Osvaldo Rosales es economista y Magister en Economía, y ocupó diversos cargos en gobiernos en Chile (su país de origen) y en la CEPAL. Estuvo en Buenos Aires para presentar su libro "El sueño chino" y dialogó con BAE Negocios.

—¿De qué forma podría resumir el sueño chino?
—El sueño chino tiene como en toda experiencia asiática, antecedentes de larga data. Hay que recordar que hasta mediados del siglo XVIII China era la primera economía mundial, de acuerdo con Angus Madisson de la OECD. Incluso en 1820 su PBI era superior al de EE.UU. y Europa sumados. Pero entre 1841 y 1911 China fue invadida dos veces por Inglaterra, también por Francia, Alemania, Japón, Rusia imperial y Estados Unidos. Y por otra parte China tenía una cultura feudal donde los llamados señores de la guerra tenían ejércitos propios y moneda propia. Y desde 1911 en adelante atraviesa un período de conflictos entre los señores de la guerra y luego de las dos invasiones adicionales de Japón una lucha interna entre el Kuomintang y el Ejército Rojo. Todo esto culmina en 1949 con el inicio de la República Popular China. A ese período 1849-1949 los chinos lo denominan "El Siglo de la Humillación". Y a partir de ahí se fijan un objetivo también a cien años, apuntando al 2049 o 2050, que ellos llaman volver a la normalidad histórica, volver a ser lo que China siempre había sido. En ese marco hay que entender iniciativas como Made in China 2025, acortar la brecha científica y tecnológica con Occidente en diez ramas claves de la industria, y para 2050 ser líderes en esas áreas y como dice Xi JInping "definir las reglas tecnológicas", no solamente ser actores tecnológicos. Esa es la esencia del "sueño chino".

—¿Cómo puede llegar a participar América Latina?
—Lo primero que debe hacer la región es tener un adecuado diagnóstico de lo que está aconteciendo en el concierto de la economía y la geopolítica mundial y cuales son los escenarios posibles. Y por lo tanto desde ahí ver que nos gustaría ser a nosotros en ese mundo que está cambiando, ya sea por el cambio climático, por la dinámica tecnológica o por la disputa de hegemonía entre China y Estados Unidos. El punto clave es tener esa brújula, esa agenda estratégica que hasta el dia de hoy está francamente ausente en nuestra región. Hay una pérdida de liderazgo, de visión estratégica y por lo tanto esa es una pregunta que no está presente ni en los líderes latinoamericanos actuales ni en nuestras universidades. El mundo que vamos a heredar a nuestros hijos y nuestros nietos tendrá una China mucho más relevante que el que tiene en la actualidad, y en ese contexto hay que ir conociéndola para ver qué respuesta vamos a tener nosotros para lidiar con eso.

—En la región los líderes no parecen pensar en términos regionales como pide en su libro...
—Absolutamente, no me da para apóstol pero pienso que sí he sido alguien que clama en el desierto en pos de la necesidad de la integración regional. Tengo claro que la integración lamentablemente vive su peor momento histórico en la región. Lo cual no quiere decir que no siga siendo urgente y necesaria. Lo es, particularmente para tener algo que decir, negociar o defendernos tanto de la opción norteamericana como de la opción china. Y creo que uno de los riesgos que corremos ahora es que esta nueva guerra fría del siglo XXI intente de una forma u otra alinearnos, ya sea con China o EE.UU., ese sería el peor error. Debemos mantener como América Latina una estrategia de no alineamiento activo, y para que eso tenga sentido es fundamental tener entre nosotros espacios de cooperación, de integración, cadenas de valor sudamericanas, cooperación en energía, infraestructura, tender todos los puentes posibles para que en algún momento podamos como en Europa sentir que la cooperación no es un tema de gobiernos sino de estados, y por lo tanto tiene una visión, un horizonte de largo plazo.

—¿Habria que pensar más en cuestión de intereses y no tanto en alineamientos políticos?
—Exactamente, intereses de largo plazo de la región. Por ejemplo cuando Donald Trump establece políticas proteccionistas, o erosiona día a día a la OMC y las propias reglas del comercio la pregunta es ¿A nosotros nos sirve ese mundo? Y la respuesta obvia inmediata es no, a países como los nuestros el multilateralismo es el mejor escenario posible, y hay que buscar alianzas con quienes están buscando renovar y perfeccionar a la OMC adaptándola a estos tiempos, y en ese caso la búsqueda nos lleva rápidamente a la Unión Europea. Yo he insistido sobre la relevancia del acuerdo UE-Mercosur, porque no sólo ayudaría a la integración regional nuestra sino que fortalecería los vínculos con una Europa que está bastante incómoda con la pugna entre China y Estados Unidos. Y nos conviene vincularnos a ese tercer actor para ampliar las espaldas, y tender contactos con otros países como Canadá y Nueva Zelanda, se trata de tener alianzas lo más amplias posibles para renovar y defender ese multilateralismo que hoy está amenazado de manera muy severa.

—¿Podrán evitar los chinos la Trampa de Tucídides en la disputa por el liderazgo con EE.UU.?
—Los chinos dicen que hay dos trampas que tienen que evitar para cumplir su sueño. Una es la trampa de los ingresos medios o trampa latinoamericana, ellos tienen conciencia de que en nuestra región hubo países que avanzaron mucho y después no lograron dar el salto, claramente Argentina es ejemplo de esto. Y también saben que esa trampa se supera con innovación, productividad y calidad de la educación, y en ese sentido van bien encaminados. La segunda trampa es la de Tucídides, que es la pugna que históricamente se ha dado entre un poder emergente y otro poder consolidado, China y Estados Unidos respectivamente en este caso. La historia dice que de los 16 casos en los que se dio este conflicto, doce terminaron en guerra. China tiene claro este tema y tiene claro que tiene que evitar una guerra con Estados Unidos, evitar el conflicto estructural, intenso, porque entre otras cosas además de generar un impacto global dantesco, distraería a China de su tarea de innovación, de productividad, de calidad, y por lo tanto atrasaría su encuentro con el reloj del 2050. Está en el ideario del sueño chino evitar ese conflicto.

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