La inflación pegó un fuerte salto en marzo. Fue de 3,3%, lo que implicó una fuerte aceleración contra el 2% de febrero, y sorprendió a la mayoría de los economistas. Como en cualquier variable del último mes, la crisis sanitaria aparece entre las explicaciones más relevantes: además del efecto estacional en los precios de la educación, y las subas en telefonía e internet, las complicaciones de abastecimiento por el efecto de la cuarentena pegaron en el rubro clave, que son los alimentos. Hacia adelante hay incertidumbre acerca de cómo seguirá una dinámica de precios que parecía controlada.

Alimentos fue un rubro que se mantuvo en niveles elevados durante la primera parte del año, incluso en enero y febrero, con el resto de los precios desacelerando. Siendo por lejos el sector con mayor relevancia en el ponderador, en lo que va del 2020 acumuló subas del 11,7%. En marzo volvió a acelerar y marcó incrementos de 3,9%. Bien por encima del promedio.

Ahí jugó el aislamiento obligatorio, que afectó a los canales de abastecimiento de un rubro que fue de los pocos cuya demanda se vio incrementada durante el mes. Un informe de Scentia mostró que el consumo en supermercados subió 16,2%, mientras que en el resto de los rubros hubo desplomes, tal como mostró CAME con su caída de 49% para comercios minoristas.

Lo explicó a BAE Negocios el director socio de Consultora Ledesma, Gabriel Caamaño Gómez: "Alimentos viene en un nivel sostenido por arriba del general de los precios. Aceleró, sí, pero no es nuevo, venía de 2,7% en febrero, no de 2% como el total. Alimentos venía con acuerdos y controles de precios y todos los problemas logísticos se lo llevaron puesto. En el interior se cerraron ciudades, se cortaron rutas, hubo empresas que no funcionaron al 100%; se alargaron los tiempos logísticos. Fue y seguirá siendo un tema. Pero, además de la cuestión de la oferta, también hubo más presión de la demanda".

Los otros rubros que presionaron fueron Educación, que suele pegar en marzo por el inicio de las clases, con una suba de 17,5%; y Comunicación, por los incrementos de las telefonías móvil y fija y de internet, de 8,3%. Además, prendas de vestir y calzado subió 4,2%, lo que también tiene una explicación estacional, por el cambio de temporada. Cabe esperar que en abril muestren desaceleración y presionen a la baja.

Aunque lo que se viene está más relacionado con la incertidumbre, y entre analistas ortodoxos se comienza a discutir la posibilidad de una hiperinflación, de la mano con la emisión monetaria récord de marzo (la base trepó 34%) y su continuidad en abril (se emitieron $157.000 millones en la primera semana, principalmente para abastecer al Tesoro). La suba de los dólares paralelos a $108 le marcan el ritmo a esas preocupaciones.

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