El director del Banco Nación y dirigente de Unidad Popular, Claudio Lozano, afirmó que existen comportamientos especulativos que presionan por una devaluación brusca, y alertó que de concretarse se puede desatar un "caos social". En ese sentido, dijo que existe "un componente desestabilizador" de sectores extranjeros, como también errores de gestión en el control del comercio exterior y del sistema cambiario de parte del Gobierno.

- ¿Es irreal que un dólar valga $180 en el mercado paralelo?

- Sí, si se analiza la situación de la Argentina. Por un lado, cerró un acuerdo consensuado con los acreedores en materia de reestructuración de deuda. Y por otro, tiene una cuenta comercial y una cuenta corriente superavitarias durante los meses del 2020, y para el conjunto del año estamos con una proyección de saldo comercial positivo que supera los USD17.000 millones. Además, tenemos una evolución del tipo de cambio oficial que va en relación a los precios, por lo tanto tampoco se puede plantear que se encuentra en una situación de atraso cambiario. Así que, en un principio, no se encuentran razones para situaciones de esta naturaleza.

- ¿Y por qué sucede entonces?

- Las razones en realidad parecen por comportamientos especulativos, y me refiero a los fondos de inversión que quedaron atrapados en la Argentina, porque ingresaron con el objetivo de realizar ventas extraordinarias en función de las tasas de interés que Argentina pagaba en la etapa anterior y que en el marco de la crisis cambiaría vivida en el desbarranque de la experiencia Macri, quedaron obviamente sin poder realizar en dólares esa renta. Hay comportamientos especulativos, también, en el marco de cierta reticencia a la liquidación del divisas por parte de los exportadores, que han liquidado unos USD4.000 mil millones menos que los que en todo caso exportaron efectivamente en los primeros ocho meses de este año.

- ¿El clima es netamente financiero?

- Hay también obviamente un componente desestabilizador que se inscribe en la situación que se vive desde que Eduardo Duhalde, el ex presidente, puso en marcha con un conjunto de planteos que tuvieron que ver con hablar del golpe de Estado y de que eventualmente no habría selecciones en la Argentina el año próximo, cuestiones que fueron acompañadas de sugerencias de acuerdos institucionales con el PRO. Luego, todo un comportamiento mediático que sobredimensionó la cuestiones de tomas (de tierras), la seguridad, la crisis policial, y un conjunto de rumores absurdamente infundados sobre el tema de que se iban apropiar los depósitos bancarios. Hay componentes políticos, hay presiones de sectores que están tratando condicionar la liquidación del divisas a la obtención de ciertos proyectos estratégicos, como es el caso de la consolidación de la propuesta del consejo del Consejo Agroindustrial Argentino. Me parece que hay razones que no tienen que ver estrictamente con la situación económica real de la Argentina.

- ¿Hubo errores en la política oficial?

- Las presiones se asientan en algunos errores de gestión. Concretamente, el hecho de no haber cuidado adecuadamente las reservas del Banco Central, y haber permitido, por ejemplo, que grandes grupos empresarios y transnacionales cancelaran deuda privada durante estos ocho meses por valores cercanos a USD7.000 millones, entre capital e interés, cuando en todos los casos, o en la gran mayoría, se trata de empresas que tienen fondos propios, tanto aquí como en el exterior, que tienen capacidad de reestructurar sus deudas, y que, por lo tanto, no debiera haberse permitido una situación de esa naturaleza. De hecho objetivamente no ha sido el dólar ahorro, como tanto como tanto se lo estigmatiza, el problema central en la pérdida de reserva en el Banco Central. El problema de fondo está en los pagos de deuda pública USD3.000 millones; privada, casi USD7.000 millones; y en la lentitud en la liquidaciones de divisas que implica que tengamos USD3.000 o USD4.000 millones menos de lo que podría ya haber ingresado en la Argentina. Así que las razones hay que buscarlas allí y no en que haya justificación en el punto de vista económico.

