Argentina fue el segundo país emergente con mayor crecimiento del gasto primario. El primer puesto se lo llevo Brasil por un amplio margen. Mientras que a nivel local la suba real fue del 25%, el país vecino lo incremento en casi 40%. Si se pone a los países desarrollados en la cuenta, aparecen unos cuantos con más presencia del estado para intentar moderar la caída del ingreso: Estados Unidos es el principal, con una suba real de más del 70%.

Los números fueron publicados por un informe del Instituto of International Finance (IIF), el think tank de los más grandes bancos comerciales y de inversión del mundo. El caso argentino presenta algunas particularidades: el rojo primario fue financiado prácticamente en su totalidad por emisión monetaria y, como el peso no es una moneda utilizada para ahorrar, eso implicó e implicará presiones sobre la cotización del dólar, en sus versiones paralelas al oficial, dado el cepo cambiario.

El Gobierno ajustó el gasto pandémico en los últimos meses del año, segmentando con fuerza el ATP y reduciendo al mínimo los pagos de IFE. Pasó de erogaciones mensuales de $100.000 millones en esos dos conceptos, a mediados del 2020, a otras por $11.000 millones en diciembre. Aun así terminó con un déficit de 6,5% del PBI.

El ATP y el IFE fueron claves contra el desempleo

El esfuerzo fiscal para mitigar las brutales caídas del consumo, la inversión y las exportaciones, que se dieron por las contracciones del ingreso de los hogares y las empresas tanto en el país como en los socios comerciales, estuvo en niveles similares a los de algunos países desarrollados. Tuvo algunos efectos en la actividad económica.

Aunque el producto de Argentina estuvo entre los que más cayeron del continente, y entre febrero y octubre acumuló una contracción de 5% del PBI (Estados Unidos una de 5,1% y Chile una de 7,4%), el ATP tuvo una participación importante en el hecho de que el empleo no cayera con tanta fuerza como en el resto. De hecho, después de Uruguay, Argentina fue el segundo país con menos incremento del desempleo a lo largo de la pandemia.

Aun así, tal como destacaron desde el IIF, el gran riesgo es que resulta muy difícil recortar gastos fiscales una vez que se los incrementa. Y en Argentina eso es más problemático porque la totalidad del rojo fue financiada por el BCRA con emisión. Mientras que el déficit primario fue de $1,7 billones, la asistencia al Tesoro por parte de la autoridad monetaria fue de $2 billones. De ahí las grandes presiones que ensancharon la brecha cambiaria y que todavía son nubarrones en el horizonte.

El informe del IIF destacó: “Los déficit fiscales de los países emergentes llegaron a niveles récord el año pasado. La pandemia golpeó al crecimiento y los ingresos tributarios y, contrario a lo que pasó en otras crisis, la mayoría de los emergentes reaccionó con incrementos sustanciales del gasto frente al shock. Muchos países aumentaron el gasto real en forma significativa y, por ende, el mero crecimiento no va a solucionar las cosas. Bajar los rojos va a implicar recortes del gasto, lo que puede llegar a ser política y socialmente complicado. La cuestión va a ser especialmente difícil en Argentina y Brasil, donde el gasto creció especialmente mucho durante el año pasado. El consenso marcó que los países iban a poder soportar rojos elevados por untiempo. Pero, de cualquier forma, achicarlo ahora es de mucha importancia porque estos países no tienen monedas que se usen como ahorro”.

Dólar inquieto y empuje al PBI: ese duro equilibrio

En otro informe publicado esta misma semana, el think tank banquero señaló que durante el 2021, igual que en el año pasado, y tal como reconocen desde el Ministerio de Economía, Argentina no logrará evitar una monetización del déficit y que eso tendrá impacto inflacionario. Si bien con cepo las presiones cambiarias van a los paralelos, la brecha que se genera termina presionando también sobre el oficial. Para el 2021, además, la demanda de dinero volvería a la normalidad, luego de una fuerte suba en el 2020. Y ahí la herramienta para combatir una aceleración en la devaluación y la inflación son unas reservas netas relativamente flacas, de USD5.000 millones.

“Eliminar el déficit va a ser imposible, una política fiscal y monetaria consistente va a ser necesaria si se quiere mejorar, si no se ve una consolidación fiscal sustancial el crecimiento de los agregados monetarios van a seguir desestabilizando”, afirmó el IIF. Desde Economía prevén un rojo fiscal de 4,5% en 2021, aunque ese número, reconocen, podría ser de máxima e incluye un margen extra, por si las condiciones de la pandemia obligan a tomar medidas extra. Claro que, en año electoral, los incentivos a ajustar el gasto son menores.

En ese sentido, para el IIF un 4,5% no alcanzará para moderar los riesgos: “Nuestros modelos sugieren que una baja adicional del gasto es necesaria. Un rojo primario de 3% o 3,5% del PBI relajaría las presiones monetarias y ayudaría a bajar la inflación”.

El IIF realizó una investigación en la que recopiló 104 casos de incrementos del gasto fiscal por encima del 3% del PBI anual, en países desarrollados y emergentes, desde 1970 hasta el presente. Encontró que solo en 16 casos, en los cinco años siguientes, se logró volver a los niveles previos.

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Mariano Cuparo Ortiz

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