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La city proyectó 9% de inflación en abril y 7,5% en mayo

Las consultoras y bancos que participan del REM del BCRA bajaron y mucho sus expectativas de inflación, en línea con el escenario recesivo, con el ancla cambiaria con acumulación de reservas y con la postergación de la suba de tarifas e impuesto a las naftas, que el Gobierno decidió para priorizar la desaceleración de los precios

Las consultoras y bancos de la city ya proyectan una inflación de 7,5% en mayo y un 9% en abril, lo que, de verificarse, consolidaría un IPC en un solo dígito, dinámica que se espera que continúe hasta fin de año, aunque sin llegar a perforar el piso del 5% en todo el 2024. Las previsiones inflacionarias de los especialistas cayeron con fuerza durante el último mes, con un escenario de recesión, con el dólar como ancla pero todavía acumulando reservas, con salarios a la baja y con un Gobierno que decidió priorizar la desinflación sobre el ajuste fiscal en tarifas, a la pesca también de reactivar algo la economía.

De hecho, los números publicados por el BCRA a través del informe del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) de abril, que contó con las proyecciones de 39 consultoras, centros de investigación y entidades financieras, mostraron una caída de 1,8 puntos respecto a lo que esperaban un mes antes para el IPC de abril. Es decir: preveían una inflación de 10,8% para ese mes y ahora un 9%. El Indec publicará el dato oficial el próximo martes 14 de mayo.

Para el mes actual, los analistas señalaron que habrá una nueva y fuerte desaceleración, que llevará al incremento del IPC mensual al 7,5%, lo que de verificarse en la realidad represetará el nivel más bajo para la inflación desde julio del año pasado. Eso implicó que las proyecciones se volvieron mucho más optismistas en el último mes: de hecho, bajaron 1,5 puntos respecto al 9% que esperaban en el informe anterior del BCRA.

En cuanto a la inflación proyectada para la totalidad del año, también hubo una moderación en las expectativas de los privados: ahora esperan que el IPC de diciembre marque una variación interanual del 161,3%, lo que está nada menos que 28 puntos por debajo de lo que esperaban un mes atrás. Para junio la expectativa es una suba de 6,8%, seguida de otra de 6,3% en julio y de una de 6% en agosto. Luego, se espera un 5,8% en septiembre y un 5,2% en octubre. Para noviembre y diciembre quedaron implícitas expectativas de subas de 5,1% mensual. 

Vale recordar que el Gobierno suspendió varios incrementos que iban a afectar a la dinámica inflacionaria del mes: por un lado, las actualizaciones tarifarias de la electricidad y gas, cuyo impacto, destacaban las consultoras, iba a implicar un fuerte golpe a la desaceleración de los precios. Por otro, hubo un freno a la recomposición del impuesto al combustible que, sumado al aumento de 4% que decretaron las petroleras, iba a generar un incremento del 11% en las naftas, con efectos de primera, por el impacto directo en el bolsillo, y de segunda ronda, por la afectación a los costos del transporte de mercaderías.

El Gobierno dio así un notorio giro en las prioridades de política económica. Si en el primer trimestre el énfasis estuvo puesto en el ajuste más fuerte posible del gasto público para ayudar a frenar la actividad económica, con el sobrecumplimiento de las metas fiscales las decisiones parecen apuntar a evitar una aceleración de corto plazo, incluso al costo de afectar al fisco, con una menor recaudación vía combustibles.

En ese sentido, Vectorial destacó que esa suba del impuesto permitía sumar medio punto del PBI. La consultora afirmó además: “Se ralentiza el proceso de corrección de regulados, con el objetivo de preservar la inflación en un dígito que, se descuenta, podrá mostrar el gobierno cuando se anuncie la evolución de los precios del mes pasado. Es cierto que estas decisiones se toman con el paquete fiscal aparentemente despejado y tras un primer trimestre de superávit financiero, y que la secuencia de “sobreactuación” inicial seguida de un relajamiento, una vez conseguido algo de credibilidad, tiene lógica económica y política”.

Y agregó: “Sin embargo, cabe preguntarse sobre el sinuoso equilibrio que debe ensayar el gobierno para relajar los ajustes en el contexto en dónde los números fiscales se recostaron en otras variables de dudosa sustentabilidad de cara a futuro”.


 

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