Arranca hoy la nueva ronda del programa oficial para sostener los ingresos de hogares, empresas y provincias en el marco de la pandemia. Entre el nuevo Ingreso Familiar de Emergencia ( IFE), la nueva ronda del ATP y la continuidad hasta el 30 de septiembre de los créditos a tasa cero, el paquete fiscal sigue creciendo y ya llegó a un total de 4% del PBI. Si se toma en cuenta la parte monetaria encarada por el BCRA, trepa hasta 6,5%. Por eso este año el rojo fiscal batirá el récord desde 1975 y llegará al 10,5% del producto. Con todo, en comparación con resto del mundo e incluso con la región, sigue siendo relativamente menor.

El cálculo lo publicó la consultora PxQ, dirigida por Emmanuel Álvarez Agis. Detalló: “El paquete fiscal (sin sumar la política monetaria) confirmado por el Gobierno para contener los efectos del coronavirus (Covid-19) totalizaba antes de estos anuncios 2,8% del PBI. Si se suma un nuevo pago del bono extraodinario  IFE y ATP completo alcanzaría 3,3%. Y si se estima el gasto en ATP para sectores críticos se llegaría a 3,6%. A su vez, el impacto de la reducción de impuestos a sectores afectados es de 0,4%. Así, el paquete fiscal completo alcanzaría 4% del PBI y el paquete económico, es decir, sumando la política monetaria, llegaría a 6,5% del PBI en el escenario de máxima monetarización”.

La política fiscal expansiva encarada por el Gobierno, que dejó bien atrás al rojo primario de apenas 0,4% registrado en el 2019, se chocó de lleno con una paradoja en el marco de la pandemia: con el multiplicador debilitado por la incertidumbre de los hogares a la hora de gastar y la propia imposibilidad de hacerlo frente a las restricciones de movilidad, la inyección de dinero no logra aplacar la contracción del PBI.

Por eso, además de batir el récord histórico de déficit fiscal de los últimos 45 años, el 2020 también batirá el récord histórico de caída del producto: el grueso de las proyecciones prevé una contracción superior a la de 10,9% que se observó en el 2002, a la salida de la convertibilidad. Según el promedio de las respuestas del último Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM) que publica todos los meses el BCRA, la baja será del 11,6% (según la mediana, del 12%).

Que las agresivas políticas fiscal y monetaria en el contexto de la cuarentena no logre impactar con mayor fuerza en la actividad, se explica por la lentitud del multiplicador. Lo explicó el director del CESO, Andrés Asiaín, a BAE Negocios: “La caída es brutal e incluso más fuerte de lo que esperábamos. Tiene como causa el cierre de sectores enteros por la cuarentena. Y también el cambio en los hábitos de consumo que implica. Eso debilita al multiplicador del gasto fiscal. Antes uno le compraba al almacenero y él con eso iba al restaurante, al cine, a la calle. Ahora se queda en el almacén. No se multiplica más. Turismo cerrado, bares, recitales, viajes. El Gobierno inyecta recursos pero se van al ahorro y por eso hubo presiones en el dólar"

De esa forma, explicó Asiaín, para neutralizar los efectos contractivos de la pandemia, y tratar de emular el efecto expansivo regular del multiplicador, el Gobierno se ve obligado a gastar cada vez más. La clave será el programa pospandemia, para el cual se espera un cambio de lógica hacia una expansión de la obra pública. La pregunta es cómo se financiará. Desde el CESO proponen poner a jugar una parte de los encajes bancarios en fideicomisos destinados a fondear proyectos (participar sería condición para que los bancos puedan acceder a Leliq).

El informe publicado por PxQ afirmó: “En términos históricos el gasto primario superaría en 2020 el máximo que, lejos de lo que se cree, ocurrió en el año 2016, con 24% del PBI. Por el lado de los ingresos corrientes, quedarían 3,7 puntos debajo del máximo de 2015, año en el que alcanzaron 20,1% del PBI. Si se piensa en el gasto Covid-19 como temporario, los egresos alcanzarían 21,2%, un nivel intermedio entre los años 2017 y 2018. Pensando en la pos pandemia (lo que sea que eso signifique), la recuperación de los ingresos del sector público y los esquemas que se determinen para la movilidad jubilatoria y para los ajustes de tarifas serán determinantes para la evolución de las cuentas públicas”.

Desde lo fiscal, entre analistas ya corre la pregunta acerca de cómo se financiará el déficit 2020 que el Gobierno proyecta en $3 billones, es decir 10,5% del PBI. No es que sea imposible: entre un maquillaje en la valuación de activos, una buena refinanciación de intereses, un desahorro en activos financieros y un para algunos potencial cambio de la Carta Orgánica podría aparecer la solución, en caso de que esa proyección de 10,5% se quede corta. Con alrededor de $2 billones de gasto por delante (se gastó $1,1 billón de los $3 billones proyectados), al BCRA le quedarían entre $600 millones y $1 billón para transferirle al Tesoro. En general, los analistas consultados por BAE Negocios coincidieron en que de alguna manera el rojo logrará ser financiado.

Al margen, o no tan al margen, está la discusión acerca de si toda esa emisión monetaria se puede volcar al dólar en cualquiera de sus versiones, en particular si un arreglo con los acreedores ley extranjera no genera un cambio de las expectativas. En los primeros 23 días de julio, el BCRA se volvió vendedor de divisas por USD390 millones y esa dinámica preocupa. Si bien en comparación con épocas de corrida ese número es menor, demuestra que la brecha cambiaria genera expectativas de devaluación futura. Ahí es donde el arreglo con los acreedores funciona como esperanza de que haya un cambio. Y de ese cambio de expectativas depende la posibilidad de que el paquete fiscal pospandemia sea todo lo contundente que se necesita.

Lo remarcó el informe de PxQ: “Tras el reperfilamiento de agosto del 2019 el Tesoro perdió acceso al mercado de deuda y recién casi 1 año después se está logrando recuperar el acceso al mercado. Esto tuvo como consecuencia que el déficit financiero del primer semestre ($1.187.535 millones) haya sido financiado íntegramente con emisión. Por otro lado, la evolución de la negociación de la deuda genera incertidumbre cambiaria. En ese contexto un excedente de pesos es, obviamente, un riesgo. Por esta razón una resolución favorable sobre la deuda podría generar el margen necesario para un paquete fiscal más agresivo. Sin eso, la caída de PBI de 10% para este año podría pecar de optimista”.

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