Luego de las elecciones de medio término, donde el Frente de Todos perdió por 8 puntos a nivel nacional, el presidente Alberto Fernández intentó mostrar la fortaleza de la unidad, sobre todo de cara a las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional. Sin embargo, los vasos comunicantes entre los distintos eslabones de la coalición gobernante, no estarían del todo aceitados. Hay objetivos e intereses diferentes.

La tensión puede apreciarse en dos frentes, los cuales constituyen las madres de todas las batallas tal como fue definido por La Opinión Austral hace algunas semanas: los controles de precios y la ardua negociación con el FMI.

En relación al organismo multilateral, el tema central pasa por las fuentes genuinas para juntar las reservas con las que contará el Gobierno para repagar la deuda de 44.000 millones de dólares. Tanto la administración nacional como el FMI, apuestan todo a la salida exportadora.

Y ahí entran a tallar una serie de leyes claves para juntar los tan preciados dólares. Entre esas normas sobresalen la ley de promoción de las inversiones hidrocarburíferas, una norma similar para la agroindustria, un nuevo régimen de compre nacional, beneficios para la industria exportadora automotriz y la ley de electromovilidad.

El propio Presidente las definió como claves en la negociación con el FMI. “Son fundamentales porque tienen que ver con el futuro de la Argentina y necesarias para poder movilizar más velozmente la economía”, sostuvo Alberto Fernández.

El tema es que esta agenda legislativa debería quedar para otro período legislativo o un eventual llamado a sesiones Extraordinarias. Desde la Cámara de Diputados le hicieron saber al Presidente que la agenda pautada hasta el 9 de diciembre contiene otros temas, incluso negociados con la oposición. Este cruce de mensajes solapados da la pauta de lo siguiente: hay poco diálogo entre el Poder Ejecutivo y la conducción del bloque de Diputados del FdT, a cargo de Máximo Kirchner.

Por su parte, Sergio Massa, titular del cuerpo, les había prometido a los empresarios del Consejo Agroindustrial repasar los alcances del proyecto escrito por ellos y anunciado por el Gobierno, pero decidió postergar el encuentro hasta tanto se redefinan las nuevas autoridades de la Cámara.

“La ley de hidrocarburos no va a pasar. El artículo 43 es invotable”, sostuvo a La Opinión Austral una de las principales espadas del oficialismo en el Congreso.

“La ley es un impuesto nacional sobre un recurso no renovable de pertenencia de las provincias y encima ,no coparticipable, y por el cual no cobramos ingresos brutos. ¿Saben lo que significaría cobrar ingresos brutos sobre la exportación de crudo y gas?”, bramó el gobernador de Neuquén, Omar Gutiérrez.

Tal como adelantó este diario, la crítica más solapada viene desde el interior del propio FdT. Se cuestiona duramente el marco de estabilidad fiscal por 20 años que impediría utilizar una suba de las retenciones como instrumento de política económica frente a los vaivenes internacionales. A su vez, como la iniciativa dejó afuera el debate por el barril criollo, el Estado quedaría sin instrumentos para evitar una mayor dolarización del precio de la energía.

¿Alimentos baratos?

La otra ley que aparece en el radar del Presidente y del FMI es la promoción de las inversiones agroindustriales, donde se establecen un conjunto de herramientas fiscales sin meterse con los derechos de exportación. Sin embargo, en privado, desde diferentes sectores del Gobierno le prometieron al Consejo Agroindustrial que habría un retoque, hacia la baja, en las retenciones para las economías regionales.

Esto choca con un tema extremadamente coyuntural, por un lado, y a mediano plazo por el otro. Lo coyuntural fue el incremento especulativo del precio de la carne en las últimas semanas. Y a mediano plazo, la mirada de la Secretaría de Comercio interior que conduce Roberto Feletti estaría puesta en establecer mecanismos de desacople de los precios internacionales de los locales. El objetivo es alcanzar una serie de alimentos a precios populares. Y para ello, se necesitarían aumentar las retenciones.

Hace quince días, Feletti le acercó a Martín Guzmán un diagnóstico del que pocos funcionarios quieren hacerse cargo. “Hay que aumentar las retenciones y crear un fideicomiso para subsidiar algunos cortes de carne a precios accesibles”, explicó. En noviembre, el precio del kilo vivo del novillo subió un 26 por ciento. Para algunos grandes comercializadores y exportadores que no integran el Consorcio de lobby ABC, hubo una movida especulativa.

