Pese a que la tasa de interés pierde por bastante contra la inflación desde octubre, los plazos fijos volvieron a crecer durante marzo. Lo hicieron a un ritmo de 4,7% nominal, lo que, frente a una inflación de 3,7% tal como la estimada para el mes por los consultores y banqueros de la city que participaron del último REM, implica una mejora en términos reales de 1%. El cepo, la estabilidad cambiaria y el tempo decreciente del crawling peg son claves para este fenómeno.

Cabe destacar que los plazos fijos ya habían crecido 4,8% nominal durante febrero, lo que implicó una suba real de 1,1% durante ese mes, al tener en cuenta un IPC de 3,6%. Y además en enero habían pegado un fuerte salto: con una mejora nominal de 8,5%, frente a una inflación de 4%, se habían anotado una mejora de 4,3% real. En lo que va del año, los depósitos en pesos hilaron tres meses consecutivos de crecimiento.

La tasa de política monetaria y las de los plazos fijos permanecen quietas desde mediados de noviembre, cuando el BCRA decidió pisar el freno, dejar de acompañar a la dinámica inflacionaria en torno al 4% e intentar evitar ingresar en una espiralización nominal. Lograr evitar el círculo vicioso de precios al consumidor, dólar y tasa de interés persiguiéndose la cola en forma permanente.

Aun así, de la mano de la pax cambiaria y de las restricciones para la salida a dólares de los ahorristas, el 3% y el 3,2% mensual que ofrecen los plazos fijos y la tasa de las Leliq vienen alcanzando para que bancos y depositantes permanezcan en pesos.

Desde la consultora LCG destacaron al respecto: “Con tantas restricciones sobre el mercado de cambios, los pesos permanecen cautivos en el sistema. Y aunque la tasa de interés no compense la inflación, ni se mueva en la dirección de esta, por el momento el BCRA no tiene problemas en esterilizar”.

En ese sentido, cabe destacar que mientras la tasa de plazos fijo ofrece 3% mensual desde noviembre, la inflación fue de 3,2% durante ese mes, de 4% en diciembre y enero, de 3,6% en febrero y se espera una de 3,7% para marzo, según el promedio de las respuestas del último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), que realiza todos los meses el BCRA.

La cosa cambia si se compara contra la dinámica cambiaria oficial, más allá de las restricciones que hacen tan dificultoso el acceso al dólar que la fuga dio negativa en el primer bimestre (hubo ingreso de divisas neto en la ventanilla del atesoramiento). El crawling peg viene bajando el ritmo, en la otra pata del plan del Banco Central para ponerle un freno a la espiralización nominal que la economía estaba protagonizando al cierre del 2020.

De hecho la devaluación fue de 2,8% durante febrero y de 2,4% durante marzo, ya dejando bien atrás los niveles por encima de 3% que se venían verificando. Y empezando a buscar la senda de depreciación mensual acorde con la meta de 25% de suba del precio del dólar a lo largo del 2021, con la cual el BCRA pretende una inflación de 29%, a priori casi imposible de lograr a juzgar por el nivel acelerado con el que arrancó el primer trimestre.

En marzo los plazos fijos continuaron con su crecimiento. En el promedio de los primeros 26 días del mes (19 días hábiles, casi idéntica cantidad que en la totalidad del mes previo), el stock estuvo en 2.552.470 millones de pesos. Eso implicó una suba de 4,7% nominal respecto a los 2.436.960 millones de febrero. Con una inflación de 3,7%, tal la esperada por el consenso de la city, se trataría de una mejora de 1% real, pese a la tasa de interés negativa.

Por su parte, los plazos fijos UVA continuaron con su suba a ritmo acelerado, aunque en niveles de stock todavía muy pequeños, por un lado porque se trata de un instrumento relativamente nuevo, y por otro porque están mucho menos difundidos por parte de los bancos. Los 96.821 millones de pesos en el promedio mensual estuvieron 25,1% nominal por encima de los 77.025 millones de febrero. En términos reales, se trata de una mejora de 21,2%.

Los préstamos sufrieron una dura caída en marzo

Los que no tuvieron similar desempeño durante marzo fueron los préstamos. Ni los productivos ni los destinados al consumo, vía tarjetas de crédito. Los primeros cayeron incluso en términos nominales, con una merma de 1,4%. Eso implicó un bajón real muy fuerte de 4,9%, al agregarle la inflación al cálculo. Las tarjetas, por su parte, crecieron 2,7% nominal, pero cayeron 1% real frente a la inflación proyectada para el mes.

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Mariano Cuparo Ortiz

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