El Gabinete económico ya tiene un ojo puesto en el plan de estímulo para abandonar la recesión una vez que la pandemia deje lugar a la poscuarentena. Si bien por un lado hasta acá el paquete de medidas tuvo un gran alcance y el 89% de las personas viven un hogar con ingresos del estado, según estimaciones del Ministerio de Desarrollo Productivo, por el otro, para algunos analistas económicos se queda algo corto en términos relativos. El jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, y el ministro de Economía, Martín Guzmán, se reunieron para ir delineando el camino a seguir.

En ese sentido, se destaca que las medidas durante el aislamiento tienen un sentido distinto al que tendrán las de la poscuarentena: en la primera, fue necesaria una inyección de gasto público enfocado a sostener a la oferta, a las empresas, para que lleguen vivas al final de la crisis. Según cálculos de la consultora LCG, la inyección de recursos fue de 4,6% del PBI hasta acá y de ellos 3,1% fueron destinados a sostener a las empresas (y con ellas al empleo y los salarios). En la segunda, será necesario un envión de medidas keyneasianas para impulsar a la demanda.

Cafiero recibió en Casa Rosada a Guzmán y a otros integrantes del equipo económico, para avanzar en el diseño de herramientas destinadas a impulsar una reactivación económica en la postcuarentena. También analizaron los principales ejes para la asignación presupuestaria para el segundo tramo del 2020.

Desde Casa Rosada afirmaron, en declaraciones a la agencia Télam: “Se trabajó en el diseño de herramientas para la reactivación económica postcuarentena. Cafiero definió la realización de reuniones semanales encabezadas por Jefatura de Gabinete y Economía con cada ministerio para retomar los proyectos previos a la pandemia y empezar a discutir las proyecciones del presupuesto para el 2021-2022. Además fueron definidas las prioridades para las afectaciones presupuestarias, que estarán basadas en torno a la reactivación productiva, el estímulo al empleo, el fortalecimiento de las políticas sociales y en lograr un entorno macroeconómico que tienda a estabilizar las principales variables de la economía de nuestro país".

Hasta acá, el Gobierno realizó un claro esfuerzo fiscal y eso se ve en los fuertes crecimientos del déficit primario en abril, según el base caja ya mostrado por la Secretaría de Hacienda, y en mayo, según el base devengado que publicó esta semana la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC). En abril el rojo primario llegó al 0,7% del PBI. Mucho para un sólo mes. En mayo otro del 0,9%. Ambos meses del 2019 habían sido superavitarios, de la mano del ajuste del gasto encarado por la gestión Cambiemos.

Pero el esfuerzo sabe a poco frente a la fortísima caída de la actividad que se espera en el 2020. Para el Institute of International Finance (IIF), Argentina será el país con mayor desplome de Latinoamérica, con uno de 9,7%. Para la OCDE la contracción puede llegar al 10,1% y sería peor que la de otros emergentes como Brasil y Sudáfrica (para el Banco Mundial, en cambio, sería de 7,3%, por debajo del 8% de Brasil).

Más allá de la pregunta de si el IFE de $10.000 es suficiente para los hogares de menos ingresos, también los números resultan escasos si se comparan con los de otros países, en términos del PBI.

Lo explicó en una videoconferencia el director de LCG, Guido Lorenzo: “Cuando nos comparamos con el resto de los países argentina esta dando ayuda por apenas 4,6% del PBI y eso es el total: no es el costo fiscal sino eso más líneas de créditos subsidiadas, líneas de crédito del 0%, etcétera. En ese sentido uno podría decir es poco ese 4,6% pero la verdad es que el problema viene de antes. Argentina no tenía capacidad de hacer política anticíclica debido a la debilidad fiscal y la poca capacidad de acceder a mercados internacionales de deuda, por el riesgo país que viene a niveles muy elevados”.

Y agregó: “La capacidad de reacción de nuestro estado parece un poco lenta todavía. La pandemia nos muestra como es un estado realmente. Nos muestra la ineficiencia del sector público. La respuesta está centrada en asistencia social al 1%, empresas al 3,1% y provincias al 0,4%. En mi opinión un poco mal distribuido porque se podría haber asistido más a las provincias ya que va a haber una caída importante de los ingresos tributarios”.

Para la OPC la inyección de gasto es algo mayor en términos relativos y llega al 4,9% del producto. En ese sentido, según los cálculos de LCG en base a datos del FMI, cabe destacar que países como Italia encararon un paquete de medidas que implicó una inyección de recursos del 29,6% del PBI, Alemania 27,9%, Japón 21,1%, Francia 19%, Reino Unido 18,8%, República Checa 14%, Estados Unidos 11,1% y España 11%. Incluso algunos vecinos vienen muy por encima: Brasil 8% y Chile 6,7%.

El rearmado de la curva en pesos, para lo cual la Secretaría de Finanzas viene haciendo buenos esfuerzos, pero sólo para lograr cubrir vencimientos, generó que el paquete económico se financie con emisión monetaria (en rigor, el endeudamiento en dólares también exigiría impresión de billetes para financiar el rojo fiscal). En mayo la “maquinita” imprimió $430.000 millones sólo para financiar la brecha entre gastos e ingresos del Ejecutivo. Desde que empezó el aislamiento ya totalizó $740.000 millones. El 36,5% de la base monetaria, sólo para el Tesoro, sin contar el canal crediticio.

Ese dato genera alarmas en la ortodoxia frente a la brecha cambiaria y su potencial inflacionario cuando se salga de la cuarentena y la demanda vaya repuntando. Si el plan del Gobierno es reactivar, una suba de la tasa para absorber la emisión monetaria jugaría en la otra dirección. Desde el BCRA aseguran que, cuando llegue el momento, se esterilizarán los pesos que sea necesario.

En la reunión, acompañaron a Cafiero y Guzmán, la vicejefa de Gabinete, Cecilia Todesca-Bocco, el secretario de Hacienda, Raúl Rigo, y el subsecretario de Coordinación Presupuestaria de la Jefatura de Gabinete.

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