Una de las formas más claras de observar la desigualdad de género en el plano económico es analizar la diferencia de ingresos entre varones y mujeres, lo que se conoce como brecha salarial. Sin embargo, hay otro indicador clave en el análisis de esta problemática: el patrimonio.

Un estudio del Centro de Economía Política Argentina ( CEPA) demuestra que existe una "distribución asimétrica" de la titularidad de propiedades según el género, ya que las mujeres tienen menos bienes a su nombre, los cuales, además, "valen menos que los de los varones". Así, "la feminización de la pobreza tiene su contrapartida en la masculinización de la riqueza", considera el centro de estudios.

¿Qué es la brecha patrimonial? Se trata de la "desigual distribución de las propiedades entre varones y mujeres", lo cual CEPA analizó en base a los datos de quiénes pagan el Impuesto a los Bienes Personales de Afip en 2018, ya que es "el impuesto más progresivo que tiene la estructura tributaria argentina, que a su vez es de carácter patrimonial". El análisis surge con el disparador del Aporte Solidario y Extraordinario de las Grandes Fortunas, en medio de la pandemia de Covid-19.

El impuesto a los Bienes Personales se aplica sobre la valuación total del patrimonio para cada ejercicio fiscal, y alcanza a todo tipo de bienes. El monto mínimo a partir del cual se aplicaba en el año 2018 era de $1.050.000 en valores patrimoniales. Es decir, superado ese monto, una persona debía pagar una alícuota establecida según el rango sus valores patrimoniales.

El informe encontró que hay "una clara distribución asimétrica en la distribución de la titularidad de los patrimonios según género", ya que "la cantidad absoluta de mujeres alcanzadas por el impuesto para dicho año sumó 237 mil casos aproximadamente", lo cual representa "la mitad de la cantidad de varones" en el último registro disponible, de 2018. Esto quiere decir que "del 100% de las personas alcanzadas por el impuesto, el 34% corresponde a las mujeres y el 66% a los varones".

Si se considera el valor de los bienes en posesión de los varones respecto de las mujeres, la diferencia es aún mayor: al año 2018, sobre el valor total de los bienes declarados, el 72% correspondían a los varones, mientras que las mujeres poseían el restante 28%. Esto, teniendo en cuenta que los registros oficiales hacen la diferencia por "sexo", por lo cual no hay información respecto a otros géneros y tampoco sobre la población LGBTIQ+.

Al observar la evolución histórica de la participación de las mujeres en la composición de las personas alcanzadas por el impuesto a los bienes personales, se extrae que si  bien se fue incrementando sostenidamente desde el año 2009, "está lejos de resultar equitativa". Al año 2018 la participación asciende a 34%, 8 puntos porcentuales más que en 2009, cuando había sido aún más regresiva, de 26%.

Con respecto a la valorización de los bienes declarados por mujeres, el estudio de CEPA arrojó que "si bien la misma se ha incrementado, lo hace a un ritmo 50% menor que el incremento de la cantidad de titulares mujeres en el impuesto". "Si la cantidad de mujeres titulares de patrimonios que pagan Bienes Personales crece al 3% anual acumulativo entre 2009 y 2018, el valor de sus patrimonios sobre el total de los bienes declarados crece al 1,5% acumulativo en igual período", indicaron.

"Esto significa que no solamente las mujeres son un tercio de los titulares del impuesto a los Bienes Personales, sino que además el valor de sus bienes es aún más bajo que ese tercio que representa su titularidad. En otras palabras, los bienes de las mujeres en promedio valen menos que los de los varones. Adentro del segmento de la riqueza que paga impuestos patrimoniales en Argentina, las mujeres son menos ricas que los varones", afirma el documento.

El centro de estudios concluye que "la feminización de la pobreza tiene su contrapartida en la masculinización de la riqueza en una sociedad donde el 10% de la población con más ingresos está compuesto en un 62% por varones, mientras que el 10% con menos ingresos está compuesto mayormente por mujeres (69%)".

La brecha patrimonial es un aspecto más de la desigualdad, complemento de la más conocida brecha salarial. En 2019, las mujeres percibieron, en promedio, una masa salarial 23% más baja que la de los varones, de acuerdo a datos que tomó CEPA del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) y la Afip sobre el empleo registrado privado.

Si bien "existe una creciente incorporación" de las mujeres al mercado laboral, "se mantienen las desventajas" hacia ellas en la "dificultad de acceder a determinadas profesiones que están masculinizadas", lo que se conoce como "paredes de cristal", y en "la dificultad de desarrollarse profesionalmente y ascender a cargos jerárquicos", o "techos de cristal".

"La relación entre los niveles de ingresos de las mujeres y de los varones es un indicador síntesis de la brecha salarial de género y expresa tanto el grado en que las mujeres acceden al mercado de trabajo como los niveles monetarios que obtienen en comparación a los varones. Los datos muestran que, incluso en el universo del empleo registrado, prevalecen elevadas brechas salariales de género", indicó CEPA.

A fines de 2019, un 28% del total de las mujeres trabajadoras del sector privado registrado se encontraba en el segmento de menores ingresos, es decir, percibiendo menos de $20.000 brutos al mes. En los varones, este segmento de menores ingresos representa una cifra menor, alcanzando sólo al 22,8% del total.

"A la inversa, a más ingresos, más varones. Resulta interesante distinguir que, cuando se superan los $50.000 de ingreso mensual bruto, el predominio es masculino: entre $50.000 y $100.000 pesos de ingreso bruto, se encuentra el 24,3% de los varones y sólo el 20,7% de las mujeres", señala CEPA, y agrega que, "aún más, cuando nos posicionamos en el rango de salarios entre $500.000 a $2.500.000 y más, los varones son el 0,3% y las mujeres el 0,1%".