Luego de caer 2% real en junio por cuarto mes consecutivo, y encaminarse en julio a una nueva baja real en torno al 1,7%, el precio del dólar se acomoda como para experimentar un año de atraso comparado a lo ocurrido durante el también electoral 2007. Siguiendo las expectativas inflacionarias y lo marcado por el Presupuesto, la caída real será de 11,5%. Aun así, coinciden los analistas, el año terminará sin un deterioro de la competitividad. Eso sí: el acuerdo con el FMI, el crecimiento de la economía y la futura recomposición del turismo obligarán a una corrección poselectoral.

La consultora LCG reseñó la dinámica actual: “El dólar oficial promedia una tasa de depreciación del 17% nominal anual. Con esto, el BCRA sigue sosteniendo su postura de convalidar un deslizamiento del tipo de cambio sensiblemente por debajo de la dinámica que muestran los precios, de 46% nominal. El tremendo atraso del tipo de cambio real no terminaba de reflejarse gracias a la apreciación del Real, de 5% en junio. Pero en la última semana, el Real brasilero se devaluó 3,1% poniendo presión a la competitividad precio del país”. 

Hay atraso al comparar una punta contra la otra, es decir al mirar los niveles de junio contra diciembre. Ahí la baja supera el 5% y llegará a rondar el 11,5%, según estimaciones de la consultora Equilibra, si se da lo que pautó el presupuesto. Algo similar al 12%, tal como estimó la consultora, que se observó en 2007, año top en materia de atraso cambiario electoral. 

Sin embargo, el dólar no está atrasado en sí, no muestra deterioro al comparar con su valor promedio de los últimos cincuenta años y no lo mostrará tampoco al finalizar el 2021. Si se toma el último bienio, hay un virtual empate: la caída real de lo que va del año “devuelve” lo ganado en el 2020, tal como destacó el economista Sergio Chouza. Eso sí: con acceso vedado a los mercados de deuda, una suba de las importaciones de la mano de la reactivación y la vuelta del turismo, habrá que ajustar y volver a poner al crawling peg por encima de la inflación.

El economista jefe del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO), Nicolás Pertierra, señaló: “Para 2022 el crecimiento va a achicar el margen, porque va a implicar mas importaciones. Lo más critico creo que va a ser el segundo semestre del 2022, que hoy queda bastante lejos. Ahí va a haber un nivel de actividad más alto, un mayor nivel de turismo y una liquidación 2022 ya resuelta. No la veo inmediata a las poselecciones, sino en 2022. Igual van a querer replicar lo del 2020, con un crawling peg apenas por arriba de la inflación. En algún momento del 2022 se va a resignar el ancla cambiaria”.

Para la consultora Equilibra, todos los indicadores de competitividad dan bien: el tipo de cambio multirateral y el bilateral están por encima del promedio de los últimos 50 años. Si se ajusta el dólar sojero por los precios de los commodities, más aun. Si se evalúa el costo laboral unitario relativo a Brasil y Estados Unidos, la caída real de los salarios los llevó a acortar las diferencias y el 2021 no será una excepción ya que, si bien todo indica que habrá repuntes, el promedio del año terminará en caída.

Dólar y tarifas: la necesidad de una corrección poselectoral

Aun así, concluyeron que después de las elecciones el dólar deberá, al menos por un tiempo, superar a la inflación: “Con un precio internacional de la soja un poco más bajo que los altos valores de 2021, un nivel de actividad económica en 2022 en promedio 1,5% más alto que este año y con cierta normalización de los flujos de turismo internacional, el saldo de cuenta corriente abandonaría el terreno superavitario. En una situación normal, un déficit de menos de un punto del PBI sería fácilmente financiable con ingresos de capitales externos, pero en el actual contexto de aislamiento financiero se dificulta”.

Y agregaron: “El ritmo con que este proceso ocurra dependerá en gran medida de las negociaciones con el FMI y qué se acuerde con el organismo en términos de metas de acumulación de reservas por parte del BCRA. Creemos que un acuerdo con el FMI involucrará una política cambiaria que permita recomponer el debilitado stock de reservas internacionales de la autoridad monetaria, lo cual implicaría menor intervención vendedora en los mercados de cambios y, por añadidura, tipos de cambio algo más altos”. 

En eso último coincidió el economista jefe de Econviews, Andrés Borenstein, que agregó a la dinámica del atraso tarifario a la ecuación: “No estoy tan seguro de que vayamos a tener déficit de cuenta corriente, porque no creo que la recuperación del 2022 sea robusta. Sí creo que, en el marco de un acuerdo con el FMI, el dólar va a ir más arriba. Con las tarifas pasa algo parecido porque vas a necesitar un sendero fiscal consistente y eso tarde o temprano te llevar a bajar subsidios. Eso es más fácil que reducir mas las jubilaciones. Además la suba de tarifas en el margen te mejora la cuenta corriente, porque se importa menos gas”.

En ese sentido, una disgreción: cabe destacar que los servicios públicos anotaron una suba de apenas 9,4% en los primeros cinco meses del año, lo que al compararse con la inflación de 21,5% en el mismo período implica una caída real de 9,9%. 

Para Chouza, “tranquilamente puede haber un corrimiento a fin de año o principios del 2022 y que se dé una dinámica parecida a las del 2020, con el dólar entre 4 y 6 puntos por arriba de la inflación”.

“Sobre la cuenta corriente, depende de varias cuestiones y no está del todo claro que el flujo turístico se normalice a la misma velocidad que las actividades internas, yo creo que va a estar bastante equilibrado y soy escéptico de que los commodities peguen la vuelta, así que la pata comercial puede cubrir los otros desbalances y la posibilidad vedada de acceder a financiamiento”, señaló.

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