La inversión productiva no mostró señales de tocar piso y cayó al peor nivel de la última década en noviembre. La baja fue de 10,9% en la comparación con el mismo mes del 2018, que para colmo había dejado un piso bajísimo, ya que también había caído con fuerza. De hecho, si se mide contra noviembre del 2017 la contracción es de 33,3%. Un tercio menos de inversión en dos años. Al comparar con octubre del 2019 se observa que, contrario a lo esperado, el deterioro no encuentra piso: cayó 5,3% y llegó al peor nivel desde diciembre del 2009.

Los datos corresponden al Indicador Mensual de la Inversión (IMI), que publica todos los meses el Instituto de Trabajo y Economía de la Fundación Germán Abdala (ITE-FGA). El informe, publicado ayer, sostuvo: "Después del estancamiento de la inversión iniciado a fines del año, a partir de julio volvió a derrumbarse y no encuentra un nuevo piso".

Ese piso parecía haber llegado en septiembre, tras un octubre de leve repunte, luego del bajón generado por la devaluación posterior a las PASO. Algo similar a lo que se observó con el resto de las variables de actividad: así como el Emae del Indec mostró un rebote respecto a septiembre y la industria también, en todos los indicadores se comenzó a percibir cierta estabilización. Todavía no se conoce el dato oficial de actividad económica de noviembre, pero la inversión y la industria volvieron a mostrar caídas importantes en el último mes de Cambiemos (esta semana el Indec publicó una de 3,3% para la producción manufacturera).

Además, el primer indicador de formación bruta de capital fijo diciembre mostró nuevas señales negativas. Se trata del Índice Construya, que releva la venta de insumos para la construcción: si bien mejoró 9,3% respecto al pésimo cierre del 2018, en la comparación libre de factores de estacionalidad con noviembre registró una baja fortísima de 15,3%.

Hacia adelante la expectativa respecto a qué ocurrirá con la inversión productiva es conservadora. El programa oficial mostrado hasta acá implica una cierta redistribución del ingreso por la vía fiscal, lo que implica un impulso al consumo y un límite al ahorro. Para la ortodoxia eso implica menos inversión. Para la heterodoxia, en cambio, más consumo implica más demanda de maquinarias e insumos por parte de las empresas. Como hay alta capacidad instalada en desuso, en realidad la expectativa es que primero se empiecen a usar esas máquinas que hoy están tapadas con lonas. Recién después cabría esperar una mejora en la inversión.

Se descuenta que el 2020 terminará con una caída respecto a 2019, moderada por el efecto del cepo y la baja de la tasa en pesos: como no habrá instrumentos de ahorro, podría haber un repunte en la construcción. Con todo, medida punta a punta, la expectativa sería ver, en diciembre del 2020, una leve mejora contra los niveles publicados ayer por ITE-FGA y Construya.

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Mariano Cuparo Ortiz

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