A falta de dos ruedas para cerrar el mes, el dólar mayorista -que rige el comercio interior y es el principal parámetro para los precios internos- acumula una suba del 3,5% a lo largo de enero. Se trata de un nivel similar al que la mayoría  de las consultoras estiman para la inflación del período: entre un 3,5% y un 4%. Resta ver qué ritmo le imprime a la devaluación el Banco Central entre el jueves y el viernes para saber si la divisa recupera algo del terreno perdido en diciembre.

Los dólares financieros retomaron el ritmo alcista en el comienzo de año, tras la tregua de los dos meses previos, y acumulan alzas del 5,3% el MEP y 7,1% el CCL que los convirtieron en una inversión rentable en enero. El dólar blue, en tanto, cae $12 contra su cotización de fin de año.

La gran incógnita, sin embargo, es cómo administrará el equipo económico una de las variables clave de la economía, el dólar oficial. En diciembre, en medio de una fuerte aceleración inflacionaria que llevó al índice de precios al consumidor (IPC) hasta el 4%, el BCRA dejó correr el tipo de cambio mayorista 3,5%, medio punto por debajo. Es decir, convalidó una pequeña apreciación coyuntural -en el marco de la estrategia de mantener constante en el tiempo el tipo de cambio real- para utilizar al dólar como ancla de la suba de precios.

En lo que va de enero, el incremento del mayorista es el mismo y la inflación esperada es igual o apenas menor a la del mes pasado. Será determinante lo que pase en las próximas ruedas.

Supercepo mediante, el esquema cambiario utilizado por la entidad que preside Miguel Pesce es conocido como crawling peg, un mecanismo que permite realizar microdevaluaciones nominales que son administradas mediante la intervención oficial en el mercado con venta o compra de dólares.

Cuando la oferta genuina prevalece, el Central sale a comprar divisas para acumular reservas pero también para evitar que el tipo de cambio real se atrase respecto de la inflación. Si se impone la demanda, la autoridad monetaria vende reservas para abastecer el faltante de oferta de divisas y evitar una devaluación brusca del peso que dispare la inflación y pulverice el poder adquisitivo.

Esto último ocurrió durante la corrida del año pasado, cuando el BCRA se tuvo que desprenderse de unos USD4.000 millones. Entre diciembre y enero, con la tregua cambiaria en marcha, la entidad recuperó cerca de una cuarta parte de lo perdido durante los cuatro meses previos. Ahora se prepara para un febrero siempre más complicado a la espera de los dólares de la cosecha gruesa que comenzarán a ingresar a fines de marzo o principios de abril.