Hace diez días, el secretario de Comercio interior expresó la misma preocupación ante el equipo económico ampliado, con Guzmán, Matías Kulfas (Desarrollo Productivo) y Julián Domínguez (Agricultura). Lo que menos trascendió de ese encuentro fue el aval que dio Guzmán a las explicaciones de Feletti para aumentar las retenciones a las exportaciones de carne.

Los otros dos ministros que participaron del encuentro no quieren saber nada con un incremento de las retenciones. De hecho, Kulfas lo mandó a callar a Feletti por “pensar en voz alta” lo que ya les había explicado en aquella reunión.

¿Cuáles fueron los números que exhibió el secretario de Comercio interior para justificar un incremento de las retenciones a la carne?

En 2016, el precio internacional de la tonelada de maíz se ubicaba entorno a los 180 dólares, con un tipo de cambio de 15,6 pesos. El kilo del pollo tenía un valor de 37 pesos y se exportaba el 42 por ciento del total producido. Para la campaña 2020/2021, la tonelada de maíz cotizó 243 dólares, se exportó el 64 por ciento de lo producido, mientras que el precio del kilo de pollo se multiplicó por seis.

En 2015, el maíz pagaba un 20 por ciento de retenciones, mientras que ahora lo hace en un 12 por ciento. El precio internacional del trigo saltó un 63 por ciento entre 2015 y 2021 y las retenciones se redujeron 11 puntos.

También se redujeron las retenciones a la carne ubicadas actualmente en el 9 por ciento. El precio interno subió exponencialmente y el consumo per cápita siguió disminuyendo. Durante el macrismo, la población dejó de comer 10 kilos per cápita por año. Y durante los dos primeros años del Frente de Todos, la baja continuó.

Ante este escenario, Feletti elaborará una propuesta basada en un aumento de las retenciones a la carne, del 9 al 12 por ciento (aunque por ley podría subir hasta 7 puntos) y la creación de un fideicomiso que funcione como subsidio cruzado para abaratar algunos cortes. Y a mediano plazo lo que se buscará es consensuar una canasta de alimentos con precios regulados por el Estados nacional.

Desacoplar los precios internos de los internacionales

“Hoy tenemos que desacoplar los precios internos de los internacionales pero estamos confiando en una salida exportadora. Ahí tendremos un problema. El propio Gobierno, en el proyecto del Presupuesto 2022, se limita las manos en materia de retenciones. De hecho, los impuestos sobre el comercio exterior caen brutalmente en su participación en la recaudación total”, analizó Claudio Lozano, director del Banco Nación, en diálogo con LOA.

El tema de la carne también es clave por su alta ponderación dentro del total del IPC. Si el conjunto de los alimentos y bebidas representan el 23 por ciento (GBA) o el 35 por ciento en el Noroeste del total del índice, solamente la carne equivale entre el 7 y el 13 por ciento del total de los precios ponderados. Es decir, lo que ocurra será determinante para la inflación del último tirón del año.

La dilación en la toma de decisiones es la gran constante dentro del Frente de Todos. Los funcionarios de las carteras productivas creían que no sucedería semejante traslado de precios a las góndolas. Sin embargo, ante algunas consultas realizadas por un sector del oficialismo, frigoríficos informaron que entre septiembre y noviembre se aplicaron aumentos de hasta el 70 por ciento en algunos cortes de carne.

“La ley de hidrocarburos no va a pasar. El artículo 43 es invotable”.

Cada día que pasa queda más en evidencia que deben tomarse medidas más fuertes para frenar el incremento de precios. Hasta el momento, el congelamiento de los 1.400 productos tuvo un efecto positivo pero insuficiente.

Durante la primera semana de vigencia, la inflación pasó de crecer a un ritmo del 1,4 por ciento semanal al -0,1 por ciento, indicaron desde el Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO). Incluso, la sola mención a un posible incremento de las retenciones ya generó un efecto disciplinador. El miércoles, el kilo vivo del ganado vacuno cerró en 233 pesos, cuando una semana antes había tocado los 250 pesos.

En la lógica de los palos y las zanahorias para disciplinar al poder económico, hay veces que los palos funcionan mejor

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