Nuestra memoria, de no muchos años atrás, registra la representación icónica del mapa Argentino con “un buen bife de chorizo”, ya que su contorno tenía una semejanza con el perfil de nuestro territorio continental, la cordillera representaba la parte del musculo que apoya en la costilla y la forma triangular - trapezoidal componía el resto de la, hoy prácticamente inaccesible, pieza.

No obstante, en los últimos 25 años y a partir de una correcta política originada en la Cancillería y continuada, afortunadamente en sucesivos gobiernos, el país ha consolidado su soberanía, territorial y marítima, duplicando su extensión, si bien algunos de esos espacios continúan en litigio con terceras potencias.

Consecuentemente, nuestra capacidad de producción ictícola también se ha expandido, al punto que hoy bien podríamos complementar aquella representación ligada a lo pecuario con “un buen filet de merluza”.

Pero, lo que se encuentra “en grado de potencia” requiere de mucho esfuerzo, tanto del capital como del trabajo, para transitar caminos de “aprendizaje y mejora” tendientes a maximizar racionalmente su aprovechamiento.

En este marco, es que se realza la importancia de la Industria Pesquera como parte substancial de las soluciones que requiere la patria.

Pescando, sobre todo, en los mares

Para analizar lo acontecido en la última década, pasaremos revista a algunos indicadores relevantes de la actividad.

En el gráfico puede observase la evolución y composición de las exportaciones del sector. La industria pesquera, ante importaciones que oscilan los USD200 M por año, es decididamente superavitaria vis a vis el resto del mundo.

Datos del Ministerio de Agricultura y Pesca 

En un primer análisis de los guarismos se observa que, entre puntas, el ingreso de divisas por exportaciones se incrementó un 29%, mientras que el máximo de la serie se registró en el año 2018, alcanzando los U$S 2148 M.

No obstante, para el mismo período se verificó que los desembarques totales crecieron solamente un 8,6%, pasando de 727 a 790 mil toneladas anuales.

De ello se desprende, que el aumento en la facturación del valor exportado estuvo asociado directamente a la mayor captura del “Langostino”, cuyo precio es muy superior a la media.

Para iluminar lo sucedido basta con señalar que, en el año 2010 esta especie representaba el 35% del total de las ventas al resto del mundo, mientras que para el año 2018 alcanzó el 60%.

Asimismo, es relevante considerar al subsector “pesca premium” o “de profundidad”.

En él se destacan: la “Centolla” y la “Merluza Negra” que si bien aún no tienen relevancia a nivel agregado, la complejidad de su pesca sumada a sus precios de mercado, U$S 15/25 el kilo, las convierten en capturas dignas de priorizar.

En el gráfico que sigue, se ve el número de empresas y sus correspondientes puestos de trabajo.

Datos del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social

En el año 2012 se alcanzó el máximo (363) de empresas en el sector. Paulatinamente a partir de fusiones, adquisiciones o cierres definitivos, se redujeron a 333 en el 2020.

Los puestos de trabajo que habían alcanzado los 14054 en el 2010 declinaron (11,4%) a 12450 en el 2020.


 

De la “Potencia” al “Acto”: ¿es posible dar ese paso?

El singular mercado en el cual opera la industria pesquera, merece ser observado con suficiente detalle al momento de concebir un plan que convierta lo potencial en real. A su vez, por ser una actividad esencialmente exportadora, sus grados de libertad para aislarse del ciclo internacional, son limitados.

Por lo tanto el mercado interno, hoy débil demandante, debería ser la “piedra de toque” que otorgue cierta estabilidad y mayor previsibilidad a la actividad.

La búsqueda de ese objetivo, presenta como prerrequisito que la ingesta de los “frutos de mar” sea sustitutiva de, entre otras, las carnes rojas. Para ello, es necesario que estén alineadas las relaciones “precio-proteína”.

Llegar con valores accesibles a los puntos de abastecimiento en todo el país, en caso de incentivarse la demanda, requiere resolver una restricción relevante: la cadena de frio, tanto en el transporte como en la comercialización mayorista y minorista.

Va de suyo, en este contexto, que el costo del insumo energético adquiere una relevancia singular, como así también brindarles a los distintos eslabones de la “cadena de valor” incentivos de mercado que faciliten las decisiones de inversión. La energía es un insumo clave, tanto para la refrigeración, como para la logística fluvial, marítima o terrestre

El cuadro de “necesidades” se completa con el afianzamiento de una real “conciencia marítima”, por parte de la comunidad.

En ese marco “no arar en el mar”, será ver plasmado el aporte de la producción, transformación y comercialización pesquera, a un Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS) orientado a la producción.

Lic. Guillermo Moreno, Lic. Pablo Challú y Lic. Walter Romero

Agradecemos la colaboración de Marcos Von Ifflinger.

Locución: Iván Zimberlin 

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Guillermo Moreno

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