El "rinoceronte gris" del coronavirus (Covid-19), el explosivo combo inflación y déficit y el "nudo gordiano" de las reservas internacionales y el dólar hoy signaron la economía argentina en 2020 e imponen desafíos para 2021, de acuerdo con informe de Torino Economics.

La consultora analizó cinco aspectos del año que se va y el horizonte del que viene:

1 - Actividad económica y la irrupción del “rinoceronte gris”

Desde el 2010, la actividad económica ha registrado constantes fluctuaciones. Cada uno de los componentes del PBI ha experimentado grandes caídas en la última década, siendo uno de los más afectados el consumo privado. Para este 2020, se espera que la inversión sea la más afectada (-24,40%) lo cual significaría su tercer año consecutivo decreciendo en niveles cada vez más significativos. 

Sin duda, este comportamiento de la inversión se manifiesta en la incertidumbre que ha signado al país sudamericano en los últimos años, por lo que no es de sorprender una caída aún más profunda en este 2020, en medio de una pandemia. Le seguirían las importaciones (-20,21%), generando que la balanza comercial de Argentina se mantenga superavitaria gran parte del año. De todos los componentes del PIB, solo se espera crecimiento en el consumo del gobierno (0,75%). 

2 - Inflación y déficit fiscal, un combo peligroso


Uno de los problemas casi estructurales que afronta la economía argentina es la incontrolable inflación, que desde hace varios años se mantiene entre los niveles más altos del mundo.

Durante el 2020, el gobierno de Alberto Fernández logró mantener los incrementos de precios medianamente controlados, a pesar del aumento incesante de la emisión monetaria para evitar que la economía se contrajera aún más. De en enero en adelante, la variación más elevada en el Índice de Precios al Consumidor ( IPC) ha sido la registrada en octubre, cuando alcanzó 3,8% motivado a la liberalización de algunos precios que se habían mantenido rígidos desde marzo. 

“Si bien para el cierre de este año, es posible que la inflación sea mucho más baja que la del 2019, para el 2021, dada la apertura de la economía una vez se vaya superando la pandemia, es posible que los precios se incrementen de forma importante, aunque no al nivel de 2019. En ese proceso, es clave que la economía crezca también, para evitar la profundización de la crisis”, señala la consultora con sede en Nueva York.

Respecto al déficit fiscal, el Gobierno argentino debió destinar una mayor cantidad de recursos a los sectores vulnerables, con el objetivo de atenuar los efectos económicos del Covid-19 y evitar una mayor crisis en la economía argentina. Esto propició un aumento sustancial del déficit fiscal del país, el cual en este 2020 está muy por encima a los niveles registrados en 2019. 

En cada uno de los meses de este 2020, Argentina solo ha registrado déficits fiscales, generados en parte por la reducción de los ingresos primarios dada la pandemia y la caída de la recaudación tributaria.

En ese sentido, desde los distintos sectores económicos, incluyendo organismos tales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) se aboga para que la administración de Fernández desista de usar este medio de financiamiento, dados sus efectos contraproducentes en términos de presión inflacionaria e inestabilidad en el mercado cambiario.

La única forma de que una emisión de estas proporciones no genere inflación es que vaya atada a una producción de bienes y servicios de la misma magnitud, lo cual en una economía como la Argentina parece ser limitado”, afirma Torino.

3 - Un superávit comercial engañoso, el nudo gordiano del dólar hoy y las reservas internacionales

Uno de los datos económicos positivos que podría mostrar la Argentina es el superávit comercial, frecuente a lo largo del año. Sin embargo, es importante aclarar que esto no se debe a un aumento de las exportaciones (como quisiera el gobierno) sino más bien a una caída en las importaciones motivado a la menor demanda.

“El país tiene en su haber más de nueve años consecutivos con déficits en la cuenta corriente de la balanza de pagos, lo cual le coloca en una situación comprometida a la hora de poder hacerle frente a los embates de las diferentes crisis por las que atraviesa”, asegura la consultora en su informe.

Por otro lado, uno de las mayores dificultades enfrentadas por el gobierno argentino durante este 2020, además de las negociaciones con los acreedores, ha sido la volatilidad del tipo de cambio no oficial, el llamado dólar blue. Luego de las medidas anunciadas a mediados del mes de septiembre por el presidente del BCRA, Miguel Pesce, la situación se complicó para la administración de Fernández. 

Luego de un breve periodo de “luna de miel” entre Argentina y los mercados tras el exitoso canje de deuda, la brecha cambiaria (entre el dólar paralelo y el oficial) llegó a superar el 100%, dando pocas señales de estabilidad a los inversores extranjeros. Las medidas ejecutadas por Pesce tuvieron como punto de origen la perdida continua de reservas internacionales por parte de la entidad financiera, lo que conllevó a cerrar aún más el acceso al mercado cambiario. Esta decisión, como era de esperarse, generó una fuerte incertidumbre que se trasladó al tipo de cambio.

Según Torino Economics, de continuar las distintas brechas cambiarias afianzándose “es posible que los sectores exportadores reduzcan su influencia en los mercados, ya que caen en pérdidas que ninguno quiere enfrentar. Argentina no solo debe propiciar las exportaciones, también debe fomentar aumentos sustanciales en la inversión extranjera productiva”.

4 - El giro “ortodoxo” de Martín Guzmán


En medio de las turbulencias cambiarias, el ministro de Economía, Martin Guzmán, entró en escena con el anuncio de una serie de medidas que los mercados han percibido como un giro a la ortodoxia, ante la necesidad de transmitir urgentemente estabilidad en los mercados financieros, que ya prevén elevadas probabilidades de default sobre el nuevo set de bonos emitidos como producto del canje de agosto último.

"No es momento para un cuarto Ingreso Familiar de Emergencia (IFE)” llegó a declarar el ministro Guzmán, haciendo énfasis en cuidar el déficit fiscal y de no continuar financiándolo  a un nivel que propicie las temidas presiones inflacionarias.

Otro punto que muestra este giro a la ortodoxia económica es que en lo que se refiere a los subsidios para las tarifas, en el caso del transporte de pasajeros en el interior el Ejecutivo sólo agregó $10.000 millones y cuando los diputados reclamaron más, cerró la puerta. 

Esta postura más cercana a la austeridad y el compromiso expresado por el gobierno para retomar la senda de la consolidación fiscal se tradujo en una leve recuperación de la cotización de los bonos internacionales de Argentina en los mercados, los cuales registraron una estabilización luego de las declaraciones generadas por Guzmán.

No obstante, desde los mercados persisten las dudas sobre el ajuste fiscal: el proyecto de Presupuesto 2021 establece un saldo deficitario de 4,5% del PIB. Si bien Guzmán ha dejado entrever que incluso procurará esfuerzos para lograr un resultado fiscal menos negativo, no está definido un plan claro para alcanzarlo. Parece que la apuesta del equipo económico apunta a un mayor crecimiento de la actividad para mejorar la recaudación y evitar un ajuste del gasto en pleno año electoral.  

5 - Lo que se espera para 2021


Tras un año muy difícil que coincidió con el primero de Alberto Fernández, la situación para la Argentina es complicada.

Según Torino Economics, el país enfrenta una nueva tensión entre las presiones inflacionarias y la volatilidad de su mercado cambiario, que podría evocar episodios como los ocurridos tras la salida de la convertibilidad en 2002, cuando el tipo de cambio se disparó, mientras que la inflación subía de forma descontrolada. Lo mismo sucedió en la crisis de México en 1994, denominada “Efecto Tequila”, donde un nivel de reservas internacionales exiguo propició la devaluación de la moneda local y el fortalecimiento de la moneda extranjera

De todas formas, la unidad de investigación del banco de inversión Torino Capital asegura que el 2021 podría no ser tan desolador como muchos habrían esperado.

“Si bien el país transita un camino sinuoso y donde cualquier movimiento en falso podría propiciar importantes desequilibrios y con ello comprometer el futuro de la población y de la nación en general, aún se presentan oportunidades que permitirían sortear los obstáculos y proveer mayor estabilidad. Sectores como el energético, a través de los yacimientos de Vaca Muerta, podrían convertirse de un potencial esquivo a una realidad que implique en el corto y mediano plazo la posibilidad de generar divisas en una magnitud que contribuya a disminuir la dependencia al endeudamiento externo”.

Para eso, según la consultora, es necesaria la implementación “de un régimen fiscal propicio para las inversiones en el sector”

Pero, sobre todo, “es necesario que se genere un cambio de rumbo en el gobierno de Fernández, empezando por sincerar las cuentas fiscales, establecer un plan económico factible, con metas fiscales y monetarias claramente definidas, y fomentar el potencial exportador, necesario para el acceso a dólares genuinos”.

“La producción basada en Vaca Muerta, como fuente alternativa de generación de dólares, encierra grandes posibilidades para generar producción de bajo costo. Argentina se encontraría en un punto de inflexión, a partir del cual la producción argentina podría crecer, convirtiendo al país en un productor neto de petróleo y gas. Ello no está exento de desafíos, ya que se requieren grandes inversiones, por lo cual es necesario que el entorno regulatorio sea estable, generando la confianza necesaria en los inversionistas”, cierra el informe Torino Economics.