Para la economía en general, y para el sector manufacturero en particular, abril fue el peor mes de la historia reciente. El Indec publicará a las 16 el informe de Utilización de la Capacidad Instalada en la Industria de abril, uno de los indicadores que viene mostrando, desde hace años, los efectos de la larga recesión económica que sufre la economía local. Seguramente mostrará que se alcanzó el punto más bajo de la serie histórica.

El uso de capacidad instalada fue de 51,6% en marzo. Si bien las comparaciones en términos mensuales encuentran dificultades, porque hay factores de estacionalidad, se descuenta que abril fue mucho peor. Batirá así, posiblemente, el récord histórico.

Y es que en abril la cuarentena mostró, hasta ahora, su versión más inflexible: la totalidad del mes transcurrió sólo con los sectores esenciales funcionando. El viernes el Indec publicó una encuesta cualitativa que dio cuenta del receso extraordinario que generó la cuarentena por el lado de la oferta. El informe expresó: “De las más de 1.300 empresas relevadas en la encuesta, dos tercios declararon que no pudieron operar con normalidad en abril. Entre aquellos locales que operaron parcialmente o no tuvieron actividad, más del 60% declaró que la principal causa fue el Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO) y casi el 18% declaró que, si bien estuvo habilitado para operar, no tuvo pedidos”.

El bajo uso de capacidad instalada tiene incidencia sobre otras dos variables clave de la macro. La primera es la inflación y en ello se basan los principales argumentos de la heterodoxia y del BCRA para sostener que la fuerte emisión monetaria de los últimos meses no será inflacionaria: una potencial suba de la demanda, a medida que la cuarentena administrada vaya liberando actividades, tiene mucho margen para que las empresas vayan aumentando su producción, sin necesidad de invertir, en lugar de ajustar por el lado de los precios.

La otra es la mencionada inversión y ahí las proyecciones son pésimas. A la brutal caída de 67% en abril, según las mediciones de la Fundación Germán Abdala (FGA) le queda mucho camino por delante para esperar una recuperación importante. Y es que, con tantas maquinarias en desuso, no hay expectativas de que las compras de equipos de producción encuentre algún repunte de corto plazo.

Al problema desde la oferta, que es para la economía local algo así como la novedad en términos de recesiones, se le suma el problema que viene arrastrando la demanda: con caídas casi ininterrumpidas en el consumo, tanto público como privado, y la inversión, tanto pública como privada, desde principios del 2018. El ajuste del gasto del estado y la caída de los ingresos de los hogares conjugados.

Por eso el sector manufacturero utilizó en apenas un 59,5% promedio sus máquinas, entre junio del 2018 y marzo del 2020. Para apreciar lo que es una utilización óptima de la capacidad instalada, se puede observar que en 2011, último año de crecimiento continuo de la economía, el promedio fue de 78,5%. Con picos de 84,1% y 82% en noviembre y diciembre.

En el año “dorado” de Cambiemos, el electoral 2017 en el que el Gobierno realizó un fuerte gasto keynesiano en obra pública, para empujar la demanda agregada, el promedio fue de 65,3%. Entre septiembre de 2014 y el mismo mes del 2015, al cierre del kirchnerismo, cuando la gestión Jorge Todesca interrumpió la medición y armó una nueva serie, llegó al 70,6%

Cabe destacar que incluso en buenas épocas resulta esperable que las empresas se esfuercen, mediante la inversión en nuevas capacidades, por dejar cierto margen sin utilización para absorber fácilmente incrementos de la demanda.

En marzo, la utilización de la capacidad en la industria fue de 51,6%. No se registraba un mes tan malo desde marzo del 2002, tras la megadevaluación causada por la salida de la convertibilidad, durante la gestión del entonces ministro de Economía, Jorge Remes Lenicov. En aquel entonces había sido de 50,3%.

El mayor desplome lo sufrió la ya muy golpeada industria textil: pasó a utilizar apenas del 28,7% de su capacidad instalada. El resto del impacto mayor fue para aquellos rubros que proveen, entre otros, a la construcción: minerales no metálicos, que llegó a 42,1%; metálicas básicas, a 58,5%; metalmecánica a 30,4%; y caucho y plástico a 39,8%.

En abril, la caída de la producción fabril fue de 33,5% interanual. En comparación con marzo, y aislando factores estacionales, en cambio fue de 18,3%. Pero en comparación con febrero la baja fue de 32,4%.

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Mariano Cuparo Ortiz

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