La posición del ministro de Economía, Martín Guzmán, acerca de la importancia de no convalidar una devaluación, encuentra adeptos entre la heterodoxia. Afirman que una suba del precio del dólar no solucionará los problemas y que, por el contrario, le dará un mazazo definitivo a una economía que acumuló en muy pocos meses la peor caída del ingreso en su historia. Además, las presiones cambiarias y el drenaje de reservas se dan en un contexto de superávit externo. 

Esa coincidencia no está libre de críticas. El economista Ricardo Aronskind consideró que "lo único que no debe hacer el Gobierno es devaluar". Aroskind formó parte del Plan Fénix, en el cual el actual viceministro de Economía, Haroldo Montagu, fue investigador durante 10 años.

Sostuvo: "Se puden hacer un montón de cosas para evitar que te fuercen una devaluación.  Pero hay que tener determinación. Hay muchas fuentes en el mundo para obtener dólares. No es todo FMI y bonistas norteamericanos. Si ese es el escenario, estás frito. Entregate. Pero hay fondos soberanos noruegos, árabes, malayos, bancos de desarrollo en Asia. Está el swap con China, que entiendo que hoy no se quiere ejecutar para no enojar a Estados Unidos. La clave es quebrar la expectativa devaluatoria y  a eso lo lográs juntando dólares que digan que no va a haber devaluación en el corto plazo. Ahí se termina".

En ese sentido, las palabras de Guzmán buscaron advertir que el Gobierno no permitirá una devaluación y sostuvo que las reservas no son las de libre disponibilidad, hoy por debajo de los USD4.000 millones. Si no que son las brutas, hoy en USD40.812 millones (cayeron USD170 millones el viernes).


El dólar como variable distributiva
 

Para Aronskind, y para muchos, resulta inexplicable la presión cambiaria en un marco de superávit de cuenta corriente, si no se toma en cuenta al dólar como variable distributiva. Sectores posicionados en dólares que presionan por una devaluación para multiplicar ganancias y achicar costos. A eso se le suma la lectura política: si hay devaluación, hay caída de los ingresos fijos en términos reales y complicaciones para el Gobierno de cara a las elecciones 2021.

"Una devaluación sería un mazazo para el bolsillo, para la recaudación tributaria y para la economía. Un mazazo provocado por una minoria importadora, exportadora, operadores de bolsa y financistas. Y se da porque el Gobierno se muestra tibio frente a sus embates. Es inimaginable hoy una nueva caída salarial, o un ajuste de los gastos sociales", afirmó.

En ese mismo sentido, el economista y asesor del Ministerio de Desarrollo Social Alexandre Roig se refirió al carácter de regulador distributivo que tiene el tipo de cambio. Sostuvo que "la tasa de cambio oficial, y la blue, expresan un conflicto, una disputa por el ingreso, que por cierto no se resuelve con una devaluación, ya que, como hemos visto, se desplaza en el tiempo y siempre siguen ejerciéndose las presiones".

Coincidió en que no hay justificaciones macro para una devaluación, el economista jefe de Ecolatina, Matías Rajnerman: "Cuando uno mira el superávit externo en los últimos 12 meses, y el nivel de competitividad, la verdad que no hay razones para devaluar, desde la macro. El problema es que tampoco hay reservas, y a la vez hay más demanda que oferta. Y con una brecha tan grande todos los comportamientos negativos se retroalimentan. El adelanto de importaciones de septiembre, con la brecha de octubre, son una tentación a acelerarlo. Lo mismo con la pospoción de exportaciones, que cada vez va a ser mayor".
 

La posibilidad de un ajuste


La presiones devaluatorias están. Entre enero y agosto el gran problema fue la diferencia entre las ventas y compras externas declaradas en Aduana y sus pagos en el mercado de cambios, por el adelanto de los pagos de importaciones y la no liquidación de exportaciones. En los primeros ocho meses los pagos de importaciones crecieron 24% y las compras externas en Aduana cayeron 24%. En septiembre eso cambió: directamente se adelantaron las importaciones, que crecieron 3,1% interanual, más allá de lo que la reactivación económica justifica. De hecho, treparon, en forma insólita, 432% las importaciones de porotos de soja. 

Algunas consultoras comienzan a recomendar una devaluación ordenada, que busque reducir los daños. Aunque desde el Observatorio de Coyuntura Económica y Políticas Públicas (Ocepp) sostuvieron que "una devaluación del tipo de cambio oficial no resolvería per sé los problemas financieros, a la par que impactaría fuertemente sobre la actividad económica y los índices socioeconómicos".
 

Y agregaron: "El camino de la devaluación como mecanismo de ajuste, vía retracción de importaciones, para equilibrar el sector externo tampoco parece corresponderse con el momento actual. La actividad económica al finalizar el 2020 acumulará tres años de recesión y será un 16,1% inferior al 2017 y las cantidades importadas se encuentran en los niveles de la crisis de 2009. Si se realiza manteniendo los controles cambiarios, se corre el riesgo de que la brecha cambiaria se sostenga. Si se hace sin controles, el dólar no tendría techo". 
 

Errores no forzados

Para el director del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO), Andrés Asiain, las presiones cambiarias existen, vienen desde los fondos que ingresaron durante la gestión de Luis Caputo en el Ministerio de Finanzas y desde los exportadores. Pero no están libres de errores en la gestión gubernamental.

Afirmó: "Por un lado, son grupos financieros que jugaron para Mauricio Macri y que tienen vínculos políticos; por otro lado, los exportadores. Pero frente a esta embestida hubo desaciertos de política cambiaria. El que asumía el Gobierno sabía que no iba a tener financiamiento externo y que iba a depender de las exportaciones. En ese contexto, sorprendió que no hubiese un acuerdo con los exportadores para que liquiden, en particular cuando se bajaron las retenciones.

Y agregó. "En su momento, al devaluar tanto Macri como Axel Kicillof en Economía, durante 2014, acordaron una liquidación determinada a la hora de bajar retenciones o devaluar. Otro error fue no intervenir en el MEP después de arreglar la deuda y no haber puesto la tasa de devaluación por debajo de la tasa de interés". 

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Mariano Cuparo Ortiz

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