El arreglo de la deuda con ley extranjera no tendrá un impacto extraordinario en la economía y el bolsillo. Al menos no respecto a la realidad que se vivió en los hechos durante los últimos cuatro meses. Pero sí implicará un cambio importante en las expectativas. Y más en concreto: en lo que se podría haber vivido si el arreglo no ocurría. Para los próximos meses se espera una baja en los dólares paralelos, lo que implicará un alivio temporal en las devaluación e inflación esperadas. Eso redundará en que el BCRA deje de perder reservas. El Gobierno todavía deberá enfrentar los desafios macro que dejará la pandemia.

El recién terminado julio dejó un alerta que generaba algunos miedos: el BCRA volvió a ser vendedor neto de divisas por alrededor de USD500 millones. Esa dinámica encontrará alivio en agosto. Alcanza para relajarse un poco pero no para celebrar. En el contexto de la pandemia, la actividad económica no mostrará un rebote tan pronunciado como el que cabría esperar frente a un arreglo de la deuda en otro contexto. Además, para cuando se vayan levantando las restricciones a la movilidad, todavía quedarán los desafíos del déficit fiscal y la emisión monetaria para solventarlo.

El economista de la consultora Macroviews, Pablo Goldín, explicó a BAE Negocios: “Lo más fácil es preguntarse qué pasaría si no hubiese arreglo. Más presión cambiaria, más brecha con los paralelos, controles que no alcanzan, salida de depositos en dólares, inflación trepando, aborto del incipiente rebote de la actividad que se viene dando. Si hay arreglo primero va a haber una descomprensión financiera, un veranito: bonos, riesgo país, acciones, mercado cambiario, los dólares no oficiales van a bajar un poco. Y eso seguro puede derramar en los próximos meses en una consolidación del mini rebote de la actividad que se viene percibiendo”.

Hay cierto consenso en torno a esa idea. Hasta la semana pasada, la actividad económica venía mostrando cierto repunte lento. Pero toda esperanza hacia el futuro se veía ensombrecida por la aparición de oscuros nubarrones en el futuro. El mercado cambiario había tenido un buen mes en junio, tras los pésimos abril y mayo. La liquidación de exportaciones creció y los pagos por importaciones se desplomaron. El balance de caja de los bienes dio el mayor superávit desde mayo del 2012 y dejó por primera vez en el año un número no sólo parecido al de la entrada y salida de las exportaciones devengadas sino superior.

Pero en julio eso se había interrumpido y el BCRA vendió en torno a USD500 millones, por la brecha cambiaria y la expectativa de devaluación. Esa dinámica, parecía, sólo podría ser interrumpida por un arreglo de la deuda. Y es que esa expectativa devaluatoria que llevó a pérdidas importantes de reservas se dio incluso en un contexto que mostraba un dólar más competitivo que a fines del 2019, con la devaluación (el mayorista trepó 17,7% en el primer semestre) yendo por encima de la inflación (13,6% en los primeros seis meses).

El economista del Instituto de Trabajo y Economía de la Fundación Germán Abdala (ITE-FGA) Leandro Ottone afirmó: “El arreglo de la deuda tiene que frenar expectativas de devaluación en el corto plazo. El Central viene devaluando, mejoró la competitividad. ¿Por qué el mercado sigue pensando que va a haber devaluación? La respuesta es que pensaban que no iba a haber arreglo de deuda. En cuanto se arregla, la expectativa se tiene que planchar. Si no se arreglaba, la actitud de los agentes era racional. Si es exitoso el canje, fue irracional. Pero claro, la información es incompleta, ningún exportador está sentado en la mesa de negociación y no se conoce el futuro. Por eso al ministro de Economía, Martín Guzmán, se le exigió que arreglara mucho más rápido que lo que se suele arreglar una renegociación: porque hereda una situación macroeconómica totalmente desajustada y con mucha incertidumbre. Mientras no hubiera arreglo, iba a haber incertidumbre y por ende irracionalidad”.

Acerca del efecto de las nuevas expectativas generadas por el arreglo de la deuda, cabe destacar que el único año en el que la fuga de capitales dio un número negativo fue en el 2005, el año del primer canje exitoso, durante la gestión de Roberto Lavagna.

Para Goldín, la calma es temporal. El arreglo de la deuda es condición necesaria pero no suficiente y todavía quedan desafíos por delante: “El dólar es competitivo. Históricamente no está atrasado. El problema es que los paralelos se dispararon a niveles de $130 que para verlos en la historia hay que remontarse a los '80. Puede que un arreglo de la deuda lo haga recular pero lo que pasó en los paralelos es culpa de la pandemia. No es culpa de nadie. Hubo una andanada monetaria, de golpe, violenta, tremenda, de un montón de plata, una emisión de niveles de los '70 y '80 y eso en algún momento, incluso con control de cambios, un poco se filtra en los paralelos”.

Hacia delante, sostiene Goldín, será clave esperar que el Gobierno desarme casi completamente el gasto extra generado por la pandemia (salario complementario e IFE) y que retome la agenda que parecía estar encarando en los primeros meses del año, cuando incrementó impuestos e interrumpió la movilidad jubilatoria de la fórmula aplicada desde el 2017. “El Gobierno arrancó con los pies sobre la tierra”, definió.

Para la consultora PxQ el arreglo de la deuda es clave para el repunte de la economía. De hecho, de que aflojaran las presiones cambiarias dependía la capacidad del Gobierno para hacer más política fiscal expansiva y moderar la caída del PBI 2020. En un informe reciente afirmó: “La evolución de la negociación de la deuda genera incertidumbre cambiaria. En ese contexto un excedente de pesos es, obviamente, un riesgo. Por esta razón una resolución favorable sobre la deuda podría generar el margen necesario para un paquete fiscal más agresivo. Sin eso, la caída de PIB de 10% para este año podría pecar de optimista”.

Para eso, más allá del efecto de la emisión sobre los dólares paralelos, será clave que el Tesoro extienda su capacidad de emitir deuda en pesos, ya que el BCRA está llegando al límite de su capacidad de emitir para financiaro (le quedan alrededor de $600.000 millones por la vía de las transferencias de utilidades).

Con todo, el arreglo de la deuda quita del horizonte los oscuros nubarrones. Pero eso sería temporal. Lo que brinda es la posibilidad de que la economía vaya rebotando tras el desplome récord del PBI durante marzo-abril, sin mayores amenazas de interrupción. El escenario pandemia-default-devaluación era una posibilidad con colores apocalípticos.

El economista de ACM, Jorge Neyro detalló: “Claramente esto es bueno para salir del pozo pero no se sale rápido porque hay un montón de cuestiones que se siguen extendiendo, como la cuarentena. Por casualidad, cuarentena y deuda coincidieron. El arreglo de la deuda no tiene el impacto que uno imaginaría sobre la actividad. Sería más optimista si no estuviéramos en plena pandemia. No se va a sentir tanto en el bolsillo. Pero sí se elimina un escenario más duro. Un escenario que Argentina no está en condiciones de soportar. Si me preguntaban cómo iba a ser, no podía afirmarlo. Supera a todo lo conocido, era un escenario de ciencia ficción. Parece que ahora nos lo vamos a ahorrar”.

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