El jueves 28 de abril, el Gobierno finalmente utilizó, de un solo tirón, los pesos que el BCRA le había enviado una semana antes, para ir cubriendo su rojo fiscal. Retiró 59.000 millones de su cuenta en el Central. Casualmente o no, la cantidad coincide con el costo mensual de los subsidios de servicios públicos que hoy están en el centro de la discusión política. Con todo, abril fue un nuevo mes de contracción monetaria, con las compras de reservas y los intereses de Leliq como crecientes protagonistas de la emisión, pero con las Leliq absorbiendo mucho.

El Gobierno había llegado al 22 de abril flojo de liquidez. Su cuenta en el BCRA había tocado los 17.000 millones de pesos. Ese miércoles recibió 55.000 millones del Central y dos días después, el viernes, ingresaron los 123.000 millones de la exitosa licitación con la que se aseguró un mes de financiamiento neto récord, en torno al 28% de sus vencimientos de deuda en moneda local. Pasó a tener, en pocos días, 193.000 millones en su cuenta.

De ellos, el jueves 28 de abril retiró los mencionados 59.000 millones. En abril logró sacar del mercado 99.790 millones, gracias a las exitosas licitaciones. Las Leliq y los Pases, en paralelo, hicieron su trabajo absorbiendo otros 189.861 millones. El BCRA está logrando, todavía sin necesidad de aumentar la tasa, por el cepo, sacar de circulación mucha liquidez con sus instrumentos de política monetaria.

En abril, mientras que hubo un desarme de Pases por 77.758 millones, las Leliq captaron nada menos que 267.619 millones. La estrategia de esterilización no está libre de costos. De hecho, en lo que va del año, la emisión de pesos por devengamiento de intereses a los bancos, a partir de los pasivos remunerados, sigue siendo la principal causa de la impresión de billetes. En los primeros 29 días de abril se fueron otros 93.070 millones. En el total de lo que va del año, fueron 354.134 millones. El fenómeno es una de las explicaciones de la actual represión financiera, concepto que refiere a la baja tasa de interés para evitar que ese devengamiento mensual explote por los aires.

Pero en marzo y abril la principal causa de emisión fue la compra de dólares del BCRA. En el mes, las reservas crecieron en casi 764 millones de dólares y lograron superar el techo de 40.000 millones, con el agro ofertando más, gracias a los precios internacionales de los commodities y la demanda de divisas desplomándose. En abril, la fuga fue negativa y llegó a generar un ingreso para carry trade de 253 millones de dólares, el mejor mes desde diciembre del 2016. La contrapartida fue una emisión de 136.490 millones. Van dos meses seguidos en ese nivel. Y la dinámica va a continuar de la mano de la cosecha gruesa.

La financiación al rojo primario del Gobierno aparece todavía en tercer puesto, con un total de 190.000 millones de pesos en lo que va del año. Aunque la pandemia podría acelerar la dinámica de la emisión para envíos al Tesoro, tal como en marzo se aceleró el déficit. La continuidad, por ahora, es incertidumbre y por ende no hay certezas de cómo seguirá el panorama monetario.

La cuestión pasó al primer plano la semana pasada cuando dos bandos del Gobierno se dividieron entre fiscalistas, alineados con el ministro de Economía, Martín Guzmán, y keynesianos, esta vez encarnados en el subsecretario de Energía, Federico Basualdo.

Está claro que Guzmán viene realizando un ajuste fiscal en los últimos meses, con el fin del IFE y el ATP. En el primer trimestre cayó también el gasto real en jubilaciones y salarios estatales. Solo la obra pública y los subsidios de servicios públicos mostraron crecimiento. La puja por el nivel su descongelamiento hizo estallar a la interna, en un momento en el que la caída de la actividad económica parece exigir gasto público para apuntalar el ingreso. Mientras que Guzmán busca estabilizar la inflación con un ajuste del gasto en subsidios, la suba de las tarifas que se desprende de esa decisión parece ir en la dirección contraria.

En el marco del ciclo de Mateadas virtuales organizado por el Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO), el director del CESO, Andrés Asiain, remarcó en ese sentido: “No es momento de un programa moderado, buscando equilibrio fiscal. Es momento de movilizar muchos recursos, es tiempo de grandes programas económicos. La inflación se escapa por un error de diagnóstico. El esquema confía en el ancla fiscal, la idea de que se deben alinear expectativas inflacionarias mediante una baja del déficit fiscal. Pero ahí hay un problema, si la contraparte es aumentar las tarifas. Lo que reduce el déficit es lo que acelera los costos. Entra en contradicción la mirada fiscalista. Por eso la tesis está un poco floja de papeles”.

Por su parte, el director de Epyca, Martín Kalos, analizó: “Obviamente más tarifas implica más inflación. Pero también bajar el gasto en subsidios permite usar esos recursos para otra cosa que ayuden más a la reactivación, como transferencias directas a hogares u obras públicas. Esa también es una posibilidad. Creo que reducir el déficit es algo que el Gobierno puede marcar como un horizonte que dé previsibilidad, más allá de que la actual recesión no sea el momento para hacerlo. La emisión monetaria que arrancó en agosto del 2019 y que siguió hasta el 2021, muy necesaria por cierto, no tiene hoy una demanda que la avale. Tenemos un excedente que no sería grave en otro contexto pero, hoy, si tenés que emitir por cuestiones de gasto pandémico estás jugando el límite”.

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Mariano Cuparo Ortiz

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