Cuando a Betina Stein y Claudia Berger les entregaron sus tarjetas como directoras del Banco Central, en el papel se leía “director” y “vicesuperintendente” respectivamente. Ambas comprendieron que el masculino no había sido de mala fe pero se quejaron y pidieron agregar las “a” al término de sus cargos de jerarquía. Y es que de las 10 personas que conforman la cúpula del BCRA sólo el 20% componen la representación femenina: ellas. Una foto hacia adentro de lo que ocurre en el ámbito financiero y que refleja las brechas también hacia afuera entre varones y mujeres en lo económico y la invisibilización de la población LGBTIQ+. Una alarma para accionar en los dos sentidos.

“Los lugares donde se toman las decisiones deberían poder representar a la población. Hoy los órganos directivos tienen pocas mujeres y son binarios”, afirmó Celeste Perosino, gerenta de Promoción de Políticas de Género, Resguardo del Respeto y Convivencia Laboral, área que está elaborando un informe sobre el estado de las desigualdades, cómo afecta la maternidad en el desarrollo profesional, qué elementos de segmentación vertical y horizontal se encuentran, entre otros 40 indicadores, en el BCRA.

Los datos tienen varios objetivos: impartir políticas que achiquen las brechas existentes en el interior de las entidades financieras, trasladar la perspectiva a la política económica para generar inclusión y ser el ejemplo tanto para la banca pública como privada, que “toman las buenas prácticas” del organismo central. El desarrollo del informe cobra especial relevancia ya que se acerca el 8 de marzo, cuando es el Día de la Mujer, una fecha particular para visibilizar estas problemáticas.

El IFE como punto de partida

Entre los proyectos, ya está en el radar el diseño de programas de educación financiera junto a la Dirección Nacional de Economía e Igualdad del Ministerio de Economía que buscará dar “derechos” y garantizar “decisiones informadas” a los sectores más vulnerables, indicaron las integrantes del Central en una entrevista con BAE Negocios.

Según datos del Informe de Inclusión financiera del BCRA de abril del 2020, en 2018 al menos el 80% de la población adulta en Argentina contaba con una cuenta bancaria. Pero el tipo de instrumento tiene un fuerte sesgo de género. Los varones cuentan con un 11,5% más de cuentas sueldo, mientras que las mujeres son las que posiblemente vayan a abrir una cuenta previsional (tomando en cuenta a las titulares de la AUH, que representan el 97% del total de beneficiarios).

El Ingreso Familiar de Emergencia ( IFE) creó dos millones de nuevas cuentas bancarias y las principales beneficiarias fueron mujeres ya que representaron más del 57% de quienes cobraron el bono de 10.000 durante los meses más duros de la pandemia de coronavirus. Para Perosino, el fenómeno sirvió para que “muchas personas que estaban por fuera del sistema comenzaron a ser captadas” por lo que consideró necesario políticas específicas de vinculación, conocimiento y toma de recaudos de esos nuevos usuarios y usuarias.

Además, hay situaciones a la vista que tienen como denominador común la violencia para trabajar. “El endeudamiento informal constante es una forma de perpetuar la violencia de género”, explicó la antropóloga y amplió: “Las mujeres se endeudan con créditos para el consumo diario y estas deudas pueden significar el anclaje de una mujer a un lugar con un agresor, por ejemplo”.

En este sentido, Stein advirtió que en muchas ocasiones falta “una lectura feminista” sobre la toma de créditos, “no para comprarse zapatos”, aclaró y resaltó el informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que indica que a la hora de acceder a un préstamo, las mujeres prefieren invertirlo en el desarrollo de una vivienda mientras que los hombres lo destinan a bienes de uso.

El documento también explica que cuando las mujeres son empresarias, sus solicitudes de financiamiento son menores a las de los varones (58,5% versus 80,9%), y que cuando lo hacen la tasa de rechazo es 2,6 veces mayor.

“Hay que pensar en una lógica de créditos para las diversidades. Suele ser un universo con mucha menor posibilidad de acceder a un trabajo que no sea precario. Esta diferencia responde a la lógica de lo no binario, de romper el sesgo”, señaló la economista.

Sin violencias, más cargos de jerarquía

La imposibilidad de las mujeres y la población LGBTIQ+ de alcanzar puestos de toma de decisión se da, en muchas ocasiones, por la exposición a situaciones de discriminación o acoso laboral. “La violencia es un mecanismo para que las mujeres sigan segregadas en determinados rubros y determinados puestos laborales. Refuerza la subordinación. Por eso la cuestión no es solamente crear políticas específicas que tengan algún tipo de acción afirmativa sobre concursos o ascensos sino también poner a disposición un protocolo de actuación”, explicó Perosino.

En diciembre del año pasado el Banco Central aprobó su propio protocolo contra la violencia de género. A la vez, la implementación de mecanismos similares es uno de los puntos que las entidades financieras acordaron con los gremios bancarios a implementar.

Sobre los directorios, en septiembre de 2020 el BCRA estableció a través de la comunicación A7100 modificaciones en los Lineamientos para el gobierno societario en entidades financieras. Allí sugirió “equiparar la participación de varones y mujeres en los espacios laborales de toma de decisión y garantizar el derecho a la igualdad de oportunidades y la no discriminación por razones de género”.

Ese mismo mes, presentó la “Guía para una comunicación inclusiva” para la implementación de lenguaje no sexista en las comunicaciones internas del banco. “Dejar de masculinizar el lenguaje en los procedimientos internos fue empezar a marcar una línea desde lo discursivo”, indicó Stein y siguió Perosino: “Es una política de prevención de las violencias”.

Los bancos públicos y privados suelen ir con la corriente del Central. En 2020 se realizaron encuentros con directoras de entidades de ambas naturalezas con este fin. Mientras que la banca pública asume los compromisos del Gobierno con “un impacto más directo”, la privada hace lo propio desde otras áreas como por ejemplo recursos humanos, explicaron las integrantes del organismo.

La necesidad de igualdad de género y diversidades también surge de los trabajadores. Los pasillos del BCRA visten carteles con la imagen de Micaela García, la joven asesinada en Entre Ríos que inspiró la norma con su nombre, y advierten: “¿Te imaginás que la Ley Micaela se aplique en el Central?”. Según señaló Perosino, las capacitaciones en género bajo esta normativa están ocurriendo de forma anual y se enfocan en pensar “cuáles serían las funciones de cada área pensadas desde la perspectiva de género”.

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