando al bloque sudamericano de no asumir responsabilidades respecto de la deforestación del Amazonas.

"La UE nunca envió al Mercosur un documento con exigencias adicionales sobre el compromiso ambiental. Y también subsisten las diferencias sobre lo que se llaman las indicaciones geográficas, esencialmente en el segmento de los quesos", detallaron las fuentes a este medio.

De acuerdo con el artículo 35 inciso 9 del capítulo de Propiedad Intelectual, perteneciente al acuerdo Mercosur-UE firmado a mediados de 2019, es una obligación del bloque europeo permitir el uso de denominaciones históricas "que para Argentina, son Reggianito, Parmesano, Fontina y Gruyere", puntualizaron desde el Palacio San Martín.

"Es el 99% del problema relacionado con indicaciones geográficas", dijeron, que en otro momento abarcaron otros bienes ya destrabados. "Esto cambia para cada Estado parte; la UE no cuestiona la existencia de una lista, pero quieren evidencia de que las empresas efectivamente comercializaron los quesos", comentaron en un razonamiento que roza lo ridículo.

Amazonas

En esta dirección, si bien la destrucción del Amazonas aparece en la agenda mediática, el Mercosur -mientras espera las exigencias medioambientales en un papel- quiere que se resuelva lo que está comprometido en el acuerdo.

"La Unión Europea está buscando compromisos significativos sobre el cambio climático y la deforestación de Brasil y otros países del Mercosur para fines de 2021 para impulsar un acuerdo comercial", dijo en forma reciente el comisionado europeo de comercio, Valdis Dombrovskis, desviando claramente la atención porque son las propias internas de la UE las que frenan todo el proceso.

El pacto comercial alcanzado en 2019 con las naciones del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) después de dos décadas de conversaciones promete ser el acuerdo más grande de la UE, eliminando 4.000 millones de euros (USD4.800 millones) de aranceles de importación sobre sus productos.

Sin embargo, existen dudas de que alguna vez entre en vigor debido a las preocupaciones europeas sobre la deforestación del Amazonas y el escepticismo sobre el compromiso de Brasil con el acuerdo de París sobre el cambio climático.

"La Unión Europea ha dejado en claro que necesitaremos un compromiso significativo del Mercosur en estos temas antes de que podamos proceder con la ratificación", dijo Dombrovskis en un seminario en línea sobre el tema.

2022, con suerte

Debido a la deforestación del Amazonas supuestamente alentada por el gobierno de Brasil, la Unión Europea -como adelantó este medio- no firmará este año el acuerdo de libre comercio con el  Mercosur, aunque ya se encuentra consensuado desde el año pasado, y recién entraría en vigor como mínimo a fines de 2022.

"Existen varias naciones europeas que ven con preocupación el desastre ambiental en la Amazonia y los supuestos intereses de Brasil en la deforestación", afirmó una fuente uruguaya. Muchas dudas se ciernen sobre los intereses económicos del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, en el ataque a uno de los mayores "pulmones" del planeta.

A esto se suma que aún no finalizó la revisión legal del Tratado de Libre Comercio y todavía faltan las traducciones a todos los idiomas, pero el detonante de la crisis es la actuación de Brasil que mostró el enfado de la canciller alemana Angela Merkel y otros líderes en este proceso.

"El escenario más optimista es que el tratado entre en vigor a fines del 2022, pero hay mucho camino por recorrer", indican en el  Mercosur.

La situación seguiría siendo difícil en vista de la actitud de varios países con respecto al acuerdo. El portavoz del gobierno alemán, Steffen Seibert, dijo que el Ejecutivo veía con gran preocupación la deforestación y los desmontes de tala y quema. "Y en este contexto se plantean serias dudas sobre si la aplicación del acuerdo en el espíritu previsto se garantizaría en la actualidad. Vemos esto con escepticismo", observó.

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