La llegada de un mayor número de mujeres a cargos electivos en las democracias puede reducir las brechas de género en el trabajo asalariado y en el acceso a la propiedad de diversos activos, a la vez que un entorno donde más mujeres sean el sostén de la familia y posean propiedades puede alentar a un mayor número de ellas a postularse en actos eleccionarios.

Así parecen indicarlo diversas cifras proporcionadas por el Portal de datos sobre género del Banco Mundial, que sugieren una relación causal entre ambas cuestiones que genera un círculo virtuoso de empoderamiento de la mujer.

En un trabajo pubicado en el Blog de Datos de la entidad multilateral titulado "Análisis de los vínculos entre la democracia y el empoderamiento económico de las mujeres", la especialista en desarrollo social de la entidad, Jennifer Solotaroff, señala que las regiones de América Latina y el Caribe, Europa oriental y Europa y Asia central se han situado constantemente entre las tres regiones con la mayor proporción media de parlamentarias. Más aún, la proporción más alta en los últimos años corresponde a América Latina y el Caribe.

Esta información adquiere relevancia dado que un número creciente de investigaciones muestra que entre los funcionarios que ocupan cargos electivos, las mujeres son más proclives que los hombres a impulsar y apoyar políticas que contribuyen a cerrar las brechas de género. De acuerdo con la publicación del Banco Mundial, los países con una mayor proporción de representantes femeninas en el nivel nacional y subnacional de Gobierno cuentan con más leyes que contribuyen a igualar las oportunidades y los beneficios de las mujeres y los hombres, las niñas y los niños tanto en la sociedad en general como a nivel de las actividades económicas.

Entre las diversas iniciativas para mejorar la igualdad de género se incluyen la sanción de leyes orientadas a cerrar las brechas de género en el empoderamiento económico —por ejemplo, en el trabajo asalariado y la propiedad de activos— a través de la protección y el respaldo de la participación de las mujeres en el lugar de trabajo y de sus derechos sobre las propiedades familiares.

Estas nuevas legislaciones contribuyen a corregir la desigualdad de género sistémica que se perpetúa a través de normas sociales patriarcales de larga data, que marcan que los miembros masculinos son el sostén de la familia y generan y controlan los ingresos y los activos del hogar, indica Solotaroff. En este contexto, las mujeres se ven relegadas a la esfera privada del hogar, donde asumen el cuidado de la familia y las responsabilidades domésticas.

El texto indica que el análisis de diversos estudios regionales evidenció la existencia de un vínculo positivo entre la magnitud de la representación femenina en el Parlamento y un avance de las políticas sobre licencia parental y la igualdad de las mujeres en los lugares de trabajo.

No al acoso

Asimismo, de acuerdo con varios indicadores relacionados con el empoderamiento económico extraídos de la base de datos de Mujer, empresa y el derecho de la entidad multilateral, una mayor representación de las mujeres en el poder legislativo tiene una correlación directa con las normas para proteger a las mujeres del acoso sexual en el lugar de trabajo.

Una de las maneras en que los marcos jurídicos pueden promover el trabajo asalariado de las mujeres es protegiéndolas de actos de acoso sexual y otras formas de violencia de género en el lugar de trabajo. La falta de protección contra este tipo de prácticas limita las oportunidades laborales de las mujeres, señala Solotaroff. Agrega que en los sectores donde se registra una alta incidencia de acoso, como la industria textil en Bangladesh, las mujeres, en parte debido a presiones familiares, suelen optar por dejar el trabajo, aunque la industria les ofrece más oportunidades laborales que otros sectores.

Para cada región, una comparación entre la proporción media de escaños parlamentarios ocupados por mujeres en los países que cuentan con legislación contra el acoso sexual en el empleo y en los países que no cuentan con dicha legislación, permite establecer que en un país que aplica la legislación, la proporción media de mujeres parlamentarias es, como mínimo, ligeramente mayor. 

En varios países se establecen recursos legales adicionales contra el acoso sexual en el empleo, que incluyen la imposición de sanciones penales o reparaciones civiles. Con excepción de Asia meridional, la existencia de este tipo de penalizaciones se correlaciona con promedios regionales más altos de escaños parlamentarios ocupados por mujeres. En los países de Asia meridional se registra una brecha entre la existencia de leyes contra el acoso, por una parte, y las medidas adicionales que permiten implementar y aplicar estas leyes, por la otra.

Otro punto interesante tiene que ver con la herencia y la adquisición de propiedades. De los datos surge que en muchos países en desarrollo, los hombres suelen poseer y heredar propiedades y otros activos de alto valor en una proporción mucho mayor que las mujeres, en particular en el caso de las mujeres casadas, dado que la probabilidad de que dejen su casa natal es mayor que en el caso de los hombres.

Señala el texto del Banco Mundial que la herencia patrilineal, una práctica de larga data que garantiza la transmisión por línea paterna de las propiedades familiares, es una característica común de los sistemas patriarcales que consolida la riqueza y el poder en los hombres, por parentesco o por pertenencia a un clan. En los países cuyas leyes se oponen a estas antiguas normas sexistas sobre la propiedad, la proporción de escaños parlamentarios ocupados por mujeres suele ser mayor que en los países que no cuentan con una normativa similar