El extrañísimo año en el que el PBI crecerá por segunda vez consecutiva
Hay consenso: el PBI volverá a crecer, de la mano de un arrastre estadístico que puede llegar al 3% y de la revancha de un consumo que venía golpeado. El 2023 arrancará con una economía al menos 1,4% por encima de los niveles del 2019 y con un PBI per cápita entre 1,5% por debajo o virtualmente empatado. La clave del desempeño económico será qué tantos dólares ingresan y qué acuerdo se logra con el FMI
Acerca del 2022 hay consenso de que ocurrirá algo que no se observa desde el 2010-2011: que se registren dos años consecutivos de crecimiento. El 2021 terminará con uno en torno a 10% que, además, dejará un efecto de arrastre estadístico de 3% para el próximo año. El Gobierno espera un alza de 4% en 2022, el FMI y los analistas de la city uno de 2,5%. Así, en el peor de los casos el oficialismo entrará al último año de gestión con un alza acumulado de 1,4% desde que asumió a fines de 2019. Es decir, una caída de 1,5% del PBI per cápita. En cambio, si se cumple la proyección oficial, ese indicador clave entrará al 2023 con un virtual empate respecto a lo que recibió.
La clave que determinará el nivel del repunte de la actividad, tanto en términos absolutos como per cápita, será lo que ocurra con el dólar lo que, a la vez, estará sujeto al destino de las negociaciones con el FMI. En eso también hay cierto consenso aunque algunos analistas señalan que, como contrapartida, un mal acuerdo con el Fondo puede golpear por el ajuste fiscal que se intentará imponer. Además de no traccionar al PBI por el lado del gasto público, un incremento de tarifas podría golpear a la inflación y, de esa forma, erosionar un poco más al salario y al consumo.
Un dato históricamente repetido es que, cada punto de crecimiento genera un incremento de las importaciones, tanto porque la suba del ingreso genera más demanda de consumo como, principalmente, porque implica una mayor demanda de compras de insumos y maquinarias para seguir produciendo a los nuevos niveles a los que la suba de la actividad lleva. Cuando suben las importaciones, las reservas empiezan a escasear y la economía se empieza a quedar sin ese lubricante para crecer: los dólares con los que se hacen las importaciones. Tanto por quedarse sin divisas para comprar insumos, como por empezar a retacearlas para no quedarse sin reservas, la famosa restricción externa obtura al crecimiento.
En el cierre del 2021 se viene observando algo de esa dicotomía. En agosto y septiembre la economía sorprendió por la velocidad del rebote de la actividad, con alzas mensuales de 1,4% y 0,9%. El costo: los pagos de importaciones volaron y el superávit comercial pasó de un promedio de USD1.720 millones mensuales a uno de USD462 millones en ese bimestre. No alcanzó para que hubiera superávit externo y la cuenta corriente cayó por primera vez en el año a ser deficitaria.
En octubre, el BCRA tomó cartas en el asunto y restringió los pagos de compras externas. Tuvo éxito y el superávit comercial volvió a USD1.375 millones. Pero la sábana fue corta y el PBI cayó 0,8%. En noviembre hubo vuelta atrás y se espera una nueva recuperación de la actividad. Pero eso sí: hubo déficit comercial por primera vez desde mayo del 2018 y nuevamente un balance externo con rojo de cuenta corriente.
Crecer duele. Para poder incrementar la actividad, serán necesarios dólares. El director del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO), Nicolás Pertierra, lo resumió con un cálculo que estimó que cada punto de crecimiento implicará utilizar USD2.000 millones. Es decir que para crecer serán necesarios USD8.000 millones. Casi todos los USD9.000 millones que entrarían por financiamiento de organismos internacionales según la expectativa oficial. En ese caso, serán pocas las divisas que quedarán para pagar deudas privadas, para sostener la fuga, el turismo (ambos batieron en noviembre sus récords para lo que va de pandemia) y la intervención en la brecha. “En 2022 el límite al crecimiento lo pondrá la disponibilidad de dólares y para crecer por arriba del 2,5% hará falta que entrén inversiones extranjeras o nuevo financiamiento”, señaló.
La estimación de Pertierra incluye a los 3 puntos de arrastre estadístico que dejará el 2021. Como el grueso del crecimiento se volvió a dar sobre el segundo semestre, ya que en el primer semestre hubo bajón por la segunda ola, diciembre terminará 3% por encima del promedio. Eso quiere decir que si el mes a mes del 2022 se da con estancamiento absoluto y la actividad termina virtualmente empatada, en realidad habrá un crecimiento estadístico de 3% al comparar el promedio del año que llega contra el del que se va.
Desde la consultora Abeceb señalaron: “Las restricciones a las importaciones topean el desarrollo de algunos mercados: limitan la diversidad de modelos a disposición, y otorgan incertidumbre en relación a algunos insumos. A la administración de importaciones se le suma los riesgos de la distorsión de las cadenas de valor internacionales, con industrias ya afectadas por la crisis de chips y semiconductores, así como por la presión de costos ante el aumento de precios de insumos difundidos: vidrios, plásticos y acero, entre otros”.
Abeceb consideró que el crecimiento del 2022 tendrá “buena performance, pero muy lejos del rebote del 2021”. Traccionarán “los servicios basados en el conocimiento, los servicios presenciales, beneficiados por menores restricciones y por la revancha del consumo, la producción de aparatos de uso doméstico, con un alza de 16,1%; y de electrónica de consumo, con suba 15%; las exportaciones mineras, con crecimiento de 9,3%; y la producción de vehículos, con mejora de 8,3%”.
- Com.Ven.Var. %

