La pandemia de Covid-19 que afectó a todos los países del planeta impactó de lleno en una Argentina que arrastraba ya dos largos años de recesión y desató una verdadera coronacrisis económica y social. Al final de 2020 se podrá mensurar mejor las consecuencias, pero existen al menos cinco datos rojos que permiten dimensionar el golpe.

Actividad

Esta tarde el Indec informará la evolución del PBI en el primer trimestre, es decir, en los albores de la llegada de la pandemia al país. De acuerdo a los datos adelantados por el propio organismo que dirige Marco Lavagna en su Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE), el primer trimestre arrojó una caída del 5,4% interanual, con sólo diez días de cuarentena plena.

El derrumbe se profundizará al cierre del segundo trimestre. Según el Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM) del Banco Central, la actividad caería 12% trimestral sin estacionalidad en el período abril-junio.

Aún no se conocen los datos oficiales de la economía de abril, pero el tanto el Gobierno como los analistas anticipan que será el mes de la caída récord. Lo anticipan los desplomes sectoriales sin precedentes: la industria cayó 33,5% interanual y la contrucción, 75,6%. Para mayo, los primeros indicadores muestran un leve rebote desde el pozoa raíz de la flexibilización de la cuarentena.

Con todo, la coronacrisis dejará el mayor derrumbe económico desde 2002. Según el último REM, el PBI caerá 9,5% anual en 2020. Es decir, pandemia mediante, se agravaría la dinámica recesiva que ya arrastra dos años consecutivos de retroceso del producto tras el estallido de la crisis cambiaria durante el gobierno de Mauricio Macri: en 2018 del 2,5% y en 2019 del 2,2%.

Industria

Con pocas actividades habilitadas para operar en el marco del aislamiento social preventivo y obligatorio, la producción manufacturera retrocedió a niveles de 2003, con una caída histórica del 30,6% interanual, la mayor desde 1994, según un informe del Centro de Estudios de la UIA. La medición oficial del Indec, dio un derrumbe aún mayor, del 33,5%.

Al interior del sector manufacturero, la mayor caída fue para el sector automotriz que estuvo completamente paralizado, es decir, no produjo ni una sola unidad, por lo que marcó una caída del 100%. Lo siguió el sector de minerales no metálicos, incluyendo a los despachos de cemento, con una baja de 67% interanual.

El deterioro de la actividad fabril, que habría iniciado un leve rebote en mayo, ya dejó secuelas laborales. En abril se destruyeron 39.000 puestos de trabajo industriales en comparación con 2019.

Consumo

Pero la coronacrisis económica no se explica sólo por una retracción de la oferta, por la imposibilidad de producir. También tiene un profundo correlato en el deterioro de la demanda a raíz de la pérdida de ingresos familiares y del cambio en los hábitos impuestos por la excepcionalidad.

Es así que, tras dos años de fuerte retroceso, en los primeros cinco meses de 2020 la caída del consumo privado acumuló un 19,5%, según la medición del Instituto de Trabajo y Economía de la Fundación Germán Abdala (ITE-FGA). Sólo entre marzo y abril acumuló un desplome del 21,2%.

Mayo, con la flexibilización de la cuarentena, arrojó un muy tímido rebote del 2,6% desde el pozo de abril, a diferencia de los indicadores ligados a la producción que mostraron recupraciones más importantes. Esto significa que la oferta reacciona más rápido que la demanda al relajamiento del aislamiento.

Esto sugiere que la coronacrisis se explica menos por la cuarentena que por la propia dinámica de la pandemia. Lo muestra los datos de países con menos restricciones que Argentina, como Brasil o Chile, que dejaron un saldo mayor en muertes con caídas similares de la actividad.

Déficit fiscal

La coronacrisis demandó un salto en la asistencia del Estado para mitigar el impacto en los sectores productivos y en la población más vulnerable. El Gobierno implementó un amplio paquete de medidas que rompió la política de cautela fiscal -sin profundizar el ajuste- que impulsaba el ministro de Economía, Martín Guzmán.

Así, el gasto público prácticamente se duplicó en términos nominales en mayo, lo que corregido por inflación implicó un alza del 37,1% real respecto del mismo mes de 2019. El impulso estuvo dado por la aplicación del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) de $10.000 y el salario complementario para 2,3 millones de trabajadores privados en el marco del programa de Asistencia al Trabajo y la Producción (ATP).

La contracara fue una profudización del deterioro de los ingresos públicos del 28,5% interanual en términos reales producto de la caída de la recaudación ligada a la actividad económica.

De esta forma, el rojo fiscal total de mayo fue de $308.219 millones, lo que equivale al 1,1% del PBI y se suma al déficit de $251.287 millones (0,8% del producto). Un agujero más que complicado para las cuentas públicas en tiempos en que el acceso al financiamiento es muy escaso y el grueso del saldo negativo se financia con emisión monetaria.

Endeudamiento familiar

Pese a no haber aún datos oficiales sobre la dinámica salarial en el marco de la pandemia, no hay dudas de que esta dejó un profundo deterioro. Es el caso de los trabajadores independientes o informales, muchos de los cuales perdieron directamente su ingreso o lo vieron drásticamente reducido. O el de los asalariados privados en cuyos sectores se pactaron suspensiones con rebajas salariales en torno al 25%.

Una prueba de ello es la escalada en el endeudamiento familiar. Según un informe del CERX, elaborado en base a información del BCRA y a un sondeo propio, el 87,7% de las familias quedó "debiendo algo" en mayo.

El stock de pasivos familiares creció 9,5% en el quinto mes y alcanzó $1,8 billón y entre abril y mayo 955.000 hogares más pasaron a tener deudas.

En promedio cada hogar adeudaba al 22 de mayo $150.686. Es que al no poder llegar a fin de mes y cubrir sus necesidades básicas muchas familias tuvieron que dejar de pagar los impuestos (el el 50,1% no cumplió con las obligaciones tributarias) o los servicios (70,6%).

Este problema es un claro indicador del deterioro en las condiciones de vida. Es así que algunas estimaciones privadas muestran un salto de la pobreza en los últimos meses. Por ejemplo, la del econometrista Martín Rozada que afirma que la proporción de personas pobres alcanzó el 41,4% en el semestre móvil diciembre-mayo.