- ¿Está en marcha un golpe de Estado financiero?

- Sí, estoy convencido que en el marco del proceso se abrió con las declaraciones del expresidente Duhalde, hablando de la eventualidad de un golpe de Estado, hay un correlato con las presiones que se dan en el campo del mercado cambiario. Claramente hay una batalla entre quienes se pretenden posicionarse en mejor medida, en términos de precios, a la recuperación económica futura de la Argentina sobre la base de una devaluación brusca, versus lo que es una estrategia oficial bastante clara, que busca un ordenamiento, que solamente puede darse sobre la base de un tipo de cambio de manera gradual.

- El exministro Hernán Lacunza pronosticó más presión del dólar, ¿qué piensa?

- Está claro que el planteo que hace Lacunza y ciertos sectores del establishment, que promueven un salto cambiario, tendría impacto lamentable sobre la situación de la Argentina. Los datos recientes del INDEC para el segundo trimestre hablan del 47% de la población en situación de pobreza, son 21 millones de personas en esa situación. Y estamos hablando de prácticamente el 56% de los pibes en situación de pobreza; 12,4% en situación de indigencia, casi 6 millones de personas bajo la línea del hambre. Evidentemente un salto cambiario bruto, como el que están propiciando por vía de las presiones y los comportamientos especulativos, tendría un impacto sumamente complicado y generaría un cuadro de deterioro y caos social muy grave.

- ¿Quiénes están detrás de esta maniobra?

- Es un comportamiento por una parte de las elites económicas de la Argentina, que ha dejado mucho que desear durante toda la etapa de la pandemia, (porque) no han colaborado; han resistido a cualquier aporte impositivo mínimamente razonable en el contexto de esta naturaleza; han despedido trabajadores a pesar de la legislación existente; han tenido reticencia a la hora de prestar por parte de los bancos. Ni que hablar del comportamiento de los precios de los alimentos. La elite económica de la Argentina no han estado a la altura de las circunstancias, ni ha demostrado el compromiso efectivo que necesita la sociedad, que precisa de otro tipo de acuerdo.

- ¿Cómo analiza las medidas para revertir la situación?

- El Gobierno tiene que reforzar su base de sustentación política. Necesita ampliar las convocatorias. Hay que pensar las políticas públicas sobre la base de concertarlas, no sólo discutiendo con los factores políticos de siempre, de carácter tradicional. Las referencias no pueden ser siempre el Consejo Agroindustrial Argentino, la Asociación Empresaria Argentina, la UIA, la CGT. Hay otros actores en una Argentina que tiene niveles de heterogeneidad muy grandes, que han tenido desarrollo muy importante en el marco del proceso político de los últimos tiempos. Hay otras experiencias sindicales, movimientos territoriales, el espectro de la pequeña y de la mediana empresa.

- ¿Hubo un análisis erróneo del Gobierno?

- Hay que entender, la coyuntura enseña, que no alcanza con pensar que reestructurando la deuda con los bonistas estaba resuelto el problema. Tampoco hay que tener una expectativa de que si se acuerdo con el Fondo las cosas van a ser maravillosas. Nada le quita importancia a la necesaria regulación precisa, cotidiana, concreta y con mucho rigor por parte del Estado en cuestiones como la administración del comercio exterior, y del mercado cambiario. Que nosotros hayamos tenido en los ocho meses de este año un saldo comercial de USD10.000 millones, pero que en realidad sólo entraron USD6.600, y que en la práctica hayamos dilapidado USD7.000 millones en deuda privada, quiere decir que la gestión en comercio exterior y en materia cambiaria no estuvo a la altura de las circunstancias.

- ¿Qué medidas se deberían tomar?

