El déficit primario rompió el amperímetro en junio. Abandonó los niveles moderados que vino mostrando entre enero y mayo y se multiplicó en el cierre del semestre, de la mano de las transferencias a las provincias, en clave electoral; de los subsidios a la electricidad, de la obra pública, del gasto social y de una baja relativa en la recaudación. Un fuerte combo. El déficit primario devengado fue de $304.712 millones, alrededor del 0,7% del PBI. El promedio de enero-mayo había sido de $27.000 millones.

El primer número de junio lo publicó la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC). Se trata del dato devengado, que podrá diferir con el que publicará la Secretaría de Hacienda, el martes 20 de julio, con el base caja. Pero sí da cuenta de la tendencia. El déficit primario se disparó en junio se haga la cuenta que se haga. Se trata de un mes con estacionalidad fuerte, en el que los años electorales suelen pegar con mayor fuerza. El número de Hacienda será algo menor, ya que algunos gastos como los aguinaldos pueden impactar en julio.

Para las consultoras, de todas formas, el número de junio mostrará niveles casi tan altos como los que reflejó la OPC, con un déficit primario en torno al 0,5% o 0,6% del PBI, tal como señalaron desde Equilibra. Así, mientras que para Equilibra implica alrededor de 215.000 millones, para la consultora Aerarium, junio tendrá un déficit primario en torno a $230.000 millones. Para LCG rondará los $200.000 millones.

Mucho para un mes, aunque la pandemia en su versión 2020 haya acostumbrado a esos niveles relativos al PBI, luego del pico de gasto social generado por el IFE y el ATP. Si bien esas erogaciones cayeron, las transferencias sociales recuperaron mucho, parcialmente, en mayo y junio.

Al respecto, englobando los datos del primer semestre, desde OPC destacaron: “El gasto en programas sociales ($316.069 millones), se redujo 40,8% anual, debido a que las transferencias destinadas a la emergencia sanitaria fueron inferiores a las del primer semestre del año pasado, fundamentalmente por la eliminación del IFE (Ingreso Familiar de Emergencia) y el AETP”.

Aunque agregaron: “No obstante, merece destacarse la consolidación de las erogaciones en el programa de Políticas Alimentarias ($78.802 millones) y Potenciar Trabajo ($73.761 millones). También se reflejaron en el primer semestre de 2021 la Asistencia Financiera al PAMI ($35.000 millones) para afrontar gastos vinculados con la pandemia por COVID-19 y las erogaciones del programa de Recuperación Productiva REPRO II ($31.302 millones). La dinámica de estos componentes puede apreciarse en el siguiente gráfico, donde se observa que el nivel de gasto en programas sociales cayó en términos reales respecto al año pasado, pero fue 3 veces mayor al compararse respecto de igual período de 2019”.

Ese gasto social recuperó mucho en mayo y junio. Y a eso se le suma el resto del gasto electoral, con el incremento en obra pública y las transferencias a las provincias como protagonistas. Además se observó una en simultáneo una relativa baja en la recaudación, en buena parte explicada por el desempeño del impuesto a las ganancias, que se vio afectado por la reducción de las retenciones sobre las rentas de trabajadores en relación de dependencia y por la postergación a agosto del vencimiento de las declaraciones juradas.

En un dato que puede causar sorpresa, se destaca que el déficit primario devengado de junio fue superior al del mismo mes del 2020. Pasó de $295.713 millones (0,9% del PBI) a los $304.712 que se registraron durante el mes pasado. En términos del PBI, y especialmente en el base caja, será algo más moderado.

Según la OPC, los ingresos tributarios y de Anses mostraron deterioro en junio. Habían crecido 34,1% y 15,9% interanual, respectivamente, en mayo. En junio pasaron a 16,2% y una caída de 1,6%. Por el lado de los gastos, los subsidios económicos crecieron 40,2% real interanual; las transferencias a las provincias 39,5% interanual; la obra pública 116,6%. Las que siguieron ajustando fueron las prestaciones sociales, con una caída de 18,8% real. El gasto corriente, en total, sigue cayendo en forma interanual pero menos que antes: en mayo dio un negativo de 18,5% y en junio uno de 9,2%.

El economista de Aerarium, Guillermo Giussi, señaló: “La disparada del déficit primario en junio se veía venir. Hubo muchos subsidios económicos, que son energía y transporte. Además, también hubo muchas transferencias a provincias. Se trata de un gasto electoral. Resulta sugerente que no se haya hecho antes, con la pandemia en niveles récord y cuentas públicas más holgadas. Se incrementa ahora, que hay anuncios de más gasto social, un déficit más complicado, buenas recaudaciones provinciales, buena coparticipación y con los contagios dejando el pico. Se está sobrecargando la mochila del gasto y la pregunta es qué pasará el día después de las elecciones. Hay un acuerdo pendiente con el FMI”.

La economista jefe de Equilibra, Lorena Giorgio, señaló: “Es un monto alto el de junio. Suele ser un punto de quiebre. Nosotros tenemos incluso un rojo de 0,6% del PBI en junio. Y en el segundo semestre se acumularán otros 3 puntos de déficit. Va a haber un push electoral, obviamente. Nuestras cuentas nos dan que entre lo ya anunciado de impulso al consumo, lo que prevemos que va a sumar en los próximos meses, lo que hay que sumarle de gasto de capital más la política crediticia de tasas subsidiadas, va a quedar un push de hasta 1,8% del PBI”.

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