La industria local estuvo entre las que más cayeron en América Latina entre marzo y abril. El sector es de los que más viene sufriendo la cuarentena a nivel local y registró una contracción acumulada de 32,2% en ese período (luego en mayo recuperó 9% y la contracción total quedó en 26,1%), con una pérdida total de 14.700 puestos de trabajo, en la comparación libre de estacionalidad.

Los números muestran una dinámica complicada: en marzo la industria manufacturera local sufrió un desplome muy superior al del resto de los países de la región. Y es que en los últimos 11 días del mes entró en la cuarentena en su versión más dura. Eso, según cálculos de la UIA, con sólo sectores esenciales funcionando, implicó que opere apenas al 24%, con una pérdida diaria de $8.700 millones de valor agregado industrial (contracción desde $11.400 millones diarios en épocas normales a $2.700 millones en épocas de restricciones duras).

Así, en marzo, la industria local registró una contracción de 17% respecto a febrero. Un desplome extraordinario y superior al de 9,1% que registró Brasil. Durante ese mes, Chile tuvo una mejora de 7,9%. Similar salto registró Uruguay, con uno de 8,3%. Ecuador, aún con un pésimo desempeño, marcó una contracción de “apenas” 10,5%. Eso dejó al resto de los países de la región con un piso de comparación más favorable de cara a abril, que fue el mes de los desplomes generalizados.

Durante abril, la cuarentena argentina fue destacada por la Universidad de Oxford como la más fuerte posible: le asignó un 100% en el Índice de Rigurosidad en la Respuesta a la pandemia, el nivel más alto en la región. Ahí la contracción de la industria local fue de 18,3% y entonces en los primeros dos meses de aislamiento llegó a acumular una baja de 32,2%. Un tercio de la producción perdido en un bimestre.

El resto de los países también registró bajas fuertes. Mientras que Perú cayó 27,7% y lidera la tabla de posiciones, Uruguay se desplomó 21,6%. Pero cómo había pegado un salto positivo en marzo, terminó acumulando una caída de “solamente” 15%. El dato de mayo todavía no fue publicado. En Chile la contracción fue de 8,6%. Acumuló una caída de apenas 1,3%. Luego, en mayo, ya rebotó 1,5% y quedó empatada respecto a febrero. Ecuador marcó una baja de 16,4% y acumuló un deterioro importante de 25,1%. Queda pendiente conocer cómo continuó en mayo.

Brasil, por su parte, tuvo una importante contracción de 18,8% y acumuló un negativo de 26,1%. Argentina llegó a un número similar con la recuperación de mayo, que se dio de la mano de la liberación parcial de la cuarentena durante ese mes. Brasil registró una recuperación de 7% en mayo, por lo cual cerró el trimestre marzo-abril-mayo con una baja de 21%.

El debate acerca de si las cuarentenas valen la pena, a la luz de los resultados en términos de actividad económica, fue y es de los más resonantes en los últimos meses. La comparativa entre la actividad económica local, de cuarentena ultra rígida, y la chilena, algo más laxa al principio y luego endurecida en mayo en Santiago, arrojó una baja de 16,4% para el país trasandino y otra más grave de 25,9% para Argentina.

Tal como reflexionó un economista chileno ante la consulta de BAE Negocios, “lo que comprueba el caso chileno es que 'la economía por más abierta y por más cuarentena dinámica y parcial, igual va a caer'. Si está bien hacerla caer menos a costa de vidas, ya que en Chile hay más de 10.400 muertos, producto de esa estrategia, es un debate que vale la pena dar y tiene sentido”.

Tanto en el caso de los contagios y las muertes, como en el de los datos económicos, se trata de partidos a los que todavía les falta el segundo tiempo. La hipótesis que sostiene que las cuarentenas más duras no son más contractivas en términos económicos, postula que un aislamiento laxo puede generar más fallecimientos y, entonces, un "susto" que derive en restricciones mayores. A la vez, la hipótesis que sostiene que las cuarentenas más rígidas no necesariamente previenen más muertes, postula que en el largo plazo la insostenibilidad de estar aislado puede generar hartazgo y relajamiento y por ende los mismos decesos.

Algo así demuestra el caso chileno: si bien por ahora su contracción fue menor, lo cierto es que en Argentina, según las mediciones privadas, ya se registró un rebote en mayo. En Chile continuó cayendo durante ese mes, porque tras la aceleración de las muertes, en lugar de relajar el aislamiento, tuvo que endurecerlo en la capital.

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Mariano Cuparo Ortiz

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