La medición oficial de inflación de marzo se vio empañada por el aislamiento obligatorio. Además de la dificultad propia del cierre de comercios, que hizo que muchos productos prácticamente no pudieran venderse, el Indec se vio forzado a interrumpir sus relevamientos presenciales por razones de salud a partir de mediados de mes y tuvo que apelar a otras herramientas metodológicas para subsanar la falta de datos. El problema continuará en los próximos meses.

El IPC de marzo se completó mediante la imputación de los precios faltantes, el criterio que usado cuando no se cuenta con algún precio en particular.

Para abril, el Indec informó que trabaja, en conjunto con expertos de otros países, para consensuar una metodología que combine el relevamiento online con encuestas telefónicas y datos administrativos, para reemplazar la información no disponible.

Elypsis, que suspendió su medición semanal, advirtió sobre un problema extra: la web Precios Claros, una de las posibles fuentes de información alternativa oficial, dejó de actualizar los precios de los productos desde el 6 de marzo.