La cuarentena continúa golpeando con fuerza a la recaudación tributaria y por ende a las cuentas fiscales, cuyos déficit primario y total marcarán una caída inédita para los últimos 35 años. Por la persistente baja en el consumo, que viene recuperando incluso más lento que la oferta productiva, y por las medidas de alivio encaradas por el Gobierno para ayudar a las empresas a sobrevivir a la pandemia, los ingresos de Afip se contrajeron 12,9% real interanual durante julio.

La caída en la recaudación tributaria es, junto con el crecimiento del gasto causado por el combate a las consecuencias económicas de la pandemia, una de las explicaciones clave del rojo fiscal de 10,5% del PBI, y un déficit primario en torno al 8%, que mostró esperar el Gobierno para el 2020. Se trata de números que no se observan desde la década del '70 (para el primario) y desde la del '80 (para el total).

Hasta ahora, por la caida de la posibilidad de financiar el gasto con unos ingresos decrecientes, desde el 19 de marzo ya le envió $1,2 billones al Tesoro para financiar el crecimiento del déficit. El principal pánico que generaba esa realidad, hasta la semana pasada, era la posibilidad de que, frente a las expectativas de devaluación generada por la brecha con los dólares paralelos, esa emisión se fuera toda a la divisa. El arreglo de la deuda le brindará al menos unos meses de calma al Gobierno. Pero el frente fiscal seguirá necesitando del fin de la pandemia para que los ingresos recuperen sus niveles normales.

El director de Macroviews, Pablo Goldín, dijo a BAE Negocios: “El Gobierno está frente a un desafío que no se soluciona con 60 medidas sectoriales. El problema de acá al verano es macro y no es necesario que venga con un ajuste. Se tiene que dar en los próximos meses la posibilidad de ir recortando el gasto pandémico. Salarios de privados, ATP, IFE y transferencias a provincias. Acercarlo a cero. El otro gran paso es que parte de lo que se pierde de recaudación se vaya recuperando de la mano del rebote de la actividad. Si el Gobierno da marcha atrás con ese gasto y la recaudación recupera la mitad de lo que pierde este año, no se estará tan lejos del equilibrio. Se podrá ir a déficit cero en 2022. De todas formas, será todo un desafío para un año electoral como el 2021”.

Desde LCG proyectaron: “Esperamos una caída del PBI del 15% interanual en 2020 y una inflación estabilizada en niveles más bajos de lo esperado (por la recesión y por efecto de las ancla cambiaria del congelamiento de tarifas). Ambos factores tienen arrastre sobre la recaudación, para la cual proyectamos un crecimiento del 20% interanual, equivalente a una caída de 15% interanual medida en términos reales. Medido en términos reales, en 2020 la recaudación volverá a ser semejante a la de 2009, 11 años atrás”.

El cálculo de una caída de 12,9% en la recaudación de julio supone una inflación de 2% durante el mes pasado, en línea con el relevamiento del IPC de alta frecuencia de la consultora Seido. Hay variedad de proyecciones para los precios de julio. En todo caso, la variación real de la recaudación tributaria no caerá muy lejos del número supuesto. Así, durante julio se volvió a observar una desaceleración respecto a las brutales caídas de 23,3% real en abril y de 21,8% en mayo (para deflactar esos números sí se cuenta con inflaciones oficiales ya publicadas). La desaceleración es menor respecto al 15,8% de contracción real que se observó durante junio.

Y es que julio no fue un mes amigable para la actividad económica, en general, y para el consumo, en particular. De hecho, durante los primeros 17 días del mes, la cuarentena volvió a una de sus versiones más rígidas, lo que tuvo efectos sobre la actividad económica. Las consultoras coinciden en proyectar, o bien una interrupción absoluta del rebote económico tras el desplome de marzo-abril, o bien una desaceleración importante de ese repunte.

Al escaso repunte de la actividad y el consumo se le sumó el efecto de las medidas tributarias anticrisis, como el ATP, mediante el cual el Gobierno prorrogó el pago de las contribuciones patronales y además otorgó rebajas para las empresas más golpeadas. De esa forma, durante julio la recaudación de la seguridad social sufrió una caída real de 16,7%.

Por su parte, el IVA que funciona como una señal de los niveles de consumo, tuvo un desempeño similar al de junio, lo que demuestra cierto estancamiento mensual. Subió apenas 10% nominal, lo que implicó una caída de 22,6% interanual en términos reales. La contracción había sido de 22,2% real en en junio, por una suba nominal de 11%.

Aunque unidos apenas representaron el 5% de la recaudación del mes, los que tuvieron un desempeño extraordinario fueron el impuesto PAIS, por la suba en la compra de dólares causada por las brechas cambiarias, y el tributo a los bienes personales. El primero sumó $20.018 millones en julio y el segundo $9.240 millones, con una suba interanual de 338,4%. Los dos crecieron de la mano de la ley de Solidaridad Social votada sobre el cierre del 2019.

El impuesto al cheque, otro indicador de actividad económica, creció 26,6% nominal, lo que implicó una caída real de 11%. Los derechos de exportación se contrajeron 20,9% real. Ganancias marcó una baja interanual real de 23,6%, también por la extensión del plazo para presentar las declaraciones juradas.

Desde Afip afirmaron: "La caída en el nivel de actividad y las distintas medidas de política tributaria tendientes a aliviar la situación de los contribuyentes constituyen los principales factores explicativos para la variación en los ingresos tributarios de julio. La dinámica de la recaudación evidencia, sin embargo, una desaceleración en el ritmo de contracción en términos reales con relación a los registros observados desde que inició la pandemia del COVID-19".

Y además explicaron: "Un elemento relevante a la hora de evaluar el desempeño de la recaudación es el elevado nivel de acogimiento a los distintos Planes de Facilidades de Pago por deuda corriente. Este comportamiento, que se traduce en una merma en los ingresos tributarios, no sólo se explica por la dimensión de la crisis sino también por las distintas modificaciones normativas y la ampliación de las herramientas disponibles para regularizar obligaciones vencidas. Dichas medidas implementadas por la AFIP representan un esfuerzo en términos de administración tributaria que facilitan la regularización de deudas".


 

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Mariano Cuparo Ortiz

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