El 2020 fue claramente el peor registro estadístico en la compraventa de escrituras: apenas 18 mil escrituras, un 44% menos de lo que ya había sido el peor año en 2019.

Pero en el final de 2020, una reforma legislativa al Código Civil reabrió una conducta habitual de la organización del patrimonio familiar común en los argentinos: es que con la modificación del Código Civil sancionado en 2015, las donaciones volvieron a ser seguras y estimularon a que vuelvan a realizarse sin temores a vaivenes jurídicos.

Los datos recogidos por el Colegio de Escribanos de la Ciudad de Buenos Aires así lo demuestran: las donaciones en Ciudad tuvieron un crecimiento de más del 300% en el primer trimestre de 2021 si se lo compara con el mismo período anterior.

En los primeros tres meses hubo 2053, que se muestran muy sólidas frente a las 529 de 2020 (aún en meses pre-pandemia). Pero vale remarcar que estos indicadores de 2021 hasta duplican lo que era un año habitual previo a la sanción del Código cuando este acto jurídico se convirtió en “observable”.

En esa línea, desde 2004 a 2015 rondaron las mil donaciones en los tres meses, y entre 2016 y 2020 fue un “pozo” de apenas 500 escrituras donatarias. Con las 2 mil de este año pareciera que se recupera claramente el ritmo de espera que tuvieron en el período 2015-20.

Si uno observa los registros totales de los años, hasta 2015 había entre unas 7 mil y 8 mil donaciones, y desde 2016 a 2020 se redujeron a 3 mil. Por eso es que con un trimestre de 2 mil escrituras la proyección para 2021 es una muy buena tendencia.

Después de la sanción del Código en 2015, las donaciones se redujeron a la mitad porque la gente temía que ese inmueble sería objeto de conflicto en el futuro. Y otro dato es que los bancos también dejaron de aceptar a un bien donado como opción para una compra a través de crédito hipotecario”, comenta el presidente de la institución Carlos Allende. Pero “desde que se sancionó la reforma del Código se realizaron más de 3 mil donaciones”, agrega Allende.

Hay un dato de época: en 2015, un mes antes de la puesta en vigencia de la normativa que reemplazó al viejo Código de Vélez Sársfield, las donaciones tuvieron un pico de 2848 actos, por lejos el mejor registro de toda la serie histórica en un solo mes. Ese era el último mes válido para que una donación no tuviera el mote de “observada” por un lapso de 10 años.
 

Por qué se donan más propiedades

La calificación jurídica de “observable” implicaba que esa donación podía ser reclamada por herederos en el marco de una sucesión, y el inmueble ya no era aceptado en ese circuito de la comercialización.

Pero con la sanción en noviembre de 2020 las donaciones de bienes inmuebles de padres a hijos o a terceros ya no podrán ser jurídicamente observables y no tendrán trabas para venderse o usarse como garantías bancarias.

En términos jurídico-inmobiliarios, el Código de 2015 afectó el tráfico inmobiliario: “Como los títulos eran observables durante una década o de 5 años desde la muerte del donante, era compleja la venta y eso frenó también al mercado”, comenta Ricardo Blanco Lara, prosecretario del Colegio.

En términos prácticos, “se vuelve al sistema anterior, de Vélez Sarsfield, donde la donación a terceros solo tiene una ‘acción de reducción’ (reclamo de herederos sobre la propiedad) si afectan la llamada herencia ‘legítima’. Si el destinatario de la donación hubiera vendido el bien a un tercero de buena fe, el acto queda saneado. El legislador protege a los que quieren comprar un bien que fue donado”, agrega Blanco Lara, quien destacó que en los argumentos previos a la sanción remarcaron que “donar vuelve a ser seguro”.

A la hora del balance, el presidente Allende valora que “se haya recuperado la planificación sucesoria de los bienes a través de esta herramienta útil para las familias”.