Un sondeo privado realizado en diversos barrios porteños demostró que la cuarentena por el coronavirus (Covid-19) provocó una fuerte distorsión de precios entre productos de consumo popular, como en la pizza, las facturas o el pan.

La pizza, por ejemplo, registró diferencias de hasta 215% entre la más cara y la más barata. La pizza más cara de la Ciudad de Buenos Aires se consigue en Recoleta a 660 pesos y la más barata a 210 pesos en Parque Patricios, con una diferencia de costo de 214,28 por ciento.

El trabajo determinó que el precio promedio de una pizza grande de muzzarella (8 porciones) es 445,75 pesos, tanto por delivery directo como en la modalidad take away, que son las únicas permitidas por el Gobierno porteño.

En el caso de la docena de facturas, la variación es de hasta 50%. El precio promedio es de 291,25 pesos en un rubro donde el valor tope de 360 pesos en Saavedra y los 240 de un local en Belgrano.

En cuanto al pan pudo verificarse que el fuerte control que ejercen las cámaras del ramo achatan las diferencias a sólo un 25 por ciento, ya que el kilo de pan francés más caro se encontró a 160 pesos (tope para muchos locales distribuidos en todos los barrios) y el más barato a 120 en Coghlan.

"Otros años las franquicias del rubro tiraban para abajo el precio de la factura, pero en esta oportunidad se comprobó que están casi en el mismo precio que el resto de la mayoría de confiterías y panaderías", señala el estudio.

Los datos surgen de un relevamiento realizado en más de 100 locales a la calle de una docena de barrios de la ciudad de Buenos Aires, que permitió comprobar que la diferencia de valores en plena etapa de aislamiento se hizo más visible en alguno de los rubros más consumidos por los porteños.

Los barrios incluidos en la muestra fueron Boedo, Parque Patricios, Devoto, Caballito, San Nicolás, Palermo, Belgrano, Núñez, Saavedra, Coglhan, Villa Urquiza y Recoleta.

La muestra fue efectuada vía web y telefónica, entre el 24 y el 27 de mayo por el Centro de Estudios Nuevo Milenio, y no se tomaron en cuenta los precios ofrecidos en las diversas aplicaciones ya que presentaban diferencias o suplementos por la modalidad de envío.

"Como no se puede salir a la calle a hacer el trabajo de campo nos tomamos la tarea de relevar a través de redes sociales, páginas de internet y llamados telefónicos los valores de nuestra tradicional encuesta", explicó Daniel Amoroso, director Ejecutivo del Centro de Estudios Nuevo Milenio.

Aclaró que el relevamiento se efectuó "de forma directa con los comercios y no a través de las aplicaciones de reparto porque encontramos diferencias importantes, no sólo en el recargo que aplican sino también hay bastante distorsión entre lo que los negocios cobran en forma directa con respecto al cliente que llama por reparto".