Con la información del mes ya completa, se supo: la brecha cambiaria terminó influyendo en las decisiones de exportadores e importadores y ya comenzó la temporada de especulación en la liquidación de divisas y el pago de las compras externas. Durante agosto se registró un desfasaje de USD1.287 millones entre las exportaciones declaradas en Aduana y los dólares efectivamente ingresados en el mercado de cambios. Además, se pagaron importaciones por un extra de USD444 millones respecto a lo declarado.

El BCRA publicó el informe de Evolución del Mercado de Cambios y Balance Cambiario correspondiente a agosto. Mostró que hubo un cambio de tendencia importante en la facturación de exportaciones e importaciones, en línea con lo que ocurre históricamente cuando crecen las expectativas de devaluación, en este caso claramente expresadas en la brecha cambiaria de niveles récord.

El fenómeno es similar al ocurrido, por ejemplo, durante el 2020. Y explica lo ocurrido hacia el cierre de agosto, cuando el BCRA tuvo que salir a vender dólares de las reservas para lograr mantener la estabilidad cambiaria y el ritmo lento del crawling peg elegido para la etapa electoral.

Durante agosto se achicó, y mucho, el superávit de la cuenta bienes, que es históricamente el que provee los dólares para cubrir las salidas de divisas que generan el turismo, hoy virtual y temporalmente apagado; los pagos de deuda de las empresas, ventanilla que por ahora se mostró en relativa calma; los intereses de la deuda, también temporalmente apaciguados por la renegociación lograda por el ministro de Economía, Martín Guzmán; y, sobre todo, la fuga de capitales, hoy controlada en el oficial gracias al cepo, aunque tendiendo a crecer y con el agregado de lo que ocurre en el paralelo, donde el Gobierno también gasta dólares para contener la cotización.

Así, el superávit de la cuenta bienes fue el menor en lo que va del año, al mirar los números de lo realmente ingresado y egresado en el mercado de cambios. Paradójicamente, o no tanto, en las declaraciones de Aduana la misma cuenta bienes había arrojado el mayor superávit del 2021. Los exportadores enviaron mercaderías pero hubo un desfasaje en el ingreso de los dólares generados por esas operaciones.

El mencionado superávit de bienes del mercado de cambios fue de USD608 millones menos de la mitad de lo registrado en julio, cuando había llegado a USD1.478 millones. En Aduana, en cambio, fue de USD2.339 millones. Una diferencia de USD1.731 millones que no ingreso a las reservas del BCRA y que se explicó, tal lo detallado anteriormente, por la especulación en los tiempos por parte de exportadores e importadores.

Así, el rojo de cuenta corriente fue de USD301 millones. Y es una importante señal de alerta acerca de la restricción externa que se avecina: se trata de un cambio de signo, el primer negativo desde noviembre del año pasado, cuando comenzó a estabilizarse la presión cambiaria generada, justamente por la especulación del sector oleaginosa y cereales, que tardó en liquidar exportaciones y que adelantó importaciones. En aquel caso, el Gobierno logró salir sano y salvo, sin tener que forzar una devaluación. Ahora se juega otro partido.

Y una cosa no quita a la otra: el agro fue el que aportó los dólares en agosto. El sector oleaginosa y cereales ingresó en términos netos USD2.693 millones, de la mano de los precios altos de los commodities.

El negativo de la cuenta corriente, que es la generación genuina de divisas, se terminó de redondear por el rojo todavía moderado pero ya bastante más parecido al de la prepandemia en la cuenta de turismo, que fue de USD318 millones. En total, el sector servicios terminó con un rojo de USD388 millones. Los intereses de la deuda generaron otra salida por USD527 millones.

En la cuenta financiera, los que salvaron las papas fueron los dólares del FMI, por el envío de DEG, que significó un ingreso de USD4.326 millones. Los pagos de deuda de las empresas restaron USD262 millones y la fuga del oficial otros USD82 millones, aunque la cosa se complicó un poco más en septiembre. Entre ambas estuvieron lejos de compensar el factor FMI, por lo cual hubo un superávit financiero de USD3.859 millones, que se compensará velozmente con los pagos de vencimientos al propio Fondo.

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Mariano Cuparo Ortiz

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