La inversión sigue recuperando posiciones y volvió a crecer 6% en marzo, en comparación con los niveles de febrero. El salto interanual fue muy fuerte, por supuesto, porque compara con el primer mes de la cuarentena en su versión más dura; se trató de un salto de 89,6% del que se pueden extraer pocas conclusiones. Sin embargo, la mejora mensual da cuenta de un fenómeno que se observa hace varios meses: la inversión crece a una velocidad superior a la del consumo. Y la causa es que los ingresos de las empresas tienen mejor desempeño que los de los trabajadores.

El Instituto de Trabajo y Economía de la Fundación Germán Abdala (ITE-FGA) publicó su Indicador Mensual de la Inversión (IMI) de marzo. La mejora mensual desestacionalizada fue de 6%. El índice alcanzó su punto más alto desde agosto del 2018. La debacle había empezado un poco antes, en abril de ese año, justo antes de que se iniciara la cadena de devaluaciones con las que Cambiemos cerró su mandato, por lo que todavía queda un camino de recuperación por delante.

De hecho, en comparación con marzo del 2018, la inversión todavía opera 12,9% por debajo. Pero eso sí: el rebote permitió dejar atrás todo el desplome generado por la pandemia y por el último año de recesión del gobierno de Cambiemos. Entre el momento en el que tocó piso, en abril del 2020, y marzo del 2021, el repunte fue de 216,4%. Una recuperación que se viene dando a una velocidad extraordinaria.

La inversión es un factor clave de la demanda agregada. Viene reactivándose a una velocidad bastante superior a la del consumo, de la mano de las refacciones y puestas en mantenimiento, y esa dinámica es bastante celebrada desde el Gobierno, porque permite augurar mejores tasas de crecimiento en el futuro. Pero el fenómeno encuentra explicación en un problema que parcialmente es distributivo. Y que se funda, a la vez parcialmente, en las diferentes capacidades institucionales de las empresas y los trabajadores para imponer sus precios.

Lo explicó el profesor de la Universidad Carlos III de Madrid e Investigador del IIEP-BAIRES, Damián Pierri: “Digamos que los empresarios están defendiendo mejor su ingreso contra la inflación que los trabajadores y eso impacta en la riqueza vis a vis los salarios. No hay tejido institucional comparable, la capacidad de mover la cosa es completamente distinta. Los ingresos de los gremios, por afiliados, mutual y obras sociales, dependen de la cantidad de cápitas. Lo que termina pasando es que la paritaria termina siendo negociada a cambio del empleo, eso opera como un ancla y hace que el salario se retrase. No es el caso de las rentas, que estan asociadas a la tierra, y de los beneficios, a las ganancias de las empresas, que son las que tienen capacidad de mover los precios”.

Para que la inversión crezca, primero las empresas tienen que ganar dinero. En este caso, al comparar masa salarial con excedente de explotación de las empresas, tal como observó Pierri, se observa que el ajuste del salario en los últimos años llevó al consumo a caer más y recuperarse más lento que el resto de los factores de la demanda que traccionan al PBI, como la inversión.

Damián Pierri

Pierri agregó: “Los otros componentes de la demanda se ven impulsados por la riqueza de la economía, también relacionada con otros componentes de la generación del ingreso como los beneficios y las rentas. El magro desempeño del empleo, entre otras cosas, castiga a los salarios. Esto afecta al comportamiento relativo del consumo. Las exportaciones y la inversión, máxime después del pico observado en el último trimestre del 2020, dependen más de otras medidas de ingreso, las cuales también se estacionan en pesos debido al cepo. Los componentes de la demanda más vinculados a rentas y beneficios tuvieron mejor suerte, lo que se refleja en los niveles de los saldos reales contra los salarios reales. Eso porque tienen mejores herramientas para ajustar sus remuneraciones en contextos inflacionarios”.

En ese sentido, los datos del Indec muestran que en el último año, y particularmente en el segundo semestre, la participación de los salarios cayó, mientras que los ingresos empresarios crecieron. Mientras que los asalariados se embolsaban el 46,3% del valor agregado en el cierre del 2019, pasaron a quedarse con apenas el 45,5% en el último trimestre del 2020. El excedente de explotación empresario, en cambio, pasó del 42,5% al 45,2%. De la mano de las subas en los precios de sus productos, pasaron a captar más proporción del ingreso. Esa dinámica no es nueva. Los asalariados se quedaban con el 52,6% del PBI en el cierre del 2017 y los empresarios con el 37,7%.

Damián Pierri. Precios Básicos del Productor vs. salarios

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