De puño y letra: Javier Milei escribió una carta desafiante sobre el dólar y la economía
Milei envió una carta a un diario nacional para refutar las advertencias sobre un supuesto atraso cambiario. Argumenta que no habrá devaluación y critica a economistas y consultores
En una jugada poco frecuente, el presidente de la Nación envió una carta de opinión al diario La Nación con un mensaje contundente: no hay atraso cambiario y el Gobierno no devaluará. En el texto, el mandatario cuestiona la metodología utilizada por economistas para alertar sobre el supuesto desfase del tipo de cambio real (TCR) y sugiere que estas advertencias responden más a un "relato alarmista" que a un análisis técnico riguroso.
La misiva presidencial no solo refuerza la postura oficial sobre el rumbo económico, sino que también deja en claro que el Gobierno no cederá ante las presiones devaluatorias, sean del mercado o de sectores académicos.
La carta llega unos días después de que un banco de Wall Street anticipara el fin del cepo y un dólar a $1.400 para 2025, y que trascendiera dónde puso el ojo el Fondo Monetario Internacional: los desafíos y las políticas a adoptar, marcando diferencias respecto a la salida del cepo y las recientes bajas del crawling peg y la tasa.
El presidente critica lo que considera una "fórmula repetida" cada vez que el peso se aprecia y sostiene que los cálculos sobre el atraso cambiario adolecen de graves errores metodológicos. Señala, entre otras cosas, que la estimación del equilibrio intertemporal del tipo de cambio requiere conocer variables imposibles de determinar con certeza, como las preferencias de los agentes económicos, la tecnología disponible y las dotaciones de la economía, tanto local como globalmente.
Lo dice así: “Toda vez que el tipo de cambio (TCR) real empieza a caer, igual que un disco rayado, los economistas comienzan a dar alarmas de atraso cambiario sin siquiera considerar el caso de una apreciación del peso”.
Además, el mandatario rechaza la comparación con otros momentos de la historia económica del país. Sostiene que los períodos de "populismo salvaje" elevan artificialmente el tipo de cambio real, mientras que los de confianza lo deprimen. Bajo esta perspectiva, afirma que el actual modelo económico, basado en el equilibrio fiscal, la baja inflación y la recomposición de reservas, no encaja en ningún patrón histórico de atraso cambiario.
Textualmente, menciona tres patrones:
- Patrón Kirchnerista: aquí el origen es el déficit fiscal financiado por emisión monetaria, lo cual, al poner presión sobre el nivel de precios, se intenta corregir fijando el tipo de cambio, cuyo resultado es una pérdida de reservas y que, frente a la intención de no devaluar, deriva en restricciones cambiarias. Por ende, este patrón se caracteriza por déficit fiscal, inflación creciente, brecha cambiaria elevada y creciente y pérdida de reservas.
- Patrón Cambiemita: aquí persiste el déficit fiscal, pero se lo financia con endeudamiento externo, lo cual, bajo un tipo de cambio flexible, hace caer el precio del dólar y ello atrasa el tipo de cambio. Por ende, este patrón se caracteriza por déficit fiscal, inflación indeterminada y endeudamiento.
- Patrón Dictadura: aquí el déficit fiscal se lo financia con emisión de dinero y es esterilizado con una tasa de interés creciente en la medida que no se reponga el orden fiscal, cuya contrapartida es un dólar planchado por la mayor tasa de interés, mientras la inflación persiste elevada.
En su análisis, el Presidente también cuestiona la preocupación por la cuenta corriente deficitaria y la relación entre el tipo de cambio y la paridad del poder adquisitivo. Afirma que Argentina es acreedor neto del mundo y que la entrada de inversiones en sectores estratégicos generará una mayor apreciación del peso. Según sus cifras, el PBI per cápita medido por paridad de poder de compra (PPP) se ubica en 30.000 dólares, mientras que el calculado a precios corrientes es de 15.000 dólares, lo que indicaría que el dólar podría incluso cotizar a la baja.
Finalmente, el mandatario desestima las previsiones de economistas que auguran una devaluación inminente. Argumenta que la oferta monetaria se contrae por el superávit fiscal, que la demanda de dinero se recompone y que la economía está en crecimiento. Con un cierre desafiante, señala que el Gobierno no intervendrá para "salvarle la ropa" a analistas y consultores cuyos pronósticos errados podrían perjudicar a los argentinos.
- Com.Ven.Var. %