- Si uno no controla el dólar en la Argentina, sobre la base de una mayor presencia del Estado, en el manejo del comercio exterior y las finanzas, claramente se hace difícil gobernar la economía. No alcanza con decir acuerdo con los bonistas y con el Fondo, sino que necesariamente hay una discusión de intereses para construir una Argentina que tenga la posibilidad de otro patrón productivo, que incorpore e integre al conjunto de la sociedad. Hay un conjunto de decisiones que sólo se resuelve con mayor eficacia y mayor decisión en materia de regulación pública. El caso del mercado cambiario y el comercio exterior son absolutamente centrales.

- ¿El caso Vicentin iba en línea con esa presencia del Estado para regular el comercio exterior?

- Independientemente del caso Vicentin, el Gobierno tiene que dar pasos en dirección a recuperar el papel del Estado en lo que hace a la fiscalización del comercio exterior, y el ingreso y egreso de divisas. Tener debido control para saber exactamente lo que exportamos y no tener que vivir exclusivamente de la declaración jurada de las empresas, con pérdida de divisas como sucede habitualmente. Por eso se necesita una empresa testigo en el comercio exterior. De hecho, cuando el Gobierno decidió desistir en el tema Vicentin se planteo la posibilidad de reformatear la estrategia de YPF Agro para dar vida a una empresa de esa naturaleza en el comercio exterior. Ese objetivo debiera seguir en carpeta y concretarse. Lo que está pasando en materia de divisas y dólar hoy no le quita relevancia en ese punto.

- ¿Se mantienen las sospechas sobre Vicentin?

- En el caso Vicentin en particular hubo un déficit a la hora de tomar una decisión de expropiar que era absolutamente atinada, porque es un grupo empresario que ha realizado una estafa sobre 1.800 productores, 93 cooperativas agropecuarias, buena parte de la banca pública y demás, que se hizo en la base de un vaciamiento que implicó desdoblar el grupo empresario, instalando la cabeza del holding en Uruguay, con la que está prácticamente articulada parte de su estructura empresarial; mientras que en Vicentin Argentina se acumuló es un conjunto creciente de deudas. Incluso por detrás hay una maniobra para un proceso de extranjerización y mayor concentración del comercio de granos, porque tal cual camina la estrategia bastante clara que diseña Vicentin es que en el punto de anclaje con otros sectores del comercio exterior, como el caso del grupo suizo Glencore que implica que gran parte de los activos de Vicentin pase a manos de esto. Así que la amenaza de extranjerización es muy fuerte.

- ¿Cómo está la situación en la actualidad?

- El menor control aún de la oferta de divisas en la Argentina está presente. De hecho hay un concurso de acreedores que está funcionando absolutamente irregular, con un juez que apaña la irregularidades de la empresa, como el hecho de que este concurso se puso en marcha sin siquiera la presentación del balance del 2019, y que continúa hoy con un balance presentado absolutamente trucho y que enmascara el vaciamiento, y claramente hay un conjunto de maniobra con bancos del exterior en dirección a un proceso de extranjerización. Si no se da algún tipo de intervención, con la connivencia del Juzgado de Reconquista se está preparando el camino en esa dirección.

- ¿El Gobierno actuó bien en el caso Vicentin?

- Cuando el Gobierno tomó la decisión, atinada, no puso sobre la mesa toda la información que debió haber tenido la comunidad para acompañar esa decisión. Creo que hubo mucha gente que no tenía la menor idea de la situación de Vicentin, y se planteó la propiedad privada o la violación de la seguridad jurídica cuando el primero que violentó ambos principios fue el grupo Vicentin. También se habló que se daban señales negativas al exterior cuando el principal acreedor extranjero es el Banco Mundial, que además encara una investigación por una denuncia penal por estafa sabiendo el manejo delincuencial de este grupo. Lamentablemente no se tomó la decisión creando las condiciones políticas y de consenso social como para llevar adelante un objetivo tan importante. Y creo que lo que está pasando en el mercado cambiario vuelve a ratificar que, más allá de Vicentin, una empresa testigo en el comercio exterior y un papel del Estado con mayor capacidad de control siguen siendo absolutamente indispensables.

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Ariel Maciel

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