El BCRA achicó el spread bancario y de esa forma limitó en forma relativa las ganancias de las entidades financieras, de forma tal que la dinámica de tasas generó una suba de la remuneración que los ahorristas reciben por ahorrar en pesos y a la vez no se resintió el costo de acceder a financiamiento para consumo y capital de trabajo. De esa forma, desde que retomaron la actividad en abril, los bancos privados vieron caer sus ganancias en 13,1% real. Con todo, la política de tasas sigue teniendo sabor a poco y el spread sigue siendo pronunciado.

La caída de la ganancia de las entidades financieras se dio en un marco particular. En la previa a la pandemia obtenían mejoras en su rentabilidad, al mismo tiempo que sus niveles de actividad caían en forma estrepitosa. En agosto, en cambio, la intermediación financiera creció 4,1% y fue el único sector que le aportó mejoras al PBI.

Sin embargo, las entidades tuvieron que sufrir una moderación en sus números. En el 2019, en cambio, por la tasa de política monetaria que llegó al 86%, obtuvieron márgenes crecientes por la vía de las Leliq, incluso trabajando menos. En agosto del año pasado, por caso, los bancos habían logrado aumentar sus ganancias 56% en términos reales, respecto al mismo mes del 2018. Y eso se dio al mismo tiempo que, según el Indec, la intermediación financiera sufría un derrumbe de 16,4%. La megatasa de interés volvía prohibitivo el acceso a créditos pero los bancos ganaban más.

En cambio, en agosto del 2020 el stock de préstamos se mueve por encima de la inflación. En la comparación interanual creció 8,2% real y respecto al mes anterior mejoraron 1,3% real, de la mano de las tarjetas de crédito y los créditos productivos. Es decir, sostenidos por los programas oficiales de subsidio a las tasas de interés, a través del ATP (terminaron ofreciendo 24% para capital de trabajo y 0% para consumo de monotributistas y autónomos). 



A la par, el stock de  plazos fijos creció 14,7% interanual en agosto. Trepó además 3,6% respecto al mes anterior. Eso de la mano de la política del BCRA que buscó mantener la tasa de interés alineada con la tasa de devaluación de 2,7% (en octubre se interrumpió ese ritmo relativamente regular) y por encima de la inflación (eso también se habría roto en octubre, con un IPC esperado con piso de 3%). Para eso, forzó una suba desde una en torno a 26% en abril a otra de 32% en agosto y de 33% en octubre.

Un informe del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO) señaló al respecto: "El BCRA continúa promoviendo el acceso al crédito por parte de las familias y empresas, al mismo tiempo que impulsa el ahorro en moneda local". Y, en base a sus propias estimaciones (para el BCRA el diferencial es de sólo 18,7 puntos), señaló: "Un punto para no perder de vista tiene que ver con el spread bancario, es decir, la diferencia entre la tasa que cobra una institución por financiar a un cliente por 30 días y lo que le paga a otro que le deposita fondos por el mismo periodo. Si bien el spread bancario se redujo considerablemente luego de las medidas adoptadas por la autoridad monetaria a partir de abril, la diferencia entre la tasa activa y la tasa pasiva se sitúa por encima de los 20 puntos (en abril el spread rondaba los 32 puntos)".

Al margen, varios análisis privados recientes criticaron con distintos tonos la política de tasas del BCRA. Desde la ortodoxia, los incrementos del tipo de interés de referencia vienen siendo reclamados desde hace rato. Desde la heterodoxia, también. Si bien existe la idea de que una suba de tasas es contractiva, más aun lo es una devaluación y por eso distintos informes vienen pidiendo una mayor remuneración al ahorro en pesos.

Desde PxQ señalaron al respecto: "La presión en el mercado cambiario existe y viene asociada a dos factores que tienen que ver con la cuenta capital: por el lado local, un exceso de liquidez derivado de la expansión fiscal por la pandemia y una tasa de interés presionada a la baja desde el desarme de Leliq, que no compensa el riesgo de mantener una posición en pesos ante un aumento en las expectativas de inflación y devaluación; por el lado de los no residentes, debido a fondos con posiciones en títulos en moneda local y que ante su intención de dolarizarse ponen presión sobre el tipo de cambio financiero".

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Mariano Cuparo Ortiz